Nueva apología de un monumento al “Presidente Combatiente”

Nueva apología de un monumento al “Presidente Combatiente”
«No se constituye una memoria nacional sobre la base de simples datos históricos; es necesaria una simbolización de lo ocurrido. Es lo que aportan los monumentos y museos nacionales. Ellos ofrecen una escenificación del pasado; no solo una relectura del pasado, sino una interpretación consagrada. … Construir una historia nacional implica «limpiarla» de toda encrucijada, eliminar las alternativas y discontinuidades, retocar las pugnas y tensiones, redefinir los adversarios y aliados, de modo que la historia sea un avance fluido que, como imagen simétrica, anuncie el progreso infinito del futuro»Norbert Lechner. 2002. (1)

En un artículo que escribiera hace ya un par de años (2) mostré que era necesario, 42 años después del Golpe cívico-militar, hacerle una crítica, tanto estética como ideológico-política, al monumento «oficial» al Presidente Allende, que como todo el mundo sabe, se encuentra ubicado en la ciudad de Santiago, a un costado del Palacio de La Moneda, en la esquina nororiente de la Plaza de la Constitución. Hoy, sigo creyendo que dicha crítica es certera, válida y vigente, de allí que en las líneas siguientes intentaremos poner al día la interpretación presentada originalmente en el 2015.

  En aquel artículo me propuse «desmitificar» dicho monumento, es decir, mostrar su origen y gestación, la posición política y artística de su escultor, así como los fines que la Concertación, y Ricardo Lagos en particular, se propusieron al erigir aquella estatua del Presidente Allende, a metros del lugar donde, luego de combatir por más de cuatro horas y media a los soldados golpistas, se quitó la vida. Como es manifiesto, sin un serio trabajo investigativo y crítico, no es posible sacar a la luz las verdaderas motivaciones que tuvo dicha coalición para hacer construir, con dineros públicos, aquel monumento.

Con su heroica resistencia y muerte en La Moneda Allende había transformado su derrota militar en una gran victoria moral sobre los golpistas, convirtiéndose en el acto en una figura mítica que parecía alzarse desde su tumba secreta para denunciar ante Chile y el mundo los crímenes de la dictadura. Pero si se examina con algún detenimiento y sentido crítico el monumento «oficial» a Allende, no puede concluirse sino que aquella conducta heroica y victoria moral de Allende no solo no aparecen representadas en modo alguno en la escultura de Arturo Hevia Salazar (3), sino que han sido reemplazadas por lo que es una completa reversión y desfiguración de la imagen y conducta verdaderas del Presidente aquel trágico día. Porque Allende es representado en aquella escultura como un ser pasivo e inerme, como una simple víctima de circunstancias que parecieran escapar enteramente a su poder y control.

Este hecho, por sí solo nos está mostrando que junto con los requerimientos estéticos de un monumento, en tanto obra de arte, existirían otros criterios que una representación escultórica del Presidente Allende debiera cumplir, para ser considerada como satisfactoria, o adecuada, a la functión conmemorativa que todo monumento se supone cumplir.

Nos parece que el primer criterio que una escultura del Presidente debiera satisfacer es reproducir, por cierto, en forma artísticamente modificada, los hechos y las acciones más representativas de la conducta de Allende aquel trágico día; puesto que es propio del arte sublimar y transformar creativamente la realidad, tanto la natural como la histórico-social.

Esto no significa que un monumento a Allende tenga que ser única y obligatoriamente una obra de carácter puramente realista. Porque, incluso, mediante el uso de los elementos más abstractos, un artista de talento es capaz de representar, prácticamente, cualquier hecho, idea, significado o sentimiento.

Un segundo criterio a satisfacer, es que el monumento debiera contener algún elemento, o elementos, que lo ubiquen dentro de un contexto situacional mínimo, tal que permita a quien lo observa, establecer fácilmente su momento y lugar históricos, o los hechos de la vida real que en el monumento se busca representar. Es tradicional que, con dicho fin contextualizador, se adjunten a la obra de arte propiamente tal, nombres, fechas, o textos alusivos, que son ubicados en lugares estratégicos de ella.

Ahora bien, si le aplicamos los dos criterios arriba descritos al monumento a Allende erigido en la plaza de la Constitución, es indudable que ellos solo se cumplen de manera muy precaria o insuficiente. En realidad, la escultura del Presidente, hecha por el escultor derechista, Arturo Hevia Salazar,(3) no es más que una representación enteramente idealizada de la muerte del Presidente. Yo mismo la interpreté y describí así en mi libro del 2006:

«Si examinamos con cierta atención y detenimiento el monumento a Allende erigido en una de las esquinas de la Plaza de la Constitución …podemos apreciar que el escultor representó su sacrificio final por medio de una figura envuelta en la bandera chilena; la que pareciera casi a punto de emprender el vuelo por sobre aquella sólida, aunque maternal base rocosa, que se abre como un enorme útero. Es la imagen del Presidente renaciendo en el momento mismo de morir, como en el simbolismo masónico de la iniciación, o en el mito del Ave Fénix. En otros términos, es Allende transcendiendo la existencia terrenal de los mortales, para elevarse al plano de la existencia eterna de los seres míticos….» (4).

