Represión y Tecnocracia

Represión y Tecnocracia: el gobierno de Piñera

 

1. Tecnócratas

El correlato político de la victoria de la ciencia y la tecnología sobre los otros saberes y facultades en el mundo moderno, es el asenso de la tecnocracia, es decir la legitimización de un poder político por su alto grado de formación científico-técnica, afirmándose en una supuesta objetividad y neutralidad respecto a las clases, es decir, se presenta fuera de toda ideología. La tecnocracia, el gobierno de los que “saben”,  se ha hecho un lugar a un lado de la burocracia, el gobierno de la administración, y junto a los políticos burgueses forman el abanico del poder del Estado capitalista.

Como todas las fuerzas que confluyen en la dominación de clase de la burguesía, la tecnocracia se caracteriza por imponer una lógica particular (de la eficiencia) y una ideología (neoconservador, neoliberal) como las únicas y la mejor de las posibles en este mundo. Por sus características fundantes está el obedecer a una fuerza “superior”; otrora religión, ahora ciencia. Esto implica dos cosas. i) La ciencia, lejos de ser productora “independiente” de información y conocimiento, está sometida y en última instancia depende, como toda forma ideológica, a la lucha de clases. En este sentido se forma y legitima exclusivamente una forma de ciencia, al servicio de la burguesía, con parámetros ad-hoc a su dominación de clase. La formación de los tecnócratas, en su mayoría, es dada por la economía neoliberal, con diversos matices, y como ya declarara Marx en 1867 sobre la economía “…levanta contra ella las pasiones más violentas, más mezquinas y más repugnantes que anidan en el pecho humano: las furias del interés privado.” (El Capital, p.XV). En tanto exista lucha de clases  la ciencia siempre tenderá a tomar partido, y por lo tanto la investigación no es libre sino ideológica. ii) La voluntad popular, la decisión de quienes afectan e involucran las políticas no sólo no son escuchadas, sino calladas y enmudecidas. Cualquier forma de información a la población queda mitificada, y la consulta ciudadana queda rezagada en aras de una eficiencia puramente económica y numérica.

La tecnocracia devela así su real naturaleza. Los grupos de intelectuales, como señala Gramsci, por muy objetivos y neutrales que se presenten, son en realidad producto y articulador de las clases sociales que pertenecen. La tecnocracia en el poder, es la intelectualidad burguesa en pos de su dominio de clase.

2. Tecnocracia en Chile: Dictadura, Concertación y Alianza

Los Estados siempre han necesitado grupos de intelectuales para ejercer su función, como órgano de dominación de clase. Sin embargo, el real ascenso de la tecnocracia en Chile se realizó en Dictadura con los llamados Chicago Boys, grupo de economistas provenientes de la Universidad Católica enviados a realizar postgrados en Chicago. La dictadura, armada con enormes aparatos represivos organizados en centros de inteligencia, policiacos y militares, se les sumó las fórmulas mágicas del libre mercado. De este grupo inicial surgieron gran parte de la intelectualidad tecnocrática de la derecha, que se cristalizó en la constitución de 1981, la ley del trabajo y todas las reformas tendientes a “modernizar la economía y el Estado”, es decir, quitándole poder económico al Estado (vendiendo las empresas estatales, des-nacionalizando el cobre, etc.), dejándolo como salvavidas de una economía capitalista sustentada por una burguesía incapaz de formar un proyecto económico de desarrollo nacional; estas reformas no se pudieron realizar sino a costa de represión, extirpación de los derechos ciudadanos y laborales, y una constitución que ata a las dos facciones de la burguesía al poder.

