“El Papa santificó el terrorismo de Estado en Colombia”

“El Papa santificó el terrorismo de Estado en Colombia”
M.H.: Quisiera que compartas tu análisis de la visita del Papa Francisco a tu país.R.V.C.: En vista de la dictadura mediática se ha impuesto una visión que me imagino es la que se ha difundido en Argentina también. Se presenta a la visita del Papa como un signo de paz, como el cierre a un proceso de paz. Me parece que es algo muy superficial que, por el contrario, la visita del Papa a Colombia se ha convertido en una santificación del terrorismo de Estado.

Para explicar esta afirmación quiero señalar tres cosas, primero una de tipo histórico, en segundo lugar algo relacionado a la situación actual y en tercer lugar mirar el plan geopolítico de la visita del Papa.

Con respecto al primer punto, de tipo histórico, entre las actividades que desarrolló el Papa en Colombia fue concederle la beatificación a dos sacerdotes colombianos, uno llamado Pedro María Ramírez y otro Jesús Jaramillo. Lo significativo es que estos dos personajes en su vida fueron todo menos santos, sobre todo el primero, que fue un sacerdote muy comprometido en la persecución de liberales y militantes liberales en la década del ‘40 y murió luego de los sucesos del 9 de abril de 1948 (El Bogotazo).

Era párroco de un municipio ya desaparecido físicamente, el pueblo de Armero, Tolima, y el 10 de abril fue muerto por la multitud porque se señalaba que desde la sacristía había habido ataques armados a la población en los que participó este sacerdote. Y durante toda su trayectoria se caracterizó por tener un discurso antiliberal y anti comunista en el que prácticamente señalaba que matar liberales no era pecado. Si es este tipo de personajes los que santifica Francisco en su venida a Colombia está dando una muy mala señal, porque está santificando la conducta intolerante de sectores de la Iglesia, ahora avalados por el Vaticano y la curia colombiana.

Además, Pedro María Ramírez no fue muerto por ser un cura defensor de la moral cristiana sino porque fue militante armado del Partido Conservador que atacó a liberales, siendo un sacerdote en ejercicio. Práctica que no es excepcional en Colombia sino que más bien ha sido la pauta por parte de clérigos católicos a lo largo de la historia.

El segundo hecho que creo que hay que destacar de esta visita es la situación actual, y me refiero a lo que pasa en el país en estos últimos meses relacionado con el proceso de paz. Realmente el Papa vino a darle un apoyo político a Manuel Santos cuya gestión está totalmente desprestigiada dentro del país entre todos los sectores políticos y la opinión pública.

Pero además vino a una cosa mucho más importante que a nivel internacional no se ha recalcado: vino a santificar el terrorismo de Estado y a santificar a uno de los agentes fundamentales del terrorismo de Estado, como son las fuerzas militares. Si se hace un seguimiento, desde el momento en que aterriza el Papa y toca suelo colombiano, lo hace en un aeropuerto militar, no en uno civil. De ahí en adelante todo lo que se desarrolló estuvo relacionado con limpiar la imagen del Ejército colombiano y de las Fuerzas Armadas de este país. Desde el momento en que es recibido por altos oficiales, generales, las víctimas que se presentan ante él son soldados mutilados que participaron en el conflicto. Se negó a recibir a delegados de las FARC y siempre que se refirió a las víctimas, hizo mención a los victimarios, a las Fuerzas Armadas del Estado, o sea, que terminaron siendo víctimas y absueltos por el Papa por todos sus actos en todos los lugares donde estuvo. Siempre señalando que este era como un “Ejército de Dios” y son palabras que se repitieron de manera textual.

Al mismo tiempo participó en actos bochornosos y verdaderamente desagradables como cuando el jefe de las Fuerzas Armadas le entregó una virgen ataviada con prendas del Ejército colombiano. Esto muestra que hasta en el ámbito simbólico, discursivo, limpió la imagen criminal de las Fuerzas Armadas colombianas, que han sido un actor fundamental en la violencia que se ha desarrollado en este país en los últimos 70 años.

Y un tercer elemento que creo importante señalar es que el Papa como Jefe de Estado que es, Jefe de gobierno y no solo de una Iglesia, vino con una postura geopolítica opuesta al gobierno legítimo de Venezuela y desde antes de su llegada a Colombia había manifestado su oposición al gobierno de Maduro por su convocatoria a la Constituyente y luego prácticamente avaló la postura injerencista de Manuel Santos en los asuntos de Venezuela que es una postura abiertamente intervencionista en la que incluso se trabaja con la idea de que Colombia puede convertirse en un territorio de agresión hacia Venezuela dado que en este territorio hay muchas bases militares.

Desde este punto de vista podemos señalar que estos tres aspectos indican que la visita del Papa no fue una visita tan pacífica como generalmente se dice.

M.H.: Sin embargo habría que destacar que el jefe de las FARC le pide perdón a Francisco.