Nada hay, por cierto, de reprochable en esta perfectamente válida representación artística de la muerte del Presidente, puesto que, como lo dijimos antes, es propio del arte sublimar y transformar creativamente la realidad… El problema con dicha imagen artística es que induce en quien la contempla el error de interpretar lo que efectivamente ocurrió en La Moneda aquel 11 de septiembre, en forma igualmente idealizada y mítica. Lo que hace que se pierda de vista el sentido y significado verdadero de los hechos que condujeron a la muerte del Presidente, así como el carácter y especificidad de las condiciones político-sociales a partir de las cuales éstas se habrían producido.

Creemos, asimismo, que para hacer justicia al personaje histórico, el monumento a Allende ubicado en la Plaza de la Constitución no debió limitarse a ser una representación puramente idealizada de los últimos momentos del Presidente Allende. Porque si comparamos la verdadera conducta de Allende aquel trágico día, con lo que expresa y representa la escultura de Arturo Hevia, se evidencia que se trata de una representación artística de la muerte del Presidente Allende, en la que se ha omitido completamente, en forma premeditada, lo que constituye el aspecto heroico central de su conducta en La Moneda aquel día 11 de septiembre de 1973, es decir, su valerosa e inédita decisión de defender con las armas su gobierno y su dignidad de hombre y Presidente. De manera que si el escultor hubiera respetado, o considerado de algún modo, los hechos de la realidad histórica de aquel día, el Presidente no aparecería representado en aquella escultura como una figura puramente trágica que se entrega en forma enteramente pasiva a la muerte, sino como la de un hombre valiente y luchador que portando entre sus manos su fusil de asalto Kalashnikov, se dispone a defender su gobierno constitucional y legítimo del ataque de los militares golpistas.

El único elemento material que permitiría identificar cronológica y situacionalmente al personaje representado en la escultura de Arturo Hevia, es la bandera chilena, que fue tomado del relato mítico, o ficcional, de los momentos finales de Allende, concebido y publicitado por el miembro del GAP, Renato González (Eladio), uno de los cuatro escoltas presidenciales que sobrevivieron a la batalla de La Moneda. En la parte final de su relato dice Eladio:

«Eran la 1:30 P.M .cuando cayó el Compañero Allende, asesinado por las balas de los fascistas y traidores. Tenía como cinco balas: cuatro en el cuello y dos en tórax … recogimos su cuerpo martirizado y lo llevamos a su lugar, la oficina presidencial. Lo sentamos en su sillón, le pusimos la banda presidencial, su arma en los brazos, … Encontramos la bandera [chilena] … y cubrimos su cuerpo con ella.» (5)

Como podrá confirmar todo aquel que haya visto el monumento a Allende de la Plaza de la Constitución, especialmente por su parte posterior, la bandera cobrará una abrumadora importancia en la escultura de Hevia, junto con revelar sus debilidades estéticas y limitaciones como escultor, mientras que todo el contexto situacional de la muerte del Presidente, es decir, el combate entre las fuerzas golpistas y Allende junto a sus más próximos partidarios, detectives y sus fieles escoltas (que además aparece completamente adulterado en el relato de Renato González que citamos completo más abajo), fue hecho desaparece enteramente de la escena.

Este verdadero «pase de magia», tanto política como artística, no puede ser considerado como algo puramente fortuito sino como el resultado de una acción premeditada, que solo puede explicarse a partir de dos hechos: 1. No pareciera haberse llamado a un concurso abierto para elegir al artista que se encargaría de diseñar y esculpir la figura del Presidente. En realidad por lo poco que se filtró en la Prensa de la época, todo este proceso estuvo rodeado de un halo de misterio. 2. El artista elegido por personeros de la Concertación era, por propia confesión, un derechista, que ya había hecho esculturas a José Toribio Merino y Eduardo Frei M.

A partir de los hechos arriba descritos, puede colegirse que el escultor elegido por los políticos de la Concertacion y del Partido Socialista en particular, debió ser contratado con el fin de que pusiera su habilidad artística al servicio de un mensaje claramente acotado y específico: Representar a un Allende que no entrara en conflicto con la visión concertacionista, tanto de su gobierno, como del Golpe. Un Allende que no entrega su vida luchando por el socialismo, sino uno que, simplemente, muere por la vieja democracia chilena.

Como puede verse, estos dos hechos son reveladores de la intención político-ideológica de la Concertación que subyace a la construcción del monumento a Allende, y permiten comprender, al mismo tiempo, por qué se eligió una imagen altamente idealizada de Allende, en vez de una en la que se lo representara en forma realista, es decir, como un Allende combatiente.

