Consideraciones en torno a la batalla mediática en América Latina

Consideraciones en torno a la batalla mediática en América Latina
En las ciudades de La Paz y Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, los días 27 y 28 de septiembre del corriente año tuvo lugar un seminario internacional para discutir el tema objeto de la presente nota. El evento reunió a un conjunto de analistas bolivianos e internacionales y también a dirigentes y militantes de los movimientos sociales de ese país para analizar una de las armas más virulentas de la contraofensiva lanzada por el imperio: la batalla mediática. Contó con la presencia de intelectuales bolivianos como Emilio Rodas, Hugo Moldiz y Katu Arkonada, y Gisela López, Ministra de Comunicación del Estado Plurinacional de Bolivia, en representación del gobierno boliviano. A estos se sumaron Randy Alonso Falcón (Cubadebate), Luis Hernández Navarro (La Jornada, México y TeleSUR), Érika Ortega Sanoja (corresponsal de RT en Venezuela), Otavio Antunes (Fundación Perseu Abramo de Brasil), Carlos Antonio Lozada (prensa FARC, Colombia), Juan Manuel Karg (Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad), Luis Bruschtein (Página/12) y el autor de esta nota.Imposible reseñar la variedad de asuntos tratados a lo largo de dos días de intensos debates, estimulados además por sendas reuniones con el presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera. No obstante, a la hora de señalar las principales conclusiones de este evento hubo un amplio consenso acerca de los graves riesgos que la intensificación de la contraofensiva imperialista -con su tropa de asalto mediática a la cabeza- entraña para la viabilidad misma de la democracia y la autodeterminación nacional en América Latina y el Caribe. El objetivo del desenfreno de Washington es inocultable: “restaurar las condiciones vigentes en esta región en vísperas del triunfo de la Revolución Cubana” como reza el documento final firmado por los participantes del encuentro. [1]

Instrumentos de esta iniciativa son las continuas presiones desestabilizadoras –a veces francamente destituyentes- que el gobierno de Estados Unidos ha venido ejerciendo en estos años con alevosía y perversidad en comunión con sus clientes locales. Blanco preferido de la agresión ha sido la Venezuela bolivariana, pero esta política también se ha aplicado, de modo apenas más disimulado, sobre todos los gobiernos progresistas del continente sin excepción. El reciente endurecimiento del bloqueo a Cuba impulsado por Donald Trump reitera la vigencia de esta pertinaz ofensiva contra la isla rebelde. Otras herramientas de esta estrategia son los mal llamados “golpes blandos” en donde una pandilla de jueces, legisladores y medios de comunicación derrocan “legalmente” y sin apelar a la intervención de las fuerzas armadas a gobiernos desafectos: Honduras en 2009, Paraguay en 2012 y Brasil en 2016 son otros tantos hitos de esta siniestra política, aparte de las tentativas fracasadas en Bolivia en 2008 y Ecuador en 2010. El asalto al poder de la derecha en Brasil en 2016 fue ejecutado por una cuadrilla de corruptos y mafiosos orquestados casualmente por la embajadora estadounidense Liliana Ayalde, la misma que dirigió el “golpe express” en contra de Fernando Lugo en Paraguay en 2012 (resuelto en menos de 24 horas) y que hoy se desempeña como jefa civil del Comando Sur. La involución democrática que padece la Argentina actual bajo el gobierno de Mauricio Macri y la intensificación de la presencia militar estadounidense en el área son otras tantas dimensiones de la guerra de reconquista lanzada por Washington con la ilusión de cerrar el desafiante paréntesis abierto con el triunfo de la Revolución Cubana el 1º de Enero de 1959.

El detenido examen de las distintas experiencias nacionales realizado en el seminario reveló que en fechas recientes la manipulación mediática y la absoluta irresponsabilidad de los medios de comunicación hegemónicos alcanzaron niveles sin precedentes en la región. De hecho, los grandes oligopolios multimedios que pululan en Nuestra América culminaron su inmoral tránsito desde el periodismo a la propaganda, abandonando la misión de ofrecer información verídica y objetiva para asumir, en cambio, el rol de agentes organizativos de los “partidos del orden”. Por lo tanto es inexacto referirse a ellos como “órganos periodísticos” porque han sufrido una mutación genética que los ha convertido en vergonzantes oficinas de propaganda de la derecha vernácula y sus amos estadounidenses. Conscientes de la verdadera estafa que esto implica para la opinión pública insisten en autodenominarse como “periodismo independiente”, aunque hacen cualquier cosa menos actuar como periodistas y honrar el derecho a la información. En su abominable involución su tarea ahora es atrofiar y adormecer la conciencia de la ciudadanía, idiotizarla con burdos programas de “entretenimiento” o transmisiones deportivas y descargar sobre el público un torrente de noticias maliciosamente tergiversadas y eternamente descontextualizadas y que se presentan como si fueran la obra de un “periodismo independiente, serio, objetivo, respetable”. Sin embargo lo que hacen estos medios es difundir una propaganda destinada a mantener a la población en la pasividad, sometida y obediente a los mandatos de sus dominadores y ahondar su despolitización para que la política termine siendo un monopolio de las clases dominantes.