R.V.C.: Me parece que ese acto de solicitud de perdón del jefe de las FARC se presta a la discusión y al debate. Porque hablando de perdón, esta visita del Papa habría sido la ocasión para que las jerarquías católicas colombianas le hubieran pedido perdón al pueblo colombiano por su participación activa como actor de la guerra a favor del Estado y del terrorismo de Estado.

Esta hubiera sido la oportunidad para ese tipo de perdón. Pero la Iglesia colombiana, el Ejército colombiano y los medios de comunicación que están íntimamente relacionados con el desarrollo del conflicto armado en Colombia, nunca han pedido perdón y no lo van a pedir.

Hace unas semanas salió un artículo en la prensa que decía que sectores de la Iglesia colombiana reunidos en la ciudad de Medellín señalaron que no iban a pedir perdón y que no podían hacerlo pensando en el costo económico que eso significaría.

La iglesia no piensa en términos espirituales sino en términos terrenales. ¿Cuánto significaría en términos económicos pedirle perdón al pueblo colombiano por su participación directa como actor de guerra? Y este es el otro elemento que hay que señalar, en los EE UU se publicó hace unos años una investigación sobre el papel protagónico de la Iglesia en la violencia en Colombia, es una investigación que se llama “Casos de implicación de la Iglesia en la violencia en Colombia”, donde se señala la responsabilidad directa de la Iglesia colombiana desde los más altos niveles, desde las más altas jerarquías hasta sacerdotes de parroquia. Todo relacionado con el cumplimiento de órdenes, que incluso emanaban desde el Vaticano, anti liberales y anti comunistas.

Desde luego esto no quiere decir que en el seno de la Iglesia no hayan existido sacerdotes u obispos comprometidos con la liberación del pueblo colombiano, que hayan inclusive sido asesinados por ser de la Teología de la liberación. Eso es cierto y muestra el carácter contradictorio de la Iglesia en su funcionamiento real. Pero en términos de las jerarquías eclesiásticas su responsabilidad en la guerra es evidente y debe pasar a juicio histórico, incluso en términos de justicia penal, porque hay casos comprobados, como esta investigación que señalo, de responsabilidad de sacerdotes en apoyo a grupos paramilitares, relacionados con los altos poderes del Estado, porque el grupo de los “12 apóstoles”, que funcionó en un pueblo de Antioquia que se llama Yarumal, fue organizado por el hermano del que fuera Presidente, Álvaro Uribe Vélez. Está confirmado que un sacerdote aprovechaba el secreto de la confesión para darle información a los militares para que torturaran y desaparecieran a campesinos y habitantes de la región, acusados de ser guerrilleros o auxiliares de la guerrilla.

De tal manera que esta fue una ocasión propicia para que la Iglesia pidiera perdón, pero ese perdón no se vio por ningún lado y no hay perspectivas de que la Iglesia vaya a dar ese tipo de paso.

Santos admitió que el objetivo no era la paz sino el desarme de la insurgencia

M.H.: Otro tema sobre el que quería consultarte es la carta enviada a la ciudadanía por Henry Costa Patiño, facilitador de los diálogos de paz entre el gobierno nacional y las FARC que manifestó su descontento y preocupación por los incumplimientos que ha habido en torno a la implementación de los acuerdos de paz suscritos en La Habana.

R.V.C.: Yo creo que la realidad es muy contundente y muy dura y también muy difícil de admitir. A pesar de que no se ha cumplido un año de la firma de los acuerdos en su segunda versión. Prácticamente de parte del gobierno no se ha cumplido nada, el incumplimiento es absoluto. Y lo que va quedando claro, incluso el propio Manuel Santos lo expresó en una entrevista, es que el objetivo no era eso de la paz sino el desarme de la insurgencia. Como se ha conseguido, entonces ahora está claro que no se va a cumplir nada de lo que se había acordado. No se va a cumplir nada en términos agrarios, el cual es un tema neurálgico en el conflicto colombiano, que no haya ninguna modificación a favor de los campesinos, colonos y personas que no tienen tierra.

En términos de amnistía y de liberación de los presos políticos de las FARC, ha sido un proceso a cuentagotas y no ha avanzado sustancialmente. En términos de la reforma política y de la garantía de participación también está enredado por parte del Congreso. Hay una campaña mediática sistemática para desconocer todo lo que se firmó con las FARC. Ese es el panorama y en ese sentido todo lo que se diga respecto a ese incumplimiento es poco frente a la realidad.

Para completar, se están asesinando con una gran frecuencia a antiguos guerrilleros, está circulando la noticia, que no divulgan los grandes medios, sobre secuestros y asesinatos de desmovilizados de las FARC en Antioquia y otros lugares del país.

Esto indica que estamos asistiendo a un proceso similar al que se vivió con Unión Patriótica, sin que el Estado colombiano tome medidas para proteger a los guerrilleros, que era uno de los compromisos fundamentales al firmar el acuerdo para poder hacer política. Este es el contexto y el panorama que es verdaderamente preocupante.