Algunos compatriotas que leyeron mi artículo original objetaron su planteamiento central, de acuerdo con el cual un nuevo monumento a Allende debería representar al Presidente en su gesto más característico de aquel día 11, es decir, portando su legendario fusil Kalashnikov en defensa de su gobierno constitucional. Dichos críticos afirmaron que una tal representación artística reflejaría sólo sus últimas horas, en vez de representar, de alguna forma, su extensa y brillante carrera política de 41 años, cuyo clímax habría sido el gobierno de la Unidad Popular, que se propuso crear las bases materiales, sociales y políticas, para la construcción de una sociedad socialista en nuestra patria. Pero a diferencia de las experiencias revolucionarias de otros pueblos del tercer Mundo, que buscaron acceder al poder por la vía armada, la revolución liderada por Allende lo hizo por los causes legales, es decir, por medio de elecciones y respetando la Constitución entonces vigente, realizando así en Chile una verdadera revolución sin sangre.

A esta objeción habría varias cosas que replicar. En primer lugar, la escultura de Hevia podría interpretarse de muchas maneras, pero no es una representación artística de la dilatada trayectoria política de Allende, sino de su muerte. Y hasta donde sabemos, nadie ha criticado la escultura de Hevia por representar sólo los momentos finales de Allende.

Pero lo central aquí es el hecho de que a pesar de que Allende sea conocido universalmente por haber sido el primer líder socialista y marxista, que llegó a la presidencia de su país por el camino de las elecciones, y por haberse propuesto la construcción de las bases de una sociedad socialista respetando la legalidad vigente, la Ironía de la Historia (como acostumbraba decir el gran historiador marxista Isaac Deutscher), es que ante la eventualidad de que se produjera un golpe de Estado de la totalidad de las Fuerzas Armadas chilenas, Allende había decidido con casi un año de anticipación (6), que no se rendiría a los golpistas y que, parapetándose en el Palacio de La Moneda, defendería con las armas su gobierno y su dignidad presidencial, y así lo hizo.

He ahí, precisamente, la paradoja de un Presidente elegido por votación popular, que fue enteramente respetuoso de la legalidad vigente en Chile durante toda su larga vida de parlamentario y líder de la izquierda; así como durante los tres años que duró su gobierno, bajo el constante asedio de las fuerzas pro golpistas de dentro y fuera del país, quien, sin embargo, el día de Golpe tuvo el valor, la dignidad, y la hombría, de defender con las armas su gobierno legítimo y constitucional. Esto constituye un hecho inédito en la historia política chilena y mundial.

De manera que si bien es cierto que «La Batalla de La Moneda» habría ocupado apenas unas pocas horas de la vida del Presidente, junto a la de sus partidarios más próximos, detectives y escoltas, en estos momentos finales se pondrían de manifiesto del modo más dramático, la valentía, la dignidad, la consecuencia, la grandeza moral y el sentido histórico de Allende. ¿Quién, que no sea un reaccionario recalcitrante, podría negar que la conducta del Presidente en estas horas cruciales representa, política y moralmente, lo mejor que ha producido la historia política de nuestro país en sus casi dos siglos de existencia como nación?

Una segunda objeción que se le hizo al planteamiento central del artículo original sobre un nuevo monumento a Allende, es que si figurara prominentemente en él el fusil de asalto del Presidente, éste aparecería como defendiendo la vía armada al poder; que es precisamente la táctica opuesta a la que Allende postuló y defendió a lo largo de su dilatada carrera política. Pero esta nos parece una débil objeción, porque para evitar aquella posible falsa impresión, bastaría que el contexto del monumento, así como sus textos explicativos adjuntos, para contrarrestar de antemano aquella errónea interpretación.

Porque la imagen de Allende que buscaron proyectar en su monumento oficial en la Plaza de la Constitución aquellos que terminaron negando definitivamente su obra y su legado, es decir, los políticos de la Concertación, no se corresponde en lo absoluto con los principios, ejecutoria y legado de Allende, sino que representa su entero opuesto. Porque lo que la Concertación buscaba, además, con aquel supuesto homenaje conmemorativo al Presidente, era presentarse a si misma como los continuadores de las tradiciones de la vieja izquierda chilena, y así legitimar y cubrir su propia descomposición moral y política, su verdadera traición a los principios e ideales de la izquierda chilena que Allende defendió hasta la muerte, con las armas en la mano. (7).

 

1.   Norbert Lechner, Las sombras del mañana. La dimensión subjetiva de la política, Santiago, LOM ediciones, 2002, pág. 87.2. Hermes H. Benítez, «Por un nuevo monumento al Presidente Allende», piensaChile.com, 30 de septiembre de 2015.