Sin embargo, la degradación intelectual y moral de las masas es sólo una parte de la misión de estos grandes medios pseudoperiodísticos. Ante la debilidad de las fuerzas políticas de la derecha estos asumen las funciones propias de un partido del orden, tal como Antonio Gramsci lo advirtiera en sus clásicos estudios sobre el Risorgimento italiano. Y en línea con esa nueva función política fijan los lineamientos fundamentales que la derecha deberá llevar a la práctica en materia de política y economía doméstica así como el alineamiento internacional (es decir, sometimiento total a los dictados de Washington) que las fuerzas restauradoras deberán seguir para erradicar la plaga izquierdista, progresista o populista según los casos que se ha apoderado de América Latina y el Caribe. Su tarea incluye también la elaboración de la agenda concreta de trabajo de las organizaciones políticas de la derecha regional; el entrenamiento de sus cuadros y militantes; la fabricación y promoción publicitaria de sus candidatos y, por último, a través de sus imponentes aparatos comunicacionales, la manipulación de la opinión pública para que aquellos prevalezcan en las elecciones.

En este escandaloso escenario, líderes y gobiernos populares son víctimas de permanentes campañas de calumnias y difamaciones tendientes a satanizar a sus principales dirigentes, agigantar los problemas que enfrentan en sus países a la vez que ocultar cuidadosamente la tragedia que aflige a otros. Así, las mortales amenazas a la libertad de expresión se encuentran en Venezuela, no en México, en donde once periodistas fueron asesinados en lo que va del año y más de un centenar desde principios de siglo. Para esas agencias de propaganda Nicolás Maduro es sin duda alguna un contumaz dictador, y Michel Temer, el mafioso que usurpó la presidencia de Brasil, un prudente estadista. Las víctimas fatales de las “guarimbas venezolanas” de este año son una prueba escandalosa del despotismo del “régimen”, y fueron noticia en primera plana, día a día durante más de cuatro meses; pero los 120.000 que murieron en México en la fútil “guerra contra el narcotráfico” fueron invisibilizados al igual que los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Del mismo modo, esa prensa que no ahorra adjetivos para descalificar a los gobiernos progresistas nada dice sobre los más de veinte líderes de las FARC-EP asesinados en los últimos meses en el marco del actual “proceso de paz” de Colombia, para ni hablar de los casi doscientos militantes de base asesinados en el último año y medio y los siete millones de desplazados por el paramilitarismo y el narcotráfico. En la Argentina los medios hegemónicos apelan a miles de argucias y falsedades para ocultar que un joven ciudadano, Santiago Maldonado, fue aprehendido por la Gendarmería y desde entonces está desaparecido; o que hay una parlamentaria del Mercosur y líder de un importante movimiento social, Milagro Sala, que hace casi dos años está en prisión sin haber sido condenada por ningún delito. Casos como estos que hemos reseñado se multiplican a lo largo y a lo ancho de toda la geografía latinoamericana y caribeña pero estos trágicos acontecimientos no llegan a ser noticias porque la misión de los grandes medios es precisamente impedir que esto se sepa, o si tal cosa es imposible hacer todo lo posible para minimizar su visibilidad o inventar alguna que otra noticia espectacular que distraiga la atención de la ciudadanía y se olvide del otro tema. ¡Imagínense cual habría sido la reacción de esos medios de propaganda si el gobierno de Nicolás Maduro hubiera enviado a la Guardia Nacional Bolivariana a secuestrar las urnas del ilegal referendo convocado por la MUD el pasado 16 de julio y hubiera maltratado y golpeado a casi un millar de votantes como este domingo 1º de octubre lo hizo el gobierno de Mariano Rajoy durante la realización del referendo en Catalunya! La noticia habría sido primera plana mundial durante días y días, y los escribas de la derecha habrían literalmente incendiado el continente con las denuncias en contra de tan brutal atropello a lo que ellos mismos conciben como la esencia de la democracia. No ocurrirá lo mismo con las tropelías perpetradas por el gobierno de Rajoy; nadie dirá, como lo hacen con incurable estulticia de Maduro, que “Rajoy es un dictador.” Esas agencias de propaganda del imperio y la derecha protegen a sus mandaderos, hicieran lo que hicieren.

En suma, la historia corrigió a Karl Marx y ahora los medios -no de comunicación sino de “in-comunicación” y desinformación, o al decir de Noam Chomsky, medios de “confusión de masas”- han reemplazado a la religión para convertirse en “el opio de los pueblos”. Esta involutiva mutación fue precozmente reconocida por Gilbert K. Chesterton en 1917 al decir que los medios “son por su misma naturaleza, los juguetes de unos pocos hombres ricos. El capitalista y el editor son los nuevos tiranos que se han apoderado del mundo. Ya no hace falta que nadie se oponga a la censura de la prensa. No necesitamos una censura para la prensa. La prensa misma es la censura. Los periódicos comenzaron a existir para decir la verdad y hoy existen para impedir que la verdad se diga.” Sus palabras son una vibrante radiografía de la situación de la escena mediática en el mundo de hoy. Sin quitar o poner una coma retratan la situación de los medios en Latinoamérica.