M.H.: Tuve oportunidad de compartir el VI Encuentro Internacional de la economía de los trabajadores con el compañero Enciso que algunos nombran como el economista de las FARC. En ese encuentro hizo una exposición sobre los acuerdos de paz y me quedó una pregunta que no le pude hacer, te la voy a trasladar a vos: ¿acuerdos de paz o rendición?

R.V.C.: Las cosas se van desenvolviendo muy rápidamente en Colombia, creo que hay que señalar que cuando se llega a los diálogos no hay un proceso de derrota militar de la insurgencia, esa derrota militar nunca se dio, hasta el punto de que estamos hablando de la desmovilización de 10/12.000 guerrilleros. No hubo derrota militar pero desde luego estamos viendo que esto se está convirtiendo en una derrota política, que no creo que se pueda señalar que estuviera prefigurada desde antes, sino que tiene que ver con una serie de condiciones que se han venido dando en el país donde a mi modo de ver tienen una amplia responsabilidad la mayor parte de las izquierdas, porque no han comprendido la importancia del momento.

Desde ese punto de vista se ha llegado al caso de que lo que se ha privilegiado es el desarme y no la importancia de plantear reformas por parte de las izquierdas que vayan más allá de la participación electoral en esta coyuntura.

En ese sentido, las FARC han ido quedando cada vez más solas y eso en el futuro va a tener consecuencias, y así aparece como si hubiera sido una entrega, pero se firmó un acuerdo que no se está cumpliendo y que termina siendo profundamente negativo no solamente para las FARC sino también para la sociedad colombiana.

El endeudamiento como sistema

El endeudamiento como sistema

 

Anred

La deuda tiende a recuperar centralidad política y económica. Cada vez pesa más en el presupuesto y lleva a dilapidar recursos escasos, al mismo tiempo que empuja más y más a la subordinación del país a los organismos financieros internacionales.

Desde que asumiera el gobierno de Mauricio Macri su principal decisión ha sido volver al ciclo de endeudamiento, lo que está ratificado en la elevación al Congreso Nacional del proyecto de Presupuesto 2018 que revela que se continuará en ese sendero y muestra que las partidas que más crecen son las destinadas al pago de los servicios de la deuda.

La emisión de un bono a 100 años por parte del gobierno nacional fue más que emblemático. No solo sorprendió a unos y otros sino que volvió a darle centralidad política a la deuda. No tanto por el monto -2.750 millones de dólares- o el interés que es alto -se pagará de intereses unos 200 millones al año- sino por el plazo. Con esto el gobierno ha dado un mensaje al sistema financiero internacional, Argentina vuelve al mismo para no retirarse jamás.

Vaivenes de la deuda.

En lo que va de la recuperación democrática la deuda ha tenido momentos de fuerte centralidad política, pero todos y cada uno de los gobiernos de este tiempo se encargaron, uno tras otro, con la colaboración de los parlamentos, de desvalorizarla y dar la idea de que estaba bajo control.

Sucedió una y otra vez desde la salida de la dictadura. En tiempos del gobierno de Raúl Alfonsín las demandas del no pago de la deuda eran moneda corriente, incluso el Programa de los 26 puntos, en 1985 cuando al frente de la CGT estaba Saúl Ubaldini, contemplaba como prioritario establecer una moratoria del pago de los servicios de la deuda.
Los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rua mantuvieron una política de endeudamiento masivo sin que, salvo algunos sectores, hubiera demasiados cuestionamientos.

La deuda externa volvió al centro de la escena cuando en medio de la mayor crisis política y social de nuestro país el entonces presidente provisional Adolfo Rodríguez Saá declaró la suspensión unilateral de los pagos de la parte privada, ya que a los organismos se les siguió pagando religiosa y puntualmente.

Es en los tiempos del gobierno de Néstor Kirchner cuando se reestructura la deuda primero y luego se le paga al contado y por adelantado al FMI. Crecen entonces los debates y las críticas, pero el gobierno logra instalar la idea que el problema de la deuda se había resuelto para siempre.

Ya en los mandatos de Cristina Fernández de Kirchner -que se autodenominó “pagadora serial” ya que pagaba religiosamente todos los vencimientos de la deuda y se negó a investigarla- se inicia un proceso de cambiar deuda externa por interna hasta que reaparece un clásico de la economía argentina: la restricción externa (falta de dólares). El entonces ministro de economía Axel Kicillof preparó las condiciones para volver al endeudamiento (pagó a Repsol cuando había dicho que no se le pagaría nada; al Club de París, sin ni siquiera separar el monto de la deuda considerada odiosa, y al Ciadi, organismo de solución de controversias dependiente del BM). Pero apareció el juez Griesa con su fallo a favor de los llamados fondos buitre (compradores a precio vil de bonos que no ingresaron al canje producto de la reestructuración) que trabó el proceso. Claramente se trató del costo de no haberla investigado en su momento y la deuda volvió a generar grandes controversias.

El ciclo actual.