3. Véase: Manuel Delano, «Allende vuelve a La Moneda», Chile hoy, periódico digital s/f.

4. Hermes H. Benítez, Las muertes de Allende, Santiago, Ril editores, 2009, págs. 167-168.

5. En los días posteriores al Golpe, desde la Embajada de México en Santiago, donde se encontraba refugiado, Renato González (Eladio), un joven miembro de la Escolta Presidencial, grabará su versión personal de los últimos momentos del Presidente Allende en La Moneda, he aquí su texto completo:«Nos encontramos con un grupo de fascistas al mando de un capitán mayor en los salones cercanos al Salón Rojo, quien gritó:«Ríndase, Señor Allende» Nuestro Compañero dijo: «Nunca. Es preferible salir muerto que rendirse» Cuando terminó escuchamos un disparo hecho por un militar. Dio en el Doctor (Allende) Ellos abrieron fuego con sus ametralladoras, y nosotros les respondimos con las nuestras. Doce de nuestros compañeros cayeron muertos junto al Presidente Allende. Nuestros disparos se hicieron más intensos. Cayeron un oficial y seis soldados. Nos acercamos al cuerpo del Presidente. Estaba herido de muerte, nos dijo: «Un líder puede caer pero tenemos una causa. América será libre». Eran las 1:30 P.M. cuando cayó el Compañero Allende, asesinado por las balas de los fascistas y traidores. Tenía como cinco balas, cuatro en el cuello y dos en el torax …Recogimos sus cuerpo martirizado, y lo llevamos a su lugar, la oficina presidencial. Lo sentamos en su sillón, le pusimos la banda presidencial, su arma en los brazos… Encontramos la bandera (chilena)… y cubrimos su cuerpo con ella…» He traducido del libro del Embajador norteamericano Nathaniel Davis titulado: The Last Two Years of Salvador Allende, Ithaca and London, Cornell University Press, 1985, págs. 282-283.

Como se ha establecido posteriormente, aquel intercambio de disparos entre Allende y miembros del GAP y soldados golpistas, es enteramente ficcional. Allende no fue muerto por ningún militar golpista en el asalto de La Moneda, sino que se quito la vida, pasada las 2 de la tarde, en su oficina privada, conocida como «Salón Independencia».

6. Véase: H.H. Benítez, «La centralidad de la dimensión moral del gesto final del Presidente Allende», piensachile.com, 19 de mayo de 2011; también, H.H. Benítez: Pensando a Allende, Santiago, Ril editores, 2013, pág. 204.

7. Para un examen crítico del relato de Eladio de los últimos momentos del Presidente, véase: La muertes de Allende, págs. 82-83.

Aumenta el hambre en el mundo…

La ONU también prevé en 2017 una cifra récord en la producción mundial de cereales
Aumenta el hambre en el mundo y ya afecta a 815 millones de personas
El 26 de septiembre Naciones Unidas conmemora el Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares. La ONU recuerda que hoy existen en el mundo cerca de 15.000 armas de estas características, y que los países que las poseen cuentan con programas de “modernización” a largo plazo, lo que incluye la dotación económica. Asimismo, más de la mitad de la población mundial vive en países que disponen de este tipo de armamento o forman parte de “alianzas” nucleares. Naciones Unidas informa que, tomando como referencia 2016, no se ha destruido ningún arma nuclear de acuerdo con lo establecido en los tratados, ni tampoco existen negociaciones en marcha; sin embargo, “ha habido importantes reducciones de armas nucleares desplegadas desde el apogeo de la ‘guerra fría’”, señala la ONU. Otro motivo de preocupación para Naciones Unidas es que la doctrina de “disuasión nuclear” se mantiene como factor de la política de “seguridad” de los estados.

El pasado siete de septiembre la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) anunciaba la posibilidad de que en 2017 se produjera un récord en la producción mundial de cereales, que alcanzaría las 2.611 millones de toneladas, por encima del registro máximo anterior, el de 2016. Así, está previsto que la producción global de trigo en el presente año se eleve a 748,8 millones de toneladas; que la de cereales “secundarios” (como maíz y cebada), a 1.359 millones de toneladas; y que también alcance un récord la producción mundial de arroz: 503 millones de toneladas.

Son realidades que coexisten. Dos días antes de que se difundieran las previsiones citadas, responsables de la FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) resaltaron que las diferentes sequías dejaron en Etiopía a cerca de 8,5 millones de personas con necesidades de ayuda alimentaria. En regiones como Ogaden (Somali), en el sureste del país, la escasez pluvial se prolongó por tercer año consecutivo. Naciones Unidas concluyó en un comunicado que la muerte de numerosos animales estaba colapsando los medios de vida pastoriles, e incrementando el hambre y la malnutrición en el país.

Los medios informativos se hicieron eco el 16 de septiembre del informe de la FAO sobre “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo” (2017). El documento apunta que el hambre afectó durante 2016 a 815 millones de personas en el planeta, lo que representa el 11% de la población mundial. La cifra supone un repunte, afirma Naciones Unidas, tras una década de descenso. Además la ONU subraya la existencia de conflictos -489 millones de personas castigadas por el hambre viven en países afectados por conflictos- y factores como el cambio climático o la crisis económica global como causas del incremento (el hambre afectó en 2016 a 38 millones de personas más que en 2015). Entre otros ejemplos, el documento resalta las hambrunas a principios de 2017 declaradas en Sudán del Sur, donde cinco millones de personas padecen inseguridad alimentaria; y los riesgos de que ocurra otro tanto en Yemen, Somalia y el noreste de Nigeria. La FAO también alerta de que el hambre azota hoy a la mitad de la población en la República Centroafricana.

