La muerte electoral de un gobierno

Perú
La muerte electoral de un gobierno

El 4 de julio recién pasado protestas multitudinarias sacudieron prácticamente todo el territorio del Perú, motivadas por legislaciones que avanzan en privatizar la educación superior y recortar derechos laborales de trabajadores públicos aún por debajo de los estándares internacionales del siglo XX. Dos días después, tras dos años de silencio al respecto y casi 3 millones de soles gastados por su despacho de primera dama, la poderosa esposa del presidente, Nadine Heredia, anuncia públicamente que no será candidata presidencial en las elecciones de 2016, sepultando objetivamente casi cualquier posibilidad real del nacionalismo de alcanzar nuevamente el gobierno en el próximo período.

En ese contexto, volvemos a entregar un artículo que escribiéramos hace exactamente un año, donde analizando los hechos de entonces proyectábamos un derrotero como el actual.

El profuso uso en manifestaciones de un ataúd con el nombre del presidente, muestra no sólo la creatividad del descontento popular, sino que simboliza, trasmite y hace explícito un hecho objetivo: antes de un año de gobierno, éste ya ha muerto como lo que fue, una opción electoral de mayorías. Una mala noticia para las expectativas electorales de la pareja presidencial. También para quienes vieron en la salida en masa de los mejores cuadros intelectuales, técnicos y profesionales progresistas del gobierno la gran oportunidad de quedarse y trepar sin necesidad de otro mérito que la incondicionalidad a lo que sea que se haga.

Confundiendo pragmatismo con errores políticos fundamentales, han perdido irremediablemente la base electoral que los convirtió en alternativa política, no por el carisma de la pareja presidencial, como los zalameros con que han terminado rodeados les han hecho creer, sino porque representaban y supieron dar salida política al intento por encarar y buscar soluciones reales y sustentables a los profundos problemas y descontentos estructurales que plantea el actual modelo económico y político del país, caracterizado por su dependencia primario exportadora de recursos naturales, su centralismo limeño y su impronta autoritaria y represiva.

Asimismo, han perdido el apoyo electoral de centro que fue forzado por el apoyo activo de esa base electoral descontenta a entender esa necesidad estructural y buscar un camino no autoritario para dar una salida viable al país. Y que ve ahora que este gobierno es más incapaz aún que los anteriores para buscar otras respuestas que no sean la represión y la permanente crisis de los estados de emergencia. Finalmente, está muy claro que no han logrado ni de lejos conquistar la base electoral de la derecha en Lima, cuyos principales voceros: los monopolios mediáticos y sus representantes políticos, a pesar de que el gobierno les ha entregado en bandeja de plata la dirección de todos los asuntos y los puestos clave del estado, les echa públicamente en cara ser responsables de la crisis actual, ya que habrían exacerbado las expectativas con sus promesas electorales. Lo cual es objetivamente cierto, aunque no por las promesas electorales de la pareja, sino por la experiencia histórica y la consciencia de los pueblos de regiones y de las fuerzas progresistas de haber vencido a esos mismos monopolios mediáticos y representantes de la vieja elite política, haciendo valer la democracia para imponer una alternativa electoral distinta. Conjuntamente, los culpan y presionan, acusándolos de “blandos”, exigiendo todavía más mano dura y represión, en torno a la defensa cerrada del premier Valdés.

El absoluto desgaste del estado de emergencia, que se supone prohíbe reuniones, y de la represión desatada para disuadir por el terror el descontento masivo de la población, corre paralelo a este desgaste electoral, que ya hace unas semanas, con ocasión de un acto público por el cumpleaños del presidente Humala, mostró cómo, de la espontánea euforia popular de masas motivadas por el llamado histórico, programático, se pasa silenciosa pero significativamente a la vieja y tradicional “portátil”, que con recursos e incentivos estatales para facilitar el traslado y motivar la asistencia, logra acarrearse para la ocasión, tal cual todos los gobiernos anteriores desde la dictadura de Fujimori que patentó el mecanismo.

Lo que al gobierno anterior del APRA le tomó cinco años, para terminar, a pesar del uso de todos los recursos del estado en la campaña electoral, con apenas una mínima bancada, al límite legal de cinco congresistas (y según muchas versiones con una pequeña ayudita de la entidad electoral, ONPE), a la pareja presidencial le ha tomado apenas 8 meses, desde que dieron el auto golpe de estado programático, expulsaron a quienes diseñaron la propuesta de gobierno original, y pusieron al actual premier Oscar-estado de emergencia-Valdés a poner (des)orden.

Con suerte, si el desgaste no llega a niveles insostenibles, la pareja presidencial, aunando a quienes permanezcan como incondicionales (lo cual, como ya se ha hecho evidente, baja objetivamente el nivel de cuadros, discursos y propuestas que sean capaces de mostrar) y a un mínimo nuevo electorado (a estas alturas, esto depende de los errores que puedan cometer las opciones de derecha, de centro y progresistas y no de lo que pueda hacer la pareja presidencial), lograrán apenas un trocito de la torta política en las próximas elecciones, lo cual les permitirá una mínima existencia política entre la vieja elite, pero abrirá también una dinámica de conflictos entre quienes hayan sacrificado su imagen política a su lado con el norte de obtener a cambio algún ascenso en el estado, sin que se haya logrado entonces suficiente para todos.