Finalmente al inicio del actual gobierno de Mauricio Macri se paga a los fondos buitre y se reinicia un nuevo ciclo de endeudamiento que por su monto y velocidad es inédito. El regreso a los llamados “mercados voluntarios de crédito” (léase endeudamiento) ha sido tan rápido que la deuda creció en torno a los 73.000 millones de dólares desde fines del 2015 a la actualidad. Es que hay un cambio en el financiamiento del déficit fiscal, si el gobierno anterior lo financiaba con emisión monetaria éste lo hace con endeudamiento.

Así, si a fines del 2015, la deuda (interna y externa) expresada en dólares alcanzaba a los 240.665 millones (53,5% del PBI), a diciembre de 2016 era de 275.446 millones (54,2 del PBI). El mensaje de elevación del proyecto de Presupuesto 2018 dice que 2017 cerrará con una deuda de 317.000 millones (58,7 del PBI), se estima que el 75 por ciento está expresada en moneda extranjera y el resto en pesos. Este monto incluye la deuda con el sector privado, con los organismos internacionales más la deuda intraestatal (Anses, BNA y BCRA). No incluye la deuda de las provincias y del BCRA por la emisión de Lebacs estimada en unos 62.000 millones.

Este veloz endeudamiento continuaría en el 2018, donde las necesidades de financiamiento según el proyecto presentado alcanzan a los 45.000 millones de en dólares. Cabe destacar que las partidas que más crecen son las destinadas al pago de la deuda (28,2 por ciento), especialmente los intereses que alcanzarán este año a los 13.400 millones (2 puntos del PBI).

Mecanismo perverso.

Financiar déficit con endeudamiento ha dado lugar a un mecanismo perverso. La rápida colocación de bonos de deuda a partir del 2016 hizo, que junto con lo proveniente de las exportaciones, ingresara al país una oleada de dólares que el BCRA debe comprar emitiendo pesos, pero como esa millonada de pesos se considera causal de inflación debe sacarla del mercado para lo que emite Letras (las superrentables Lebacs) que pagan altísimas tasas de interés. Esas tasas, que difícilmente se consigan en algún país del mundo, hacen que ingresen nuevos capitales especulativos, que con un tipo de cambio atrasado, obtienen una ganancia inédita, pero nuevamente el BCRA debe cambiar esos dólares por pesos y volver a esterilizarlos con tasas más altas que abultan el pago de intereses. Como se ve un círculo vicioso de nunca acabar.

La situación parece estar en una verdadera encerrona sin que por ahora se vea luz al final del túnel. Si el gobierno dejara de endeudarse tendría que emitir para financiar el déficit, pero en su concepción monetarista no puede seguir emitiendo a riesgo de realimentar el proceso inflacionario, que como se ve se resiste a bajar con la rapidez que se pensaba. Por ahora el BCRA solo trata de estirar los plazos de la Lebacs, pagando más del 27 por ciento por letras a 180 días, su presidente, Federico Sturzenegger acaba de decir que “no están dadas las condiciones para relajar la política monetaria en los próximos meses”. Continuar endeudando al país, con una economía que crece muy poco, corre el riesgo de caer una nueva crisis de la deuda, con las consecuencias previsibles. Este riesgo no es inmediato, pero sí potencial. La deuda exigible (sector privado y organismos internacionales) es del 28,5% del PBI, relativamente baja para los estándares internacionales, y el gobierno proyecta llevarla al 37,3% en el 2020.

Sin sustentabilidad.

La deuda tiende a recuperar centralidad política y económica, cada vez pesa más en el presupuesto y lleva a dilapidar recursos escasos, al mismo tiempo que empuja más y más a la subordinación del país a los organismos financieros internacionales. Esto abre la duda: cuál es la sustentabilidad financiera de este esquema fuertemente dependiente del endeudamiento externo en un mercado mundial que si bien está muy líquido y con tasas muy bajas, es muy frágil, especialmente la banca, y cualquier movimiento no previsto puede alterar los flujos y elevar las tasas.

Se requiere con urgencia la conformación de un frente político-social lo más amplio posible para hacer frente a este nuevo ciclo de endeudamiento, que comience por impugnar el bono a 100 años y que suspenda los pagos hasta que se investigue la deuda, al menos la contraída por el actual gobierno.