La estrategia concertada de los grandes conglomerados de la comunicación -coordinada desde Estados Unidos por ejemplo a través del Grupo de Diarios de América, con sede en Miami- impone una asfixiante uniformidad de temas, noticias y opiniones en todos los países del área. El GDA dice lo que hay que informar y lo que no debe ser informado. Dice también qué es lo que hay que opinar, quiénes deben hacerlo y cómo. Basta con recorrer las páginas de los principales periódicos de la región o los programas televisivos con mayor audiencia para comprobar, por ejemplo, que hace mucho tiempo la principal noticia procedente del exterior (cuando no la única) es, invariablemente, Venezuela. Para la canalla mediática un mundo tan convulsionado como el actual tiene un solo punto de referencia, y es lo que ocurre en la tierra de Bolívar y Chávez. ¿Hay riesgo de una guerra termonuclear en la península norcoreana? ¿Que la OTAN desplegó sobre la frontera rusa el mayor contingente de fuerzas militares desde la Segunda Guerra Mundial? ¿Siria es desangrada por unos terroristas creados por Occidente? ¿El jihadismo aterroriza a Europa y amenaza con expandirse por todo el mundo? ¿El presidente de Estados Unidos, que controla el mayor arsenal nuclear del planeta, es caracterizado por la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos como una personalidad emocionalmente inestable e inepta para desempeñar un cargo de tanta trascendencia? ¿Miles de muertos en Yemen por la agresión de una alianza formada por Saudiarabia, Israel y las potencias occidentales? Nada.Todas estas cosas son nimiedades. La noticia es Venezuela; las secciones “internacionales” de la prensa latinoamericana sólo hablan de ese país, como si no existiera ningún otro en el mundo. Puede haber alguna que otra ocasional referencia a noticias del ámbito internacional, pero “la noticia” del exterior, la que precipitará un aluvión de editoriales y notas de opinión será siempre la situación venezolana. Decíamos que esto no es casual, sino que obedece a una estrategia consciente y de alcance regional. Por eso quienes hemos participado en el seminario exhortamos a los gobiernos y los movimientos sociales y las fuerzas políticas progresistas latinoamericanas y caribeñas a dar pasos hacia la conformación de una vasta red de alcance continental capaz de enfrentarse a las mentiras, tergiversaciones y manipulaciones de las oligarquías mediáticas neocoloniales de la región. Existen en Latinoamérica valiosas expresiones de un periodismo fiel a su misión de informar con objetividad. Pero, hasta ahora, se trata de iniciativas aisladas que será necesario integrar y coordinar para desarrollar una estrategia común capaz de enfrentarse al poderío de las oligarquías mediáticas que abruman a nuestros pueblos. Como recomendaba Martí, “plan contra plan”. Si el de ellos es una coordinación continental de mentiras y calumnias el nuestro debe serlo para hacer que la verdad aparezca con todas sus luces.

El seminario concluyó manifestando su apoyo a la propuesta de los movimientos sociales de Bolivia de respaldar la repostulación del presidente Evo Morales Ayma a un nuevo mandato, denunciando además el escandaloso doble rasero del “periodismo independiente” que saludó el reciente triunfo de la Canciller alemana Angela Merkel para iniciar un cuarto turno de gobierno mientras que agravia y condena sin atenuantes al presidente Evo por tratar de hacer lo mismo en Bolivia. En un caso se trata de la capitalización de la experiencia adquirida por largos años de gobierno y la maduración que éstos le otorgan a una estadista como la Merkel. En el otro, expresión de una turbia aspiración a eternizarse en el poder y destruir la democracia destruyendo el crucial principio de la alternancia en el poder. Los participantes del evento manifestaron asimismo su beneplácito ante la iniciativa de declarar el 9 de Agosto “como el “Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses contra la Humanidad”, conmemorando la fecha en la que Estados Unidos arrojó su bomba atómica sobre la indefensa ciudad de Nagasaki y se comprometieron a promover su lanzamiento oficial el año próximo. Son crímenes que ponen en jaque la supervivencia misma de la especie humana y ante los cuales la indiferencia se convierte en complicidad. En síntesis: este magnífico seminario permitió refinar el diagnóstico sobre la escena mediática en América Latina y el Caribe, aquilatar los perniciosos efectos del creciente control de la información y los medios de comunicación en manos de oligarquías neocoloniales y profundamente refractarias ante las exigencias de la democracia y, por último, comenzar a diseñar una propuesta para establecer en Nuestra América un nuevo orden informativo internacional compatible con los anhelos emancipatorios y democráticos de nuestros pueblos.

Nota:


[1] Ver la declaración en Cubadebate: http://www.cubadebate.cu/noticias/2017/09/29/concluye-en-bolivia-seminario-internacional-sobre-ataques-mediaticos-a-gobiernos-progresistas/#.WdEdjGjWxPY

Los mexicanos ante el terremoto

Los mexicanos ante el terremoto
Brecha
El centro parecía una fiesta. A las 11 de la mañana estaba programado un simulacro de evacuación en caso de terremoto, en una fecha más que simbólica: el 19 de setiembre de 1985 la tierra tembló dejando un reguero de destrucción y muerte, en el mayor sismo de la historia reciente de México. Más de 10 mil muertos, aunque la cifra exacta nunca se conoció, y alrededor de 800 edificios derrumbados. El gobierno de la época fue un monumento a la ineficiencia y la solidaridad fue la que salvó vidas, recuperó cuerpos sepultados y trasladó heridos.A las 11 de la mañana de este 19 de setiembre, 32 años después, era difícil abrirse paso entre los miles de funcionarios que colmaban las aceras de la Colonia San Rafael, una de las más afectadas por lo que sucedería dos horas después. Una serena algarabía emergía de los cientos de grupos que festejaban, quizá, el tiempo libre fuera de la supervisión de sus jefes.

Cuando la tierra tembló, los edificios se tambaleaban y costaba mantenerse en pie, se trataba apenas de mirar hacia arriba para detectar algún peligro, la caída de algo grande sobre las cabezas. “Pinche temblor”, gritaban algunos cuando todavía el mundo se movía frenéticamente alrededor.

Después sobrevino una tensa calma; miles se agolpaban en las aceras, ahora con rostros serios, con la premonición de la tragedia estampada en los gestos. Enseguida apareció la certeza de que estábamos metidos en una inmensa ratonera de la que sería difícil salir. Millones de coches inmovilizados, semáforos apagados, la luz y el agua cortadas y una incertidumbre que crecía como una sombra amenazante. Avanzamos unos metros y paramos.