En la síntesis del informe de 144 páginas, Naciones Unidas añade que cerca de 155 millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición crónica y 52 millones, desnutrición aguda (porcentajes singularmente elevados se registran en la subregión del Asia Meridional). Otro aspecto sobre el que se llama la atención es el de los adultos obesos: 641 millones (13% de los adultos del planeta); además, 41 millones de niños menores de cinco años padecen sobrepeso. Por otra parte, la cifra de mujeres entre 15 y 49 años afectadas por anemia alcanza los 613 millones, lo que supone el 33% de las mujeres en edad fértil de todo el planeta.

El documento de la FAO analiza el hambre por regiones. Así, el continente más afectado por la subalimentación es África (20% de la población continental); en este punto se observa una notable diferencia entre el África Septentrional, donde las personas que sufren hambre representan el 8,3% de la población, y el África Subsahariana (22,7%). Los mayores índices mundiales se registran en el África Oriental, donde el 33,9% de la población está subalimentada. El segundo continente más castigado por el hambre según la FAO es Asia (11,7% de la población), seguido por Oceanía (6,8%) y América Latina y el Caribe (6,6%); en esta región se observa un agudo contraste entre la población afectada en América Latina (5,9%), y en el Caribe (17,7%). En otra escala se sitúan, según la FAO, América del Norte y Europa, donde las tasas de hambre/población resultan inferiores al 2,5%.

Otro punto en el que se advierten grandes desequilibrios territoriales es el de los niños con retraso en el crecimiento o “deficiencia” en talla para su edad: la gran mayoría viven en Asia (87 millones) y África (59 millones). En cuanto a la obesidad, se ha producido un incremento a escala global desde 1975, “y el ritmo se ha acelerado en la última década”, apunta el informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo”. De hecho, mientras que en América del Norte, Europa y Oceanía el 28% de los adultos son obesos, el porcentaje se reduce al 11% en África y el 7% en Asia; En América Latina y el Caribe, la obesidad afecta a cerca del 25% de la población adulta.

“Puesto que las grandes empresas dominan cada vez más los mercados, los alimentos altamente procesados son más fáciles de conseguir, en detrimento de los alimentos y hábitos dietéticos tradicionales”, constata Naciones Unidas. También la anemia afecta a las mujeres en edad reproductiva de modo diferente: más del 35% de las mujeres entre 15 y 49 años en África y Asia, y una tasa inferior al 20% en América del Norte, Europa y Oceanía, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El informe de la FAO destaca los conflictos como una causa cada vez más relevante de inseguridad alimentaria y malnutrición en el planeta. La tendencia apunta al crecimiento: más de 100 millones de personas sufrían en 2016 un “nivel crítico” de inseguridad alimentaria, en comparación con los 80 millones de 2015. Actualmente la FAO informa de que 19 países registran crisis prolongadas (14 de ellos desde 2010, la mayoría en África) debido a situaciones de conflicto y violencia, además de otras como grandes sequías (Irak, Afganistán y Siria), el fenómeno El Niño en Sudán, Burundi y la República Democrática del Congo y tanto las inundaciones como los ciclones tropicales en Yemen; en estos casos, una parte significativa de la población es “muy vulnerable” al hambre, la enfermedad y la erosión de los medios de vida.

Otra consecuencia son los desplazamientos, que afectan a más del 20% de la población en Somalia y Sudán del Sur, y a más del 60% en Siria. Asimismo Naciones Unidas ha informado recientemente de la llegada a Bangladés de 400.000 refugiados de la etnia rohingya (de religión musulmana), que escapan a la “limpieza étnica” en Myanmar (antigua Birmania).

El informe advierte que muchos de los conflictos que se prolongan en el tiempo franquean las fronteras nacionales y cobran una dimensión regional. Así ocurre en el Cuerno de África y la región africana de los Grandes Lagos; entre Afganistán, India y Pakistán; o en el caso de Camerún, Chad y el norte de Nigeria por la violencia del grupo terrorista Boko Haram. A la afección sobre la vida y los derechos humanos de los procesos señalados, se agrega la dimensión macroeconómica. Así, un estudio reciente de S. Costalli, L. Moretti y C. Pischedda -“The economic costs of civil war”- realizado en una veintena de países, concluye que la existencia de conflictos armados reduce un 17,5% el PIB por habitante (cifra promedio). Sin embargo el porcentaje varía de modo notable según los países, ya que si la caída de la producción en Siria fue, según el citado estudio, del 50% entre 2010 y 2015, la merma del PIB en Libia llegó al 24% en 2014 “después que se desatara la violencia”, apunta Naciones Unidas. En el caso de Yemen, el desplome de la producción nacional osciló entre un 25% y un 35% en 2015, año en que comenzaron los bombardeos en el país liderados por Arabia Saudí. 