Eduardo Lucita, integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

Consideraciones en torno a la batalla mediática en América Latina

Consideraciones en torno a la batalla mediática en América Latina
En las ciudades de La Paz y Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, los días 27 y 28 de septiembre del corriente año tuvo lugar un seminario internacional para discutir el tema objeto de la presente nota. El evento reunió a un conjunto de analistas bolivianos e internacionales y también a dirigentes y militantes de los movimientos sociales de ese país para analizar una de las armas más virulentas de la contraofensiva lanzada por el imperio: la batalla mediática. Contó con la presencia de intelectuales bolivianos como Emilio Rodas, Hugo Moldiz y Katu Arkonada, y Gisela López, Ministra de Comunicación del Estado Plurinacional de Bolivia, en representación del gobierno boliviano. A estos se sumaron Randy Alonso Falcón (Cubadebate), Luis Hernández Navarro (La Jornada, México y TeleSUR), Érika Ortega Sanoja (corresponsal de RT en Venezuela), Otavio Antunes (Fundación Perseu Abramo de Brasil), Carlos Antonio Lozada (prensa FARC, Colombia), Juan Manuel Karg (Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad), Luis Bruschtein (Página/12) y el autor de esta nota.Imposible reseñar la variedad de asuntos tratados a lo largo de dos días de intensos debates, estimulados además por sendas reuniones con el presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera. No obstante, a la hora de señalar las principales conclusiones de este evento hubo un amplio consenso acerca de los graves riesgos que la intensificación de la contraofensiva imperialista -con su tropa de asalto mediática a la cabeza- entraña para la viabilidad misma de la democracia y la autodeterminación nacional en América Latina y el Caribe. El objetivo del desenfreno de Washington es inocultable: “restaurar las condiciones vigentes en esta región en vísperas del triunfo de la Revolución Cubana” como reza el documento final firmado por los participantes del encuentro. [1]

Instrumentos de esta iniciativa son las continuas presiones desestabilizadoras –a veces francamente destituyentes- que el gobierno de Estados Unidos ha venido ejerciendo en estos años con alevosía y perversidad en comunión con sus clientes locales. Blanco preferido de la agresión ha sido la Venezuela bolivariana, pero esta política también se ha aplicado, de modo apenas más disimulado, sobre todos los gobiernos progresistas del continente sin excepción. El reciente endurecimiento del bloqueo a Cuba impulsado por Donald Trump reitera la vigencia de esta pertinaz ofensiva contra la isla rebelde. Otras herramientas de esta estrategia son los mal llamados “golpes blandos” en donde una pandilla de jueces, legisladores y medios de comunicación derrocan “legalmente” y sin apelar a la intervención de las fuerzas armadas a gobiernos desafectos: Honduras en 2009, Paraguay en 2012 y Brasil en 2016 son otros tantos hitos de esta siniestra política, aparte de las tentativas fracasadas en Bolivia en 2008 y Ecuador en 2010. El asalto al poder de la derecha en Brasil en 2016 fue ejecutado por una cuadrilla de corruptos y mafiosos orquestados casualmente por la embajadora estadounidense Liliana Ayalde, la misma que dirigió el “golpe express” en contra de Fernando Lugo en Paraguay en 2012 (resuelto en menos de 24 horas) y que hoy se desempeña como jefa civil del Comando Sur. La involución democrática que padece la Argentina actual bajo el gobierno de Mauricio Macri y la intensificación de la presencia militar estadounidense en el área son otras tantas dimensiones de la guerra de reconquista lanzada por Washington con la ilusión de cerrar el desafiante paréntesis abierto con el triunfo de la Revolución Cubana el 1º de Enero de 1959.

El detenido examen de las distintas experiencias nacionales realizado en el seminario reveló que en fechas recientes la manipulación mediática y la absoluta irresponsabilidad de los medios de comunicación hegemónicos alcanzaron niveles sin precedentes en la región. De hecho, los grandes oligopolios multimedios que pululan en Nuestra América culminaron su inmoral tránsito desde el periodismo a la propaganda, abandonando la misión de ofrecer información verídica y objetiva para asumir, en cambio, el rol de agentes organizativos de los “partidos del orden”. Por lo tanto es inexacto referirse a ellos como “órganos periodísticos” porque han sufrido una mutación genética que los ha convertido en vergonzantes oficinas de propaganda de la derecha vernácula y sus amos estadounidenses. Conscientes de la verdadera estafa que esto implica para la opinión pública insisten en autodenominarse como “periodismo independiente”, aunque hacen cualquier cosa menos actuar como periodistas y honrar el derecho a la información. En su abominable involución su tarea ahora es atrofiar y adormecer la conciencia de la ciudadanía, idiotizarla con burdos programas de “entretenimiento” o transmisiones deportivas y descargar sobre el público un torrente de noticias maliciosamente tergiversadas y eternamente descontextualizadas y que se presentan como si fueran la obra de un “periodismo independiente, serio, objetivo, respetable”. Sin embargo lo que hacen estos medios es difundir una propaganda destinada a mantener a la población en la pasividad, sometida y obediente a los mandatos de sus dominadores y ahondar su despolitización para que la política termine siendo un monopolio de las clases dominantes.