El primer rasgo que toma la solidaridad son los cientos de espontáneos que ordenan el tránsito agitando pañuelos. Algunas personas acompañan a los que entraron en pánico hasta los centros de salud. Los más decididos, jóvenes casi todos, van corriendo hasta los edificios colapsados para ayudar en el rescate. Empezaron a despejar escombros con las manos y con las pocas herramientas que se conseguían. Llegaron tres horas antes que la Armada, encargada por el gobierno de socorrer a las víctimas.

En cuanto paró de temblar vinieron corriendo los vecinos, porque los que están más cerca son los primeros que responden. La proximidad es ley. Una hora más tarde, hombres y mujeres habían armado un sistema que funcionaba bajo la básica regla de sacar escombros y entrar baldes vacíos con los que ídem. No es que la gente ayude en el rescate, la gente es el rescate.

En uno de los edificios de ¡seis pisos! que cayó en un barrio símil Parque Rodó –no en aspecto sino en perfil socioeconómico– había tres sectores, con cuatro filas cada uno, que iban desde el pie de la pirámide trunca de escombros hasta la calle. Por las filas del medio, grupitos de gente sacaban los pedazos más grandes y pesados que estructuraron la casa, mientras que las líneas de los bordes funcionaban como cintas transportadoras en direcciones opuestas. Las cosas de la gente que ahí vivía aparecían por todas partes: una bota sin compañera, una foto que no perdió el marco de vidrio a pesar de los 7,1 Richter que la sacudieron; y un obrero, mago del cincel y del martillo, que separa en segundos grandes pedazos de pared, que se entretiene un rato mirándola antes de tirarla al vacío que fue patio trasero.

Si los bomberos y los rescatistas de la división de Protección Civil mantuvieron una relación cordial con la gente, indicándole, por ejemplo, que estaban escarbando en un punto que agregaba más peso a la estructura, en vez de alivianarla, todo cambió cuando llegaron los militares de la Armada, que pretendieron sacar a la gente a los gritos. Pero como en ese momento los de verde eran minoría, pronto se los tragó la cadena de trabajo que no paró, aunque se lo ordenaran fuerte. Una minivictoria de la vida contra la militarización de todo.

Ya para la tarde, en torno a la mayoría de los derrumbes se había formado una cadena de policías con escudos que no permitían la libre entrada de la gente a colaborar. Para el segundo día, eternas filas de jóvenes con palas, carretillas y cascos de construcción esperaban horas a que la autoridad les permitiera prestar sus manos para remediar el desastre. Fue la respuesta de arriba para frenar la acción de abajo: dejar a la gente fuera, esperando.

El aluvión, igual, se sigue viendo en la cantidad de donaciones que desbordan los centros de acopio. En la calle hay un clima agitado, como de pecho inflado por la respuesta colectiva. Todo el mundo colabora en la manera que puede, pero los más visibles son los jóvenes pos 85: no vivieron el sismo anterior, pero eso no importa, porque aquella respuesta colectiva ante la inacción estatal fue una lección que quedó metida en la memoria de todos. Los mexicanos se cobijan en su capacidad de respuesta, que es genuina y espontánea, y deciden que sea esa la identidad que se han creado para sí.

La solidaridad es el milagro de la vida. Como una manta gigantesca que abriga en medio del colapso. Una solidaridad que saca lo mejor de los seres humanos, incluso en esta ciudad inhóspita, esculpida por el individualismo del consumo y los valores que arrastra. Es imposible no pensar que la única salvación posible nace de esa ternura que aún practican los pueblos y que ya nada podrá revertir.

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Nueva apología de un monumento al “Presidente Combatiente”

Nueva apología de un monumento al “Presidente Combatiente”
«No se constituye una memoria nacional sobre la base de simples datos históricos; es necesaria una simbolización de lo ocurrido. Es lo que aportan los monumentos y museos nacionales. Ellos ofrecen una escenificación del pasado; no solo una relectura del pasado, sino una interpretación consagrada. … Construir una historia nacional implica «limpiarla» de toda encrucijada, eliminar las alternativas y discontinuidades, retocar las pugnas y tensiones, redefinir los adversarios y aliados, de modo que la historia sea un avance fluido que, como imagen simétrica, anuncie el progreso infinito del futuro»Norbert Lechner. 2002. (1)

En un artículo que escribiera hace ya un par de años (2) mostré que era necesario, 42 años después del Golpe cívico-militar, hacerle una crítica, tanto estética como ideológico-política, al monumento «oficial» al Presidente Allende, que como todo el mundo sabe, se encuentra ubicado en la ciudad de Santiago, a un costado del Palacio de La Moneda, en la esquina nororiente de la Plaza de la Constitución. Hoy, sigo creyendo que dicha crítica es certera, válida y vigente, de allí que en las líneas siguientes intentaremos poner al día la interpretación presentada originalmente en el 2015.

  En aquel artículo me propuse «desmitificar» dicho monumento, es decir, mostrar su origen y gestación, la posición política y artística de su escultor, así como los fines que la Concertación, y Ricardo Lagos en particular, se propusieron al erigir aquella estatua del Presidente Allende, a metros del lugar donde, luego de combatir por más de cuatro horas y media a los soldados golpistas, se quitó la vida. Como es manifiesto, sin un serio trabajo investigativo y crítico, no es posible sacar a la luz las verdaderas motivaciones que tuvo dicha coalición para hacer construir, con dineros públicos, aquel monumento.