Imagen: Naciones Unidas

El mito del cuerno de la abundancia de la energía verde

El mito del cuerno de la abundancia de la energía verde

 

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

El ambiente que había en la inmensa marea de gente que participó en la Marcha del Clima [1] de la pasada primavera era electrizante. Y la electricidad era también el tema de muchas de las consignas exhibidas. Aquí y allá podía leerse en letreros y pancartas: “Cambiemos el sistema, no el clima”. Pero la mayor parte de los lemas daban a entender que para acabar con la emergencia climática y evitar catástrofes naturales como las que asolarían el país unos meses más tarde –los huracanes Harvey e Irma y los grandes incendios forestales del Oeste– era suficiente con echar de su cargo a Donald Trump y pasar a una energía de fuentes 100 por cien renovables.

Los brillantes letreros y las alegres pancartas que prometían un cuerno de la abundancia energética estaban inspirados en algunos estudios académicos publicados estos últimos años destinados a mostrar cómo Estados Unidos y el resto del mundo podrían cubrir el 100 por cien de la futura demanda eléctrica con energía solar, eólica y de otros sistemas “verdes”. Los que han adquirido mayor notoriedad son un par de informes publicados en 2015 por un equipo de la Universidad de Stanford, dirigido por Mark Jacobson, pero ha habido otros.

Cada vez son más las investigaciones que tiran por tierra la pretenciosa afirmación de que nos encontramos en un momento de bonanza para la energía verde. Sin embargo, Al Gore, Bill McKibben [2] (que hace poco expresó sus esperanzas de que el ataque del huracán Harvey a la industria petrolera en Texas fuera una “llamada de atención” para buscar una energía 100 por cien renovable) y otras lumbreras de la corriente principal del movimiento por el clima han cobrado nuevas fuerzas gracias a informes como el de Jacobson y han incorporado a su discurso el sueño del “100 por cien renovable”.

Y esa visión se está mezclando con otra afirmación más general y más espuria que se ha popularizado especialmente en la era Trump: el sector privado, nos dicen, ha tomado la delantera en la cuestión del clima y las fuerzas del mercado inevitablemente lograrán el sueño del 100 por cien energía renovable y resolverán la crisis por su cuenta. En este sueño, todo es posible; Jacobson ha llegado a afirmar que si se instalaran decenas de miles de turbinas eólicas en el mar se podría llegar a amansar huracanes como Katrina, Harvey o Irma. El sueño del 100 por cien ha adquirido el estatus de dogma entre los liberales y los activistas climáticos mayoritarios. Los expertos en energía serios que publican análisis mostrando las graves debilidades de esta idea se arriesgan a que les califiquen de títeres de la industria petrolera o incluso de negacionistas climáticos. Jacobson ha llegado a sugerir que podría emprender acciones legales contra el científico de la NOAA [3] Christopher Clack y otros veinte colaboradores que publicaron una evaluación crítica de su obra en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) en junio.

El equipo de Jacobson y otros se aferran a la idea de la transición a una energía 100 por cien renovable porque desean (y con razón) eliminar la energía fósil y nuclear y prevén que cualquier futuro fallo en el suministro provocado por un déficit en la generación de renovables será compensado por esas fuentes sucias. De hecho, eso es lo que afirman o dan a entender muchos de los análisis opuestos, incluyendo el estudio de Clack.

Sin embargo, ambas partes comparten otros supuestos básicos. Las dos pretenden satisfacer toda la demanda futura de electricidad mediante la producción industrial, las mejoras tecnológicas, la eficiencia y los mercados, sin límites regulatorios estrictos sobre el total de energía consumida en la producción y el consumo. Quienes defienden el postulado del 100 por cien renovable están convencidos de que es posible alcanzar dicho escenario mientras sus críticos concluyen lo contrario, pero ambos coinciden en el objetivo final: el mantenimiento de una economía de elevado consumo.

Este aspecto del dogma es el problema, no lo relativo al 100 por cien. Estados Unidos necesita convertirse en un consumidor de energía 100 por cien renovable lo antes posible. El “100 por cien renovable para un objetivo del 100 por cien de la demanda” es el problema. Los escenarios que permitirían cumplir dicha promesa, junto con los estudios que la analizan minuciosamente, me llevan a la conclusión de que sería mucho mejor –al menos en los países ricos– transformar la sociedad de modo que pudiera funcionar con mucho menos consumo final de energía pero garantizando la suficiencia para todos. Eso supondría un sistema 100 por cien renovable más al alcance de la mano y evitaría las escandalosas proezas tecnológicas que requiere el dogma del alto consumo energético. También cuenta con la ventaja de ser posible.