Sin embargo, la degradación intelectual y moral de las masas es sólo una parte de la misión de estos grandes medios pseudoperiodísticos. Ante la debilidad de las fuerzas políticas de la derecha estos asumen las funciones propias de un partido del orden, tal como Antonio Gramsci lo advirtiera en sus clásicos estudios sobre el Risorgimento italiano. Y en línea con esa nueva función política fijan los lineamientos fundamentales que la derecha deberá llevar a la práctica en materia de política y economía doméstica así como el alineamiento internacional (es decir, sometimiento total a los dictados de Washington) que las fuerzas restauradoras deberán seguir para erradicar la plaga izquierdista, progresista o populista según los casos que se ha apoderado de América Latina y el Caribe. Su tarea incluye también la elaboración de la agenda concreta de trabajo de las organizaciones políticas de la derecha regional; el entrenamiento de sus cuadros y militantes; la fabricación y promoción publicitaria de sus candidatos y, por último, a través de sus imponentes aparatos comunicacionales, la manipulación de la opinión pública para que aquellos prevalezcan en las elecciones.

En este escandaloso escenario, líderes y gobiernos populares son víctimas de permanentes campañas de calumnias y difamaciones tendientes a satanizar a sus principales dirigentes, agigantar los problemas que enfrentan en sus países a la vez que ocultar cuidadosamente la tragedia que aflige a otros. Así, las mortales amenazas a la libertad de expresión se encuentran en Venezuela, no en México, en donde once periodistas fueron asesinados en lo que va del año y más de un centenar desde principios de siglo. Para esas agencias de propaganda Nicolás Maduro es sin duda alguna un contumaz dictador, y Michel Temer, el mafioso que usurpó la presidencia de Brasil, un prudente estadista. Las víctimas fatales de las “guarimbas venezolanas” de este año son una prueba escandalosa del despotismo del “régimen”, y fueron noticia en primera plana, día a día durante más de cuatro meses; pero los 120.000 que murieron en México en la fútil “guerra contra el narcotráfico” fueron invisibilizados al igual que los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Del mismo modo, esa prensa que no ahorra adjetivos para descalificar a los gobiernos progresistas nada dice sobre los más de veinte líderes de las FARC-EP asesinados en los últimos meses en el marco del actual “proceso de paz” de Colombia, para ni hablar de los casi doscientos militantes de base asesinados en el último año y medio y los siete millones de desplazados por el paramilitarismo y el narcotráfico. En la Argentina los medios hegemónicos apelan a miles de argucias y falsedades para ocultar que un joven ciudadano, Santiago Maldonado, fue aprehendido por la Gendarmería y desde entonces está desaparecido; o que hay una parlamentaria del Mercosur y líder de un importante movimiento social, Milagro Sala, que hace casi dos años está en prisión sin haber sido condenada por ningún delito. Casos como estos que hemos reseñado se multiplican a lo largo y a lo ancho de toda la geografía latinoamericana y caribeña pero estos trágicos acontecimientos no llegan a ser noticias porque la misión de los grandes medios es precisamente impedir que esto se sepa, o si tal cosa es imposible hacer todo lo posible para minimizar su visibilidad o inventar alguna que otra noticia espectacular que distraiga la atención de la ciudadanía y se olvide del otro tema. ¡Imagínense cual habría sido la reacción de esos medios de propaganda si el gobierno de Nicolás Maduro hubiera enviado a la Guardia Nacional Bolivariana a secuestrar las urnas del ilegal referendo convocado por la MUD el pasado 16 de julio y hubiera maltratado y golpeado a casi un millar de votantes como este domingo 1º de octubre lo hizo el gobierno de Mariano Rajoy durante la realización del referendo en Catalunya! La noticia habría sido primera plana mundial durante días y días, y los escribas de la derecha habrían literalmente incendiado el continente con las denuncias en contra de tan brutal atropello a lo que ellos mismos conciben como la esencia de la democracia. No ocurrirá lo mismo con las tropelías perpetradas por el gobierno de Rajoy; nadie dirá, como lo hacen con incurable estulticia de Maduro, que “Rajoy es un dictador.” Esas agencias de propaganda del imperio y la derecha protegen a sus mandaderos, hicieran lo que hicieren.

En suma, la historia corrigió a Karl Marx y ahora los medios -no de comunicación sino de “in-comunicación” y desinformación, o al decir de Noam Chomsky, medios de “confusión de masas”- han reemplazado a la religión para convertirse en “el opio de los pueblos”. Esta involutiva mutación fue precozmente reconocida por Gilbert K. Chesterton en 1917 al decir que los medios “son por su misma naturaleza, los juguetes de unos pocos hombres ricos. El capitalista y el editor son los nuevos tiranos que se han apoderado del mundo. Ya no hace falta que nadie se oponga a la censura de la prensa. No necesitamos una censura para la prensa. La prensa misma es la censura. Los periódicos comenzaron a existir para decir la verdad y hoy existen para impedir que la verdad se diga.” Sus palabras son una vibrante radiografía de la situación de la escena mediática en el mundo de hoy. Sin quitar o poner una coma retratan la situación de los medios en Latinoamérica.