Con su heroica resistencia y muerte en La Moneda Allende había transformado su derrota militar en una gran victoria moral sobre los golpistas, convirtiéndose en el acto en una figura mítica que parecía alzarse desde su tumba secreta para denunciar ante Chile y el mundo los crímenes de la dictadura. Pero si se examina con algún detenimiento y sentido crítico el monumento «oficial» a Allende, no puede concluirse sino que aquella conducta heroica y victoria moral de Allende no solo no aparecen representadas en modo alguno en la escultura de Arturo Hevia Salazar (3), sino que han sido reemplazadas por lo que es una completa reversión y desfiguración de la imagen y conducta verdaderas del Presidente aquel trágico día. Porque Allende es representado en aquella escultura como un ser pasivo e inerme, como una simple víctima de circunstancias que parecieran escapar enteramente a su poder y control.

Este hecho, por sí solo nos está mostrando que junto con los requerimientos estéticos de un monumento, en tanto obra de arte, existirían otros criterios que una representación escultórica del Presidente Allende debiera cumplir, para ser considerada como satisfactoria, o adecuada, a la functión conmemorativa que todo monumento se supone cumplir.

Nos parece que el primer criterio que una escultura del Presidente debiera satisfacer es reproducir, por cierto, en forma artísticamente modificada, los hechos y las acciones más representativas de la conducta de Allende aquel trágico día; puesto que es propio del arte sublimar y transformar creativamente la realidad, tanto la natural como la histórico-social.

Esto no significa que un monumento a Allende tenga que ser única y obligatoriamente una obra de carácter puramente realista. Porque, incluso, mediante el uso de los elementos más abstractos, un artista de talento es capaz de representar, prácticamente, cualquier hecho, idea, significado o sentimiento.

Un segundo criterio a satisfacer, es que el monumento debiera contener algún elemento, o elementos, que lo ubiquen dentro de un contexto situacional mínimo, tal que permita a quien lo observa, establecer fácilmente su momento y lugar históricos, o los hechos de la vida real que en el monumento se busca representar. Es tradicional que, con dicho fin contextualizador, se adjunten a la obra de arte propiamente tal, nombres, fechas, o textos alusivos, que son ubicados en lugares estratégicos de ella.

Ahora bien, si le aplicamos los dos criterios arriba descritos al monumento a Allende erigido en la plaza de la Constitución, es indudable que ellos solo se cumplen de manera muy precaria o insuficiente. En realidad, la escultura del Presidente, hecha por el escultor derechista, Arturo Hevia Salazar,(3) no es más que una representación enteramente idealizada de la muerte del Presidente. Yo mismo la interpreté y describí así en mi libro del 2006:

«Si examinamos con cierta atención y detenimiento el monumento a Allende erigido en una de las esquinas de la Plaza de la Constitución …podemos apreciar que el escultor representó su sacrificio final por medio de una figura envuelta en la bandera chilena; la que pareciera casi a punto de emprender el vuelo por sobre aquella sólida, aunque maternal base rocosa, que se abre como un enorme útero. Es la imagen del Presidente renaciendo en el momento mismo de morir, como en el simbolismo masónico de la iniciación, o en el mito del Ave Fénix. En otros términos, es Allende transcendiendo la existencia terrenal de los mortales, para elevarse al plano de la existencia eterna de los seres míticos….» (4).

Nada hay, por cierto, de reprochable en esta perfectamente válida representación artística de la muerte del Presidente, puesto que, como lo dijimos antes, es propio del arte sublimar y transformar creativamente la realidad… El problema con dicha imagen artística es que induce en quien la contempla el error de interpretar lo que efectivamente ocurrió en La Moneda aquel 11 de septiembre, en forma igualmente idealizada y mítica. Lo que hace que se pierda de vista el sentido y significado verdadero de los hechos que condujeron a la muerte del Presidente, así como el carácter y especificidad de las condiciones político-sociales a partir de las cuales éstas se habrían producido.

Creemos, asimismo, que para hacer justicia al personaje histórico, el monumento a Allende ubicado en la Plaza de la Constitución no debió limitarse a ser una representación puramente idealizada de los últimos momentos del Presidente Allende. Porque si comparamos la verdadera conducta de Allende aquel trágico día, con lo que expresa y representa la escultura de Arturo Hevia, se evidencia que se trata de una representación artística de la muerte del Presidente Allende, en la que se ha omitido completamente, en forma premeditada, lo que constituye el aspecto heroico central de su conducta en La Moneda aquel día 11 de septiembre de 1973, es decir, su valerosa e inédita decisión de defender con las armas su gobierno y su dignidad de hombre y Presidente. De manera que si el escultor hubiera respetado, o considerado de algún modo, los hechos de la realidad histórica de aquel día, el Presidente no aparecería representado en aquella escultura como una figura puramente trágica que se entrega en forma enteramente pasiva a la muerte, sino como la de un hombre valiente y luchador que portando entre sus manos su fusil de asalto Kalashnikov, se dispone a defender su gobierno constitucional y legítimo del ataque de los militares golpistas.

El único elemento material que permitiría identificar cronológica y situacionalmente al personaje representado en la escultura de Arturo Hevia, es la bandera chilena, que fue tomado del relato mítico, o ficcional, de los momentos finales de Allende, concebido y publicitado por el miembro del GAP, Renato González (Eladio), uno de los cuatro escoltas presidenciales que sobrevivieron a la batalla de La Moneda. En la parte final de su relato dice Eladio:

«Eran la 1:30 P.M .cuando cayó el Compañero Allende, asesinado por las balas de los fascistas y traidores. Tenía como cinco balas: cuatro en el cuello y dos en tórax … recogimos su cuerpo martirizado y lo llevamos a su lugar, la oficina presidencial. Lo sentamos en su sillón, le pusimos la banda presidencial, su arma en los brazos, … Encontramos la bandera [chilena] … y cubrimos su cuerpo con ella.» (5)

Como podrá confirmar todo aquel que haya visto el monumento a Allende de la Plaza de la Constitución, especialmente por su parte posterior, la bandera cobrará una abrumadora importancia en la escultura de Hevia, junto con revelar sus debilidades estéticas y limitaciones como escultor, mientras que todo el contexto situacional de la muerte del Presidente, es decir, el combate entre las fuerzas golpistas y Allende junto a sus más próximos partidarios, detectives y sus fieles escoltas (que además aparece completamente adulterado en el relato de Renato González que citamos completo más abajo), fue hecho desaparece enteramente de la escena.