El despertar del sueño

La búsqueda del sueño del 100 por cien renovable no se inició con los trabajos de Jacobson y sus primeras críticas no fueron las de Clack y colegas. Peter Loftus y su equipo, por ejemplo, evaluaron críticamente 17 “escenarios de abandono del carbono” en un trabajo de 2015. Y, anteriormente ese mismo año, el estudio realizado por un grupo de investigadores australianos dirigidos por B.P. Heard evaluó la viabilidad de 24 estudios publicados que describen escenarios basados en un 100 por cien de energía renovable.

Este último grupo concluyó que ninguno de los trabajos de investigación evaluados (entre los que se incluían varios dirigidos por Jacobson) “proporciona pruebas evidentes de que puedan cumplirse los criterios básicos de viabilidad”. Descubrieron una amplia gama de fallos técnicos en los sistemas propuestos. La mayor parte de las situaciones hipotéticas asumían mejoras tremendamente irrealistas y sin precedentes en la eficiencia energética (en términos de kilovatios hora consumidos por dólar invertido en su producción). Como la producción de las principales fuentes de energía renovable, el viento y el sol, fluctúa continuamente y cae regularmente a cero, si se pretende satisfacer toda la demanda sin interrupciones hay que contar con el respaldo de grandes cantidades de electricidad de “carga base”; ningún estudio podía gestionar esta limitación sin quemar niveles ecológicamente destructivos de biomasa o hacer estimaciones descabelladas de producción hidroeléctrica.

Las distintas situaciones hipotéticas no tenían en cuenta la sobrecapacidad y la redundancia que necesitaría para funcionar esa economía de elevado consumo energético en medio de un clima global cada vez más imprevisible. (Este año, las gentes de Texas, Florida y el Oeste en particular pueden atestiguar las profundas consecuencias que ha tenido esa imprevisibilidad). Los estudios no valoraban el crecimiento de cuatro a cinco veces de la infraestructura necesaria para alojar la energía renovable. Ni tampoco las dificultades para mantener el voltaje y la frecuencia de la corriente alterna dentro de límites extremadamente ajustados (una necesidad en las sociedades dependientes de la tecnología) cuando gran parte del suministro proviene del viento y del sol. Todo esto nos lleva, escribe el equipo de Heard, a una fragilidad sistémica que frustrará los intentos por proporcionar la producción eléctrica prometida cuando sea necesaria.

El grupo de Loftus descubrió esas mismas debilidades en los estudios que examinó. Pero además resaltó algunos escenarios de los trabajos de Jacobson y Delucchi, del World Wildlife Fund (WWF) y de Worldwatch. Esos escenarios tenían en común dos hipótesis consideradas fuera de la realidad: una mejora de la eficiencia equivalente al triple o al cuádruple del índice histórico y la fabricación de una capacidad de generación basada en fuentes renovables muy superior a la capacidad de generación eléctrica construida en las últimas décadas. Su conclusión es que “sería prematuro y muy arriesgado ‘apostar el planeta´ a la posibilidad de lograr situaciones hipotéticas como esas.

Límites irrevocables

En su publicación de la revista PNAS, por la que Jacobson amenazó con demandar a Clack, el grupo de expertos examinó dos trabajos de 2015, uno de los cuales era una muy aclamada “hoja de ruta” para alcanzar la plenitud, 100 por cien de energía renovable en todos los estados de EE.UU. Además de los “errores de modelización”, gran parte de la crítica de Clack se relaciona con la utilización generalizada de tecnologías que todavía no existen o que no han sido suficientemente comprobadas y no pueden ampliarse a la descomunal escala prevista. Entre estas se incluyen la acumulación subterránea de energía termal en prácticamente cualquier edificio del país, un sistema de transporte aéreo que funcione solo con hidrógeno (¡!), granjas eólicas desplegadas sobre el 6 por ciento de la superficie de los 48 estados contiguos, un aumento escandaloso e irrealista de la energía hidroeléctrica con efectos ecológicos perjudiciales y una ampliación de la capacidad de generación eléctrica meteórica a un ritmo de unas 14 veces el índice de la expansión de capacidad media el último medio siglo.

Pero aunque fuera físicamente posible lograr todos estos incrementos de escala y el Congreso encontrara la manera de derogar y sustituir la Ley de Murphy, el sueño del 100 por cien a gran escala no sería posible. Patrick Moriarty y Damon Honnery, de la Universidad Monash de Australia han identificado (en una serie de trabajos publicados desde 2000, por ejemplo el publicado en 2016 en Energy Policy) varios factores cruciales que limitarán la potencia global de salida de la energía renovable. Por ejemplo, las tecnologías renovables explotan primero las localidades con vientos más fuertes o mayor insolación y, al ampliarse, se trasladan a territorios cada vez menos productivos. Allí, su construcción y funcionamiento requerirán tanta aportación de energía como en las localidades anteriores, pero su producción será menor.