La estrategia concertada de los grandes conglomerados de la comunicación -coordinada desde Estados Unidos por ejemplo a través del Grupo de Diarios de América, con sede en Miami- impone una asfixiante uniformidad de temas, noticias y opiniones en todos los países del área. El GDA dice lo que hay que informar y lo que no debe ser informado. Dice también qué es lo que hay que opinar, quiénes deben hacerlo y cómo. Basta con recorrer las páginas de los principales periódicos de la región o los programas televisivos con mayor audiencia para comprobar, por ejemplo, que hace mucho tiempo la principal noticia procedente del exterior (cuando no la única) es, invariablemente, Venezuela. Para la canalla mediática un mundo tan convulsionado como el actual tiene un solo punto de referencia, y es lo que ocurre en la tierra de Bolívar y Chávez. ¿Hay riesgo de una guerra termonuclear en la península norcoreana? ¿Que la OTAN desplegó sobre la frontera rusa el mayor contingente de fuerzas militares desde la Segunda Guerra Mundial? ¿Siria es desangrada por unos terroristas creados por Occidente? ¿El jihadismo aterroriza a Europa y amenaza con expandirse por todo el mundo? ¿El presidente de Estados Unidos, que controla el mayor arsenal nuclear del planeta, es caracterizado por la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos como una personalidad emocionalmente inestable e inepta para desempeñar un cargo de tanta trascendencia? ¿Miles de muertos en Yemen por la agresión de una alianza formada por Saudiarabia, Israel y las potencias occidentales? Nada.Todas estas cosas son nimiedades. La noticia es Venezuela; las secciones “internacionales” de la prensa latinoamericana sólo hablan de ese país, como si no existiera ningún otro en el mundo. Puede haber alguna que otra ocasional referencia a noticias del ámbito internacional, pero “la noticia” del exterior, la que precipitará un aluvión de editoriales y notas de opinión será siempre la situación venezolana. Decíamos que esto no es casual, sino que obedece a una estrategia consciente y de alcance regional. Por eso quienes hemos participado en el seminario exhortamos a los gobiernos y los movimientos sociales y las fuerzas políticas progresistas latinoamericanas y caribeñas a dar pasos hacia la conformación de una vasta red de alcance continental capaz de enfrentarse a las mentiras, tergiversaciones y manipulaciones de las oligarquías mediáticas neocoloniales de la región. Existen en Latinoamérica valiosas expresiones de un periodismo fiel a su misión de informar con objetividad. Pero, hasta ahora, se trata de iniciativas aisladas que será necesario integrar y coordinar para desarrollar una estrategia común capaz de enfrentarse al poderío de las oligarquías mediáticas que abruman a nuestros pueblos. Como recomendaba Martí, “plan contra plan”. Si el de ellos es una coordinación continental de mentiras y calumnias el nuestro debe serlo para hacer que la verdad aparezca con todas sus luces.

El seminario concluyó manifestando su apoyo a la propuesta de los movimientos sociales de Bolivia de respaldar la repostulación del presidente Evo Morales Ayma a un nuevo mandato, denunciando además el escandaloso doble rasero del “periodismo independiente” que saludó el reciente triunfo de la Canciller alemana Angela Merkel para iniciar un cuarto turno de gobierno mientras que agravia y condena sin atenuantes al presidente Evo por tratar de hacer lo mismo en Bolivia. En un caso se trata de la capitalización de la experiencia adquirida por largos años de gobierno y la maduración que éstos le otorgan a una estadista como la Merkel. En el otro, expresión de una turbia aspiración a eternizarse en el poder y destruir la democracia destruyendo el crucial principio de la alternancia en el poder. Los participantes del evento manifestaron asimismo su beneplácito ante la iniciativa de declarar el 9 de Agosto “como el “Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses contra la Humanidad”, conmemorando la fecha en la que Estados Unidos arrojó su bomba atómica sobre la indefensa ciudad de Nagasaki y se comprometieron a promover su lanzamiento oficial el año próximo. Son crímenes que ponen en jaque la supervivencia misma de la especie humana y ante los cuales la indiferencia se convierte en complicidad. En síntesis: este magnífico seminario permitió refinar el diagnóstico sobre la escena mediática en América Latina y el Caribe, aquilatar los perniciosos efectos del creciente control de la información y los medios de comunicación en manos de oligarquías neocoloniales y profundamente refractarias ante las exigencias de la democracia y, por último, comenzar a diseñar una propuesta para establecer en Nuestra América un nuevo orden informativo internacional compatible con los anhelos emancipatorios y democráticos de nuestros pueblos.