Este verdadero «pase de magia», tanto política como artística, no puede ser considerado como algo puramente fortuito sino como el resultado de una acción premeditada, que solo puede explicarse a partir de dos hechos: 1. No pareciera haberse llamado a un concurso abierto para elegir al artista que se encargaría de diseñar y esculpir la figura del Presidente. En realidad por lo poco que se filtró en la Prensa de la época, todo este proceso estuvo rodeado de un halo de misterio. 2. El artista elegido por personeros de la Concertación era, por propia confesión, un derechista, que ya había hecho esculturas a José Toribio Merino y Eduardo Frei M.

A partir de los hechos arriba descritos, puede colegirse que el escultor elegido por los políticos de la Concertacion y del Partido Socialista en particular, debió ser contratado con el fin de que pusiera su habilidad artística al servicio de un mensaje claramente acotado y específico: Representar a un Allende que no entrara en conflicto con la visión concertacionista, tanto de su gobierno, como del Golpe. Un Allende que no entrega su vida luchando por el socialismo, sino uno que, simplemente, muere por la vieja democracia chilena.

Como puede verse, estos dos hechos son reveladores de la intención político-ideológica de la Concertación que subyace a la construcción del monumento a Allende, y permiten comprender, al mismo tiempo, por qué se eligió una imagen altamente idealizada de Allende, en vez de una en la que se lo representara en forma realista, es decir, como un Allende combatiente.

Algunos compatriotas que leyeron mi artículo original objetaron su planteamiento central, de acuerdo con el cual un nuevo monumento a Allende debería representar al Presidente en su gesto más característico de aquel día 11, es decir, portando su legendario fusil Kalashnikov en defensa de su gobierno constitucional. Dichos críticos afirmaron que una tal representación artística reflejaría sólo sus últimas horas, en vez de representar, de alguna forma, su extensa y brillante carrera política de 41 años, cuyo clímax habría sido el gobierno de la Unidad Popular, que se propuso crear las bases materiales, sociales y políticas, para la construcción de una sociedad socialista en nuestra patria. Pero a diferencia de las experiencias revolucionarias de otros pueblos del tercer Mundo, que buscaron acceder al poder por la vía armada, la revolución liderada por Allende lo hizo por los causes legales, es decir, por medio de elecciones y respetando la Constitución entonces vigente, realizando así en Chile una verdadera revolución sin sangre.

A esta objeción habría varias cosas que replicar. En primer lugar, la escultura de Hevia podría interpretarse de muchas maneras, pero no es una representación artística de la dilatada trayectoria política de Allende, sino de su muerte. Y hasta donde sabemos, nadie ha criticado la escultura de Hevia por representar sólo los momentos finales de Allende.

Pero lo central aquí es el hecho de que a pesar de que Allende sea conocido universalmente por haber sido el primer líder socialista y marxista, que llegó a la presidencia de su país por el camino de las elecciones, y por haberse propuesto la construcción de las bases de una sociedad socialista respetando la legalidad vigente, la Ironía de la Historia (como acostumbraba decir el gran historiador marxista Isaac Deutscher), es que ante la eventualidad de que se produjera un golpe de Estado de la totalidad de las Fuerzas Armadas chilenas, Allende había decidido con casi un año de anticipación (6), que no se rendiría a los golpistas y que, parapetándose en el Palacio de La Moneda, defendería con las armas su gobierno y su dignidad presidencial, y así lo hizo.

He ahí, precisamente, la paradoja de un Presidente elegido por votación popular, que fue enteramente respetuoso de la legalidad vigente en Chile durante toda su larga vida de parlamentario y líder de la izquierda; así como durante los tres años que duró su gobierno, bajo el constante asedio de las fuerzas pro golpistas de dentro y fuera del país, quien, sin embargo, el día de Golpe tuvo el valor, la dignidad, y la hombría, de defender con las armas su gobierno legítimo y constitucional. Esto constituye un hecho inédito en la historia política chilena y mundial.

De manera que si bien es cierto que «La Batalla de La Moneda» habría ocupado apenas unas pocas horas de la vida del Presidente, junto a la de sus partidarios más próximos, detectives y escoltas, en estos momentos finales se pondrían de manifiesto del modo más dramático, la valentía, la dignidad, la consecuencia, la grandeza moral y el sentido histórico de Allende. ¿Quién, que no sea un reaccionario recalcitrante, podría negar que la conducta del Presidente en estas horas cruciales representa, política y moralmente, lo mejor que ha producido la historia política de nuestro país en sus casi dos siglos de existencia como nación?

Una segunda objeción que se le hizo al planteamiento central del artículo original sobre un nuevo monumento a Allende, es que si figurara prominentemente en él el fusil de asalto del Presidente, éste aparecería como defendiendo la vía armada al poder; que es precisamente la táctica opuesta a la que Allende postuló y defendió a lo largo de su dilatada carrera política. Pero esta nos parece una débil objeción, porque para evitar aquella posible falsa impresión, bastaría que el contexto del monumento, así como sus textos explicativos adjuntos, para contrarrestar de antemano aquella errónea interpretación.