Además, debido a su generación intrínsecamente intermitente, gran parte de la energía eléctrica procedente del viento y del sol tendrá que almacenarse utilizando baterías, hidrógeno, aire comprimido, agua bombeada u otros medios. Luego tendrá que reconvertirse en electricidad y trasportarse desde regiones a menudo remotas a los lugares donde se concentran la población y las empresas. Ello supone una grave disminución de la energía neta disponible para la sociedad, porque una gran parte se gasta o se pierde durante su conversión y trasmisión. Por último, la producción de energía eólica, solar, geotermal, de biomasa y, especialmente, hidroeléctrica, tiene un impacto ecológico sobre el paisaje. Por tanto, si queremos detener la degradación y destrucción de los ecosistemas naturales de la Tierra, será necesario vetar extensas áreas al sector eléctrico.

Moriarty y Honnery demuestran que si tomamos en cuenta todos esos factores, la ampliación de la energía renovable se estrella contra una pared de ladrillo, el momento en el que se precisa tanta energía para instalar y hacer funcionar instalaciones eléctricas como la que estas generarán a lo largo de su vida operativa. Pero, incluso antes de alcanzar dicho punto, no tendrá sentido expandir una capacidad de generación con una producción neta cada vez menor. Su conclusión es que, como resultado, la producción total de energía renovable del futuro “podría ser muy inferior al consumo actual de la energía”.

¿Qué es (exactamente) lo que esperamos?

Un punto fundamental pero que se suele pasar por alto al hablar de la meta de utilizar energía 100 por cien renovable es que intenta cubrir las pautas de demanda del futuro dejando intactas las grandes diferencias en el acceso a la energía y otros recursos. La economía estadounidense mantendría su sobreproducción, sobreconsumo y sus desigualdades, mientras miles de millones de personas de las regiones y países más pobres seguirían si tener acceso a la energía necesaria para una calidad de vida mínimamente buena.

Los escenarios de energía 100 por cien renovable y sus objeciones críticas encierran una valiosa lección. Sin proponérselo, muestran de forma cruda por qué los países ricos necesitan empezar a planificar cómo vivir en el mundo de energías renovables con un menor consumo imaginado por Moriarty y Honnery y no en el de elevado consumo energético previsto por la mayoría de los escenarios convencionales del 100 por cien renovables. El mundo que estos últimos crearían, centrado en el mantenimiento del nivel de derroche actual, no sería un mundo verde y agradable. Se consumirían hercúleas cantidades de fuerza de trabajo físico y mental, desaforadas cantidades de recursos físicos (Incluyendo inmensos tonelajes de combustibles fósiles) y se sacrificarían ecosistemas enteros de toda la superficie de la Tierra para generar más electricidad. Todo ello daría lugar un mundo bastante sombrío. Mientras la sociedad esté completamente centrada en la adquisición de suficiente energía para seguir conduciendo, volando y sobreproduciendo tanto como deseemos, hay pocas esperanzas de que vayan a ser resueltos otros problemas, como la enorme distorsión del poder político y económico y de la calidad de vida, o la opresión racial y étnica.

Dentro el movimiento por el clima, algunas personas creen en el dogma del 100 por cien y en el sueño que ofrece: que el acomodado estilo de vida estadounidense (el “American way of life”) pueda perpetuarse y ampliar su esfera de influencia sin variar el paso. Otras saben que se trata de un sueño imposible de color de rosa pero instan al movimiento a limitar la discusión pública sobre esas ensoñaciones verdes, porque hablar de una economía regulada de baja energía sería fatal para las esperanzas y el entusiasmo de los activistas de base.

El debate sobre la esperanza ignora la cuestión principal: ¿qué es lo que esperamos? Si nuestra esperanza es instalar la suficiente capacidad solar y eólica para mantener indefinidamente en las sociedades ricas del mundo la actual producción de energía, entonces sí, la situación es desesperada. Pero podemos mantener otras expectativas que, aunque de momento parezcan borrosas, al menos están a nuestro alcance: limitar el calentamiento producido por el efecto invernadero para que las comunidades actualmente empobrecidas y oprimidas de todo el mundo puedan mejorar sus vidas; que todo el mundo tenga suficiente acceso a comida, agua, refugio, seguridad, cultura, naturaleza y otras necesidades; o que se acabe la explotación y la opresión a los humanos y la naturaleza. Siempre hay esperanza, a menos que confundamos los sueños con la realidad.

Notas del traductor:

[1] Jornada de protestas realizada el día 29 de abril de 2017, en la que miles de personas en varias ciudades de Estados Unidos marcaron el centésimo día de gobierno del Presidente Donald Trumpmarchando en protesta contras sus políticas medioambientales .

[2] A mbientalista estadounidense , especialmente conocido ​ por sus escritos sobre el impacto del calentamiento global .

[3] La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration, NOAA) es una agencia científica del Departamento de Comercio de los Estados Unidos cuyas actividades se centran en las condiciones de los océanos y la atmósfera .

 Fuente : https://www.counterpunch.org/2017/09/14/100-percent-wishful-thinking-the-green-energy-cornucopia/