Nota:


[1] Ver la declaración en Cubadebate: http://www.cubadebate.cu/noticias/2017/09/29/concluye-en-bolivia-seminario-internacional-sobre-ataques-mediaticos-a-gobiernos-progresistas/#.WdEdjGjWxPY

Los mexicanos ante el terremoto

Los mexicanos ante el terremoto
Brecha
El centro parecía una fiesta. A las 11 de la mañana estaba programado un simulacro de evacuación en caso de terremoto, en una fecha más que simbólica: el 19 de setiembre de 1985 la tierra tembló dejando un reguero de destrucción y muerte, en el mayor sismo de la historia reciente de México. Más de 10 mil muertos, aunque la cifra exacta nunca se conoció, y alrededor de 800 edificios derrumbados. El gobierno de la época fue un monumento a la ineficiencia y la solidaridad fue la que salvó vidas, recuperó cuerpos sepultados y trasladó heridos.A las 11 de la mañana de este 19 de setiembre, 32 años después, era difícil abrirse paso entre los miles de funcionarios que colmaban las aceras de la Colonia San Rafael, una de las más afectadas por lo que sucedería dos horas después. Una serena algarabía emergía de los cientos de grupos que festejaban, quizá, el tiempo libre fuera de la supervisión de sus jefes.

Cuando la tierra tembló, los edificios se tambaleaban y costaba mantenerse en pie, se trataba apenas de mirar hacia arriba para detectar algún peligro, la caída de algo grande sobre las cabezas. “Pinche temblor”, gritaban algunos cuando todavía el mundo se movía frenéticamente alrededor.

Después sobrevino una tensa calma; miles se agolpaban en las aceras, ahora con rostros serios, con la premonición de la tragedia estampada en los gestos. Enseguida apareció la certeza de que estábamos metidos en una inmensa ratonera de la que sería difícil salir. Millones de coches inmovilizados, semáforos apagados, la luz y el agua cortadas y una incertidumbre que crecía como una sombra amenazante. Avanzamos unos metros y paramos.

El primer rasgo que toma la solidaridad son los cientos de espontáneos que ordenan el tránsito agitando pañuelos. Algunas personas acompañan a los que entraron en pánico hasta los centros de salud. Los más decididos, jóvenes casi todos, van corriendo hasta los edificios colapsados para ayudar en el rescate. Empezaron a despejar escombros con las manos y con las pocas herramientas que se conseguían. Llegaron tres horas antes que la Armada, encargada por el gobierno de socorrer a las víctimas.

En cuanto paró de temblar vinieron corriendo los vecinos, porque los que están más cerca son los primeros que responden. La proximidad es ley. Una hora más tarde, hombres y mujeres habían armado un sistema que funcionaba bajo la básica regla de sacar escombros y entrar baldes vacíos con los que ídem. No es que la gente ayude en el rescate, la gente es el rescate.

En uno de los edificios de ¡seis pisos! que cayó en un barrio símil Parque Rodó –no en aspecto sino en perfil socioeconómico– había tres sectores, con cuatro filas cada uno, que iban desde el pie de la pirámide trunca de escombros hasta la calle. Por las filas del medio, grupitos de gente sacaban los pedazos más grandes y pesados que estructuraron la casa, mientras que las líneas de los bordes funcionaban como cintas transportadoras en direcciones opuestas. Las cosas de la gente que ahí vivía aparecían por todas partes: una bota sin compañera, una foto que no perdió el marco de vidrio a pesar de los 7,1 Richter que la sacudieron; y un obrero, mago del cincel y del martillo, que separa en segundos grandes pedazos de pared, que se entretiene un rato mirándola antes de tirarla al vacío que fue patio trasero.

Si los bomberos y los rescatistas de la división de Protección Civil mantuvieron una relación cordial con la gente, indicándole, por ejemplo, que estaban escarbando en un punto que agregaba más peso a la estructura, en vez de alivianarla, todo cambió cuando llegaron los militares de la Armada, que pretendieron sacar a la gente a los gritos. Pero como en ese momento los de verde eran minoría, pronto se los tragó la cadena de trabajo que no paró, aunque se lo ordenaran fuerte. Una minivictoria de la vida contra la militarización de todo.

Ya para la tarde, en torno a la mayoría de los derrumbes se había formado una cadena de policías con escudos que no permitían la libre entrada de la gente a colaborar. Para el segundo día, eternas filas de jóvenes con palas, carretillas y cascos de construcción esperaban horas a que la autoridad les permitiera prestar sus manos para remediar el desastre. Fue la respuesta de arriba para frenar la acción de abajo: dejar a la gente fuera, esperando.

El aluvión, igual, se sigue viendo en la cantidad de donaciones que desbordan los centros de acopio. En la calle hay un clima agitado, como de pecho inflado por la respuesta colectiva. Todo el mundo colabora en la manera que puede, pero los más visibles son los jóvenes pos 85: no vivieron el sismo anterior, pero eso no importa, porque aquella respuesta colectiva ante la inacción estatal fue una lección que quedó metida en la memoria de todos. Los mexicanos se cobijan en su capacidad de respuesta, que es genuina y espontánea, y deciden que sea esa la identidad que se han creado para sí.

La solidaridad es el milagro de la vida. Como una manta gigantesca que abriga en medio del colapso. Una solidaridad que saca lo mejor de los seres humanos, incluso en esta ciudad inhóspita, esculpida por el individualismo del consumo y los valores que arrastra. Es imposible no pensar que la única salvación posible nace de esa ternura que aún practican los pueblos y que ya nada podrá revertir.

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