Porque la imagen de Allende que buscaron proyectar en su monumento oficial en la Plaza de la Constitución aquellos que terminaron negando definitivamente su obra y su legado, es decir, los políticos de la Concertación, no se corresponde en lo absoluto con los principios, ejecutoria y legado de Allende, sino que representa su entero opuesto. Porque lo que la Concertación buscaba, además, con aquel supuesto homenaje conmemorativo al Presidente, era presentarse a si misma como los continuadores de las tradiciones de la vieja izquierda chilena, y así legitimar y cubrir su propia descomposición moral y política, su verdadera traición a los principios e ideales de la izquierda chilena que Allende defendió hasta la muerte, con las armas en la mano. (7).

 

1.   Norbert Lechner, Las sombras del mañana. La dimensión subjetiva de la política, Santiago, LOM ediciones, 2002, pág. 87.2. Hermes H. Benítez, «Por un nuevo monumento al Presidente Allende», piensaChile.com, 30 de septiembre de 2015.

3. Véase: Manuel Delano, «Allende vuelve a La Moneda», Chile hoy, periódico digital s/f.

4. Hermes H. Benítez, Las muertes de Allende, Santiago, Ril editores, 2009, págs. 167-168.

5. En los días posteriores al Golpe, desde la Embajada de México en Santiago, donde se encontraba refugiado, Renato González (Eladio), un joven miembro de la Escolta Presidencial, grabará su versión personal de los últimos momentos del Presidente Allende en La Moneda, he aquí su texto completo:«Nos encontramos con un grupo de fascistas al mando de un capitán mayor en los salones cercanos al Salón Rojo, quien gritó:«Ríndase, Señor Allende» Nuestro Compañero dijo: «Nunca. Es preferible salir muerto que rendirse» Cuando terminó escuchamos un disparo hecho por un militar. Dio en el Doctor (Allende) Ellos abrieron fuego con sus ametralladoras, y nosotros les respondimos con las nuestras. Doce de nuestros compañeros cayeron muertos junto al Presidente Allende. Nuestros disparos se hicieron más intensos. Cayeron un oficial y seis soldados. Nos acercamos al cuerpo del Presidente. Estaba herido de muerte, nos dijo: «Un líder puede caer pero tenemos una causa. América será libre». Eran las 1:30 P.M. cuando cayó el Compañero Allende, asesinado por las balas de los fascistas y traidores. Tenía como cinco balas, cuatro en el cuello y dos en el torax …Recogimos sus cuerpo martirizado, y lo llevamos a su lugar, la oficina presidencial. Lo sentamos en su sillón, le pusimos la banda presidencial, su arma en los brazos… Encontramos la bandera (chilena)… y cubrimos su cuerpo con ella…» He traducido del libro del Embajador norteamericano Nathaniel Davis titulado: The Last Two Years of Salvador Allende, Ithaca and London, Cornell University Press, 1985, págs. 282-283.

Como se ha establecido posteriormente, aquel intercambio de disparos entre Allende y miembros del GAP y soldados golpistas, es enteramente ficcional. Allende no fue muerto por ningún militar golpista en el asalto de La Moneda, sino que se quito la vida, pasada las 2 de la tarde, en su oficina privada, conocida como «Salón Independencia».

6. Véase: H.H. Benítez, «La centralidad de la dimensión moral del gesto final del Presidente Allende», piensachile.com, 19 de mayo de 2011; también, H.H. Benítez: Pensando a Allende, Santiago, Ril editores, 2013, pág. 204.

7. Para un examen crítico del relato de Eladio de los últimos momentos del Presidente, véase: La muertes de Allende, págs. 82-83.

Aumenta el hambre en el mundo…

La ONU también prevé en 2017 una cifra récord en la producción mundial de cereales
Aumenta el hambre en el mundo y ya afecta a 815 millones de personas
El 26 de septiembre Naciones Unidas conmemora el Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares. La ONU recuerda que hoy existen en el mundo cerca de 15.000 armas de estas características, y que los países que las poseen cuentan con programas de “modernización” a largo plazo, lo que incluye la dotación económica. Asimismo, más de la mitad de la población mundial vive en países que disponen de este tipo de armamento o forman parte de “alianzas” nucleares. Naciones Unidas informa que, tomando como referencia 2016, no se ha destruido ningún arma nuclear de acuerdo con lo establecido en los tratados, ni tampoco existen negociaciones en marcha; sin embargo, “ha habido importantes reducciones de armas nucleares desplegadas desde el apogeo de la ‘guerra fría’”, señala la ONU. Otro motivo de preocupación para Naciones Unidas es que la doctrina de “disuasión nuclear” se mantiene como factor de la política de “seguridad” de los estados.

El pasado siete de septiembre la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) anunciaba la posibilidad de que en 2017 se produjera un récord en la producción mundial de cereales, que alcanzaría las 2.611 millones de toneladas, por encima del registro máximo anterior, el de 2016. Así, está previsto que la producción global de trigo en el presente año se eleve a 748,8 millones de toneladas; que la de cereales “secundarios” (como maíz y cebada), a 1.359 millones de toneladas; y que también alcance un récord la producción mundial de arroz: 503 millones de toneladas.

Son realidades que coexisten. Dos días antes de que se difundieran las previsiones citadas, responsables de la FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) resaltaron que las diferentes sequías dejaron en Etiopía a cerca de 8,5 millones de personas con necesidades de ayuda alimentaria. En regiones como Ogaden (Somali), en el sureste del país, la escasez pluvial se prolongó por tercer año consecutivo. Naciones Unidas concluyó en un comunicado que la muerte de numerosos animales estaba colapsando los medios de vida pastoriles, e incrementando el hambre y la malnutrición en el país.