Es una triste realidad para ellos, pero no más triste que la de los excluidos de siempre que hoy, por enésima vez, son impunemente asesinados, primero simbólicamente como “extremistas ideológicos… que deben atenerse a las consecuencias” (según el presidente del país), y después físicamente, como a “perros”, como grita, rebosante de impunidad, un policía a la población de Cajamarca.

Blog del autor: http://ricardojimeneza.blogspot.com/

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Dialogos Salvador Allende – Fidel Castro

Mensaje de las calles

Mensaje de las calles
Alainet

Las manifestaciones en las calles del Brasil traen de cabeza a los analistas y cientistas políticos. Dirigentes partidarios y líderes políticos se preguntan perplejos: ¿quién lidera ese movimiento si nosotros no estamos en él?

Recuerdo cuando dejé la cárcel a fines de 1973. Al entrar en ella, cuatro años antes, predominaba el movimiento estudiantil en la contestación a la dictadura. Al salir encontré un movimiento social -comunidades eclesiales de base, oposición sindical, grupos de madres, lucha contra la carestía- que me sorprendió. Desde lo alto de mi vanguardismo elitista me hice la pregunta: ¿cómo es posible si nosotros los líderes estábamos encarcelados?

Con esa misma perplejidad encaró Marx la Comuna de París en 1871; la izquierda francesa el Mayo de 1968; y la izquierda mundial la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética en 1989.

“La vida sobrepasa a la idea”, decía mi hermano de hábito santo Tomás de Aquino en el siglo 13. Ahora aquí, en el Brasil, todos los liderazgos políticos encaran confusos y despechados las recientes manifestaciones de la calle. Con el mismo interrogante envidioso con que la izquierda histórica del Brasil miró el surgimiento del PT en 1980: ¿qué historia es ésa de que ahora los proletarios quieren ser la vanguardia del proletariado?

Históricamente éramos los líderes de la izquierda brasileña hombres oriundos de la clase media (Astrogildo Pereira, Mario Aves y João Amazonas), de los círculos militares (Prestes, Gregorio Bezerra, Apolonio de Carvalho) y de la intelectualidad (Gorender y Cayo Prado Junior). Marighella fue uno de los pocos líderes de las clases populares.

El mensaje de las calles es sencillo: nuestros gobiernos se alejaron de la base social. Para usar una categoría marxista, la sociedad política se divorció de la sociedad civil, peligro al que ya aludí en el libro “La mosca azul. Reflexión sobre el poder”, en el año 2005.

La sociedad política -ejecutivo, legislativo y judicial- se convenció de que representaba de hecho al pueblo brasileño y mantenía bajo control a los movimientos representativos de la sociedad civil, como sucede hoy con la UNE y la CUT.

No sólo de pan vive el hombre, indicó Jesús. Aunque diez años de gobierno del PT hayan mejorado las condiciones sociales y económicas del país, el pueblo no vio saciada su hambre de belleza (educación, cultura y participación política).

El gobierno del PT optó por una gobernabilidad asegurada por el Congreso Nacional, en el que todavía perduran los “300 pícaros” denunciados por Lula. Se despreció la gobernabilidad apoyada en los movimientos sociales, como hizo Evo Morales, con éxito, en Bolivia.

De ese modo nuestro gobierno poco a poco perdió los anillos para conservar los dedos. Creyó que todo permanecería como antes en el cuartel de Abrantes. Sea porque la oposición está deteriorada por sus propios pleitos internos, sea porque considera a Eduardo Campos y a Marina Silva meros instrumentos de ensayo.

Lo que ni la Abin (ojos y oídos secretos del gobierno) previó fue el súbito tsunami popular invadiendo las calles del país en pleno período de la Copa de Confederaciones, cuando se esperaba que todos estuvieran con su atención puesta en los juegos.

Ahora el gobierno inventa el discurso de que sin partidos no hay política ni democracia. Pero basta con una hora de clase de enseñanza media para aprender que la democracia nació en Grecia muchos siglos antes de la era cristiana y mucho antes aún de la aparición de los partidos políticos.

Hoy la mayoría de los partidos niega la democracia al impedir un gobierno del pueblo con el pueblo. No basta con pretender gobernar para el pueblo y ya considerarse demócrata. El pueblo en las calles exige nuevos mecanismos de participación democrática, mientras manifiesta su desconfianza en los partidos. Éstos están obligados a renovar sus métodos políticos o serán atropellados por la sociedad civil.

He ahí el mensaje de las calles: democracia participativa, no sólo delegativa, o sea gobierno del pueblo con el pueblo y para el pueblo. Eso no es utopía, desde que no se considere modelo perpetuo el pluripartidismo y se admita que el régimen democrático puede y debe generar nuevos estilos de participación popular en las esferas del poder.

Frei Betto es escritor, autor de “Calendario del poder”, entre otros libros. www.freibetto.org/

Fuente: http://www.alainet.org/active/65418