Con la llegada de la concertación, lejos de disolver la herencia militar y traicionando al movimiento popular que la llevó al poder, se limitó a administrarla y perfeccionarla. La tecnocracia por su parte nunca abandonó el Estado, se limitó a diversificar un tanto sus fuentes intelectuales manteniendo el proyecto político e ideológico de la dictadura, ahora en democracia. Proliferan los centros de estudios, think-thanks y fundaciones: apoyando ya sea directamente el gobierno o la oposición: Libertad y desarrollo, CEP y Expansiva, que suministraron durante todos los gobiernos tanto ideas y proyectos como intelectuales concretos que se suman al gobierno concertacionista.

La tecnocracia ha sido uno de los elementos de continuidad entre la dictadura-concertación y ahora Alianza: Nacida en dictadura, y precursor de la actual dictadura-democrática; ve su pleno desarrollo, al momento que el pueblo estalla y demanda democracia verdadera por sobre los mandatos jerárquicos  que promulgan los tecnócratas; la participación popular por sobre la desinformación y exclusión.

El gobierno de la Alianza se presentaba como “el gobierno de la excelencia”, es decir, de los más instruidos, los tecnócratas. Sin embargo, el modo de enfrentar las crisis políticas del gobierno se basan, primero en represión, y el perfeccionamiento de su aparato ha sido una constante en su gobierno. Luego de la paliza vienen las propuestas tecnocráticas, que dividen al pueblo entre los que desean la normalidad con una solución parcial, y los que siguen en lucha. Lejos de atacar los verdaderos problemas, cuya solución exige el diálogo ciudadano organizado en organizaciones de base, el gobierno en sus ministros proponen tal o cual aumento de presupuesto: inconsistencia y anti-diálogo característico del gobierno sordo a la voz del pueblo. Dos ejemplos: los conflictos territoriales de Punta Arenas y Aysén, que levantados en ejemplar lucha y organización, en asambleas ciudadanas y de base, avanzaron hacia el paro regional en su lucha por sus demandas. Rápidamente el presidente cambió de ministro, y viró hacia una figura que diera rápidamente una solución técnica, presentando a Golborne, que junto a la brutal represión, se llegó a un acuerdo con el incremento de  dineros y promesas tecnócratas.

La luchas estudiantiles del 2011, que hoy ve su segundo aliento en manos de secundarios, también enfrenta el modo tecnocrático de solución de problemas que promueve la derecha. Lavín (UDI), original en la cartera, salió para dar paso a Bulnes (RN); en sus fracasos se dio paso a un científico del tema, el ministro Beyer (Independiente, vinculado al CEP). Sin embargo ni el aumento de la represión policial, ni la disposición de los recursos que lograron e grupo de tecnócratas pueden acallar el movimiento, que más que buscar migajas y mejoras parciales, lucha por un modo distinto de gobierno, uno que niegue la jerarquía y desinformación sustentado por su aparataje tecno-burocrático; proponiendo la auto-organización del pueblo, a manos de sus organizaciones de base, sustento del poder popular.

3. De la represión tecnocrática a la autogestión popular

El gobierno con un conocimiento perfecto e irrefutable, las políticas eficientes generadas desde un cubículo  por personas extrañas a la realidad social que afectan, la creencia de que un cálculo preciso vale más que la opinión y decisión popular es un mito que sustenta la tecnocracia en la perpetuación del poder burgués y que es necesario abolir. La verdad de la tecnocracia es siempre impuesta luego de reprimir a la ciudadanía: luego de lacrimógena, lumas y guanacos vienen las propuestas técnicas; es que el gobierno negocia luego de apalear.

A la falsa neutralidad respecto a la lucha de clases se debe avanzar en un conocimiento generado participativamente, en comunidad y desde la organización popular. Al autoritarismo de las decisiones que sustenta la organización jerárquica, se debe combatir con organización consiente del pueblo con verdadera democracia de base. A las soluciones facilistas  que promueve la tecnocracia se debe avanzar y agudizar la lucha, con la convicción de que no sólo es por un presupuesto, ley o circunstancia se combate, sino que la lucha es de todos y la verdad se construye en la lucha.

Boris. Septiembre del 2012.


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