Los medios informativos se hicieron eco el 16 de septiembre del informe de la FAO sobre “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo” (2017). El documento apunta que el hambre afectó durante 2016 a 815 millones de personas en el planeta, lo que representa el 11% de la población mundial. La cifra supone un repunte, afirma Naciones Unidas, tras una década de descenso. Además la ONU subraya la existencia de conflictos -489 millones de personas castigadas por el hambre viven en países afectados por conflictos- y factores como el cambio climático o la crisis económica global como causas del incremento (el hambre afectó en 2016 a 38 millones de personas más que en 2015). Entre otros ejemplos, el documento resalta las hambrunas a principios de 2017 declaradas en Sudán del Sur, donde cinco millones de personas padecen inseguridad alimentaria; y los riesgos de que ocurra otro tanto en Yemen, Somalia y el noreste de Nigeria. La FAO también alerta de que el hambre azota hoy a la mitad de la población en la República Centroafricana.

En la síntesis del informe de 144 páginas, Naciones Unidas añade que cerca de 155 millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición crónica y 52 millones, desnutrición aguda (porcentajes singularmente elevados se registran en la subregión del Asia Meridional). Otro aspecto sobre el que se llama la atención es el de los adultos obesos: 641 millones (13% de los adultos del planeta); además, 41 millones de niños menores de cinco años padecen sobrepeso. Por otra parte, la cifra de mujeres entre 15 y 49 años afectadas por anemia alcanza los 613 millones, lo que supone el 33% de las mujeres en edad fértil de todo el planeta.

El documento de la FAO analiza el hambre por regiones. Así, el continente más afectado por la subalimentación es África (20% de la población continental); en este punto se observa una notable diferencia entre el África Septentrional, donde las personas que sufren hambre representan el 8,3% de la población, y el África Subsahariana (22,7%). Los mayores índices mundiales se registran en el África Oriental, donde el 33,9% de la población está subalimentada. El segundo continente más castigado por el hambre según la FAO es Asia (11,7% de la población), seguido por Oceanía (6,8%) y América Latina y el Caribe (6,6%); en esta región se observa un agudo contraste entre la población afectada en América Latina (5,9%), y en el Caribe (17,7%). En otra escala se sitúan, según la FAO, América del Norte y Europa, donde las tasas de hambre/población resultan inferiores al 2,5%.

Otro punto en el que se advierten grandes desequilibrios territoriales es el de los niños con retraso en el crecimiento o “deficiencia” en talla para su edad: la gran mayoría viven en Asia (87 millones) y África (59 millones). En cuanto a la obesidad, se ha producido un incremento a escala global desde 1975, “y el ritmo se ha acelerado en la última década”, apunta el informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo”. De hecho, mientras que en América del Norte, Europa y Oceanía el 28% de los adultos son obesos, el porcentaje se reduce al 11% en África y el 7% en Asia; En América Latina y el Caribe, la obesidad afecta a cerca del 25% de la población adulta.

“Puesto que las grandes empresas dominan cada vez más los mercados, los alimentos altamente procesados son más fáciles de conseguir, en detrimento de los alimentos y hábitos dietéticos tradicionales”, constata Naciones Unidas. También la anemia afecta a las mujeres en edad reproductiva de modo diferente: más del 35% de las mujeres entre 15 y 49 años en África y Asia, y una tasa inferior al 20% en América del Norte, Europa y Oceanía, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El informe de la FAO destaca los conflictos como una causa cada vez más relevante de inseguridad alimentaria y malnutrición en el planeta. La tendencia apunta al crecimiento: más de 100 millones de personas sufrían en 2016 un “nivel crítico” de inseguridad alimentaria, en comparación con los 80 millones de 2015. Actualmente la FAO informa de que 19 países registran crisis prolongadas (14 de ellos desde 2010, la mayoría en África) debido a situaciones de conflicto y violencia, además de otras como grandes sequías (Irak, Afganistán y Siria), el fenómeno El Niño en Sudán, Burundi y la República Democrática del Congo y tanto las inundaciones como los ciclones tropicales en Yemen; en estos casos, una parte significativa de la población es “muy vulnerable” al hambre, la enfermedad y la erosión de los medios de vida.

Otra consecuencia son los desplazamientos, que afectan a más del 20% de la población en Somalia y Sudán del Sur, y a más del 60% en Siria. Asimismo Naciones Unidas ha informado recientemente de la llegada a Bangladés de 400.000 refugiados de la etnia rohingya (de religión musulmana), que escapan a la “limpieza étnica” en Myanmar (antigua Birmania).

El informe advierte que muchos de los conflictos que se prolongan en el tiempo franquean las fronteras nacionales y cobran una dimensión regional. Así ocurre en el Cuerno de África y la región africana de los Grandes Lagos; entre Afganistán, India y Pakistán; o en el caso de Camerún, Chad y el norte de Nigeria por la violencia del grupo terrorista Boko Haram. A la afección sobre la vida y los derechos humanos de los procesos señalados, se agrega la dimensión macroeconómica. Así, un estudio reciente de S. Costalli, L. Moretti y C. Pischedda -“The economic costs of civil war”- realizado en una veintena de países, concluye que la existencia de conflictos armados reduce un 17,5% el PIB por habitante (cifra promedio). Sin embargo el porcentaje varía de modo notable según los países, ya que si la caída de la producción en Siria fue, según el citado estudio, del 50% entre 2010 y 2015, la merma del PIB en Libia llegó al 24% en 2014 “después que se desatara la violencia”, apunta Naciones Unidas. En el caso de Yemen, el desplome de la producción nacional osciló entre un 25% y un 35% en 2015, año en que comenzaron los bombardeos en el país liderados por Arabia Saudí. 

Imagen: Naciones Unidas