Simultánea de Ajedrez en Quinta Normal

En el primer semestre del 2013 el C.C.P. dio una simultánea gratuita a una junta de vecinos de la comuna de Quinta Normal, el entusiasmo de parte de los jugadores (en su mayoría niños) fue muy gratificante. De antemano felicitamos a la organización de los pobladores; en especial al profesor y dirigente sindical Guillermo Gatica, que sin lugar a dudas son un ejemplo ante el individualismo brutal del sistema capitalista actual. La simultánea fue dada por el MF Job Sepúlveda, aproximadamente a unos 20 tableros.

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La vigencia de Marx

La vigencia de Marx

El artículo del lúcido politólogo Antonio Zapata,  publicado ayer en el diario La República, me suscita esta breve reflexión: El reto primero es estudiar a Marx, después analizarlo, y, finalmente, criticarlo. No me parece demostración de honestidad intelectual, oponerse a Marx como lo hacen quienes nunca lo han leído.

No hay que perder de vista que Marx no creó ningún “marxismo”. Se interesó por conocer, más que la lógica del liberalismo, la lógica del capitalismo. Y puso su atención en el embrión de la economía capitalista: la mercancía. De este estudio dedujo la ley de la plus valía y la ley del valor. Las dos, dentro del sistema capitalista, engendran, de un lado una enorme pobreza y de otro, una enorme riqueza. Y pobreza no necesariamente a los “ociosos” que no trabajaban, sino a los que ataban su destino a la máquina y eran explotados por una jornada de hasta más de dieciséis o diecisiete horas, que equivalían a la muerte.

Posteriormente, cuando avanzó en sus estudios, llegó a la conclusión que la plus valía era la acumulación de la riqueza, producto del trabajo, que genera acumulación capitalista y que en verdad no es más que un hurto encubierto. Hasta antes de Marx ninguna corriente económica había podido explicar de manera científica, racional y lógica, este fenómeno.

Entonces los capitalistas le dedicaron todos sus odios. Paradójicamente todos los centros de estudios universitarios del mundo incorporaron a su sílabo de estudios los ítems: fuerzas productivas, relaciones de producción, modos de producción. Todo esto fue aporte de Marx.

Pero, no se quedó ahí. Estudió filosofía (el ser determina la conciencia). Sin ésta no habría podido encontrar las causas y el origen de las ideas. También estudió dialéctica y se hizo materialista dialéctico, que le permitió entender que el movimiento es una ley y que la  historia es continuidad y cambio.

Ubicó las leyes fundamentales de la dialéctica. Precisó que las contradicciones en su grado extremo se hacen antagónicas, cuando ello ocurre, aparecen las revoluciones.  Entonces el odio del empresariado se elevó a su ene potencia.

Hizo del materialismo dialéctico su método de estudio e investigación. Sustentó la  necesidad de una sociedad nueva, que no surgiría de los deseos de alguna personalidad fantasiosa. Si las sociedades históricamente cambiaron, por qué no iba a cambiar una sociedad como la que vivió Marx? Si la vieja sociedad comunitaria primitiva, la inhumana sociedad esclavista, la ociosa sociedad feudal, habían cambiado, por qué la depredadora sociedad capitalista debía ser eterna? Entonces formuló su teoría de la viabilidad de la sociedad socialista y comunista. Y ahí están los resultados. Avances y retrocesos.

Hoy todos los sectores retrógrados del mundo quieren que se vea a Marx como una pieza de museo, como espécimen de periodos de grandes modificaciones físicas del planeta, cuando los dinosaurios iban desapareciendo.

Pero Marx, está ahí, con sus ideas, resistiendo y ayudando a entender el mundo de hoy. Claro, la criatura globalizada del capital lo sigue satanizando. No nos extraña.

Cuento “Laguna” – Manuel Rojas

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Laguna

De aquella época de mi vida, ningún recuerdo se destaca tan nítidamente en mi memoria y con tantos relieves como el de aquel hombre que encontré en mis correrías por el mundo, mientras hacía mi aprendizaje de hombre.
… Hace ya muchos años. Al terminar febrero, había vuelto del campo donde trabajaba en la cosecha de la uva. Vivía en Mendoza. Como mis recursos dependían de mi trabajo y éste me faltaba, me dediqué a buscarlo. Con un chileno que volvía conmigo, recorrimos las obras en construcción, ofreciéndonos como peones. Pero nos rechazaban en todas partes. Por fin alguien nos dio la noticia de que un inglés andaba contratando gente para llevarla a Las Cuevas, en donde estaban levantando unos túneles. Fuimos. Mi compañero fue aceptado en seguida. Yo, en ese entonces, era un muchacho de diecisiete años, alto, esmirriado, y con aspecto de débil, lo cual no agradó mucho al inglés. Me miró de arriba abajo y me preguntó:
… -¿Usted es bueno para trabajar?
… -Sí –le respondí-. Soy chileno.
… -¿Chileno? Aceptado.
… El chileno tiene, especialmente entre la gente de trabajo, fama de trabajador sufrido y esforzado y yo usaba esta nacionalidad en esos casos. Además mi continuo trato con ellos y mi descendencia de esa raza me daban el tono de voz y las maneras de tal.
… Así fue cómo una mañana, embarcados en un vagón de tren de carga, hacinados como animales, partimos de Mendoza en dirección a la cordillera. Eramos, entre todos, como unos treinta hombres, si es que yo podía considerarme como tal, lo cual no dejaba de ser una pretensión.
… Había varios andaluces, muy parlanchines; unos cuantos austríacos, muy silenciosos; dos venecianos, con hermosos ojos azules y barbas rubias; unos pocos argentinos y varios chilenos.
… Entre estos últimos estaba Laguna. Era un hombre delgado, con las piernas brevemente arqueadas, el cuerpo un poco inclinado, bigote lacio de color que pretendía ser rubio, pero que se conformaba modestamente con ser castaño. Su cara recordaba inmediatamente a un roedor: el ratón.
… Le ofrecí cigarrillos y esto me predispuso a su favor. Me preguntó mi edad y al decírsela movió la cabeza y suspiró:
… -¿Diecisiete años? Un montoncito así de vida.
… Y señalaba con el pulgar y el índice una porción pequeña e imaginable de lo que él llamaba vida.
… Usaba alpargatas y sus gruesas medias blancas subían hacia arriba aprisionando la parte baja del pantalón. Una gorra y un traje claro, muy delgado, completaban su vestimenta que, como se ve, no podía ser confundida con la de ningún elegante. A la hora del almuerzo compartí con él mi pequeña provisión y esto acabó de atraerlo hacia mí. Más decidor ya, por efecto de la comida, me contó algo de su vida; una vida extraña y maravillosa, llena de viscisitudes y de pequeñas desgracias que se sucedían sin interrupción. Hablando con él, observé esta rara manía o costumbre: Laguna no tenía nunca quietas sus piernas. Las movía constantemente. Ya jugaba con los pies cambiando de sitio o posición una maderita o un trocito de papel que hubiera en el suelo; ya las movía como marcando el paso con los talones; ya las juntaba, las separaba, las cruzaba o las descruzaba con una continuidad que mareaba. Yo supuse que esto provendría de sus costumbres de vagabundo, suposición un tanto antojadiza, pero yo necesitaba clasificar este rasgo de mi nuevo amigo. Su cara era tan movible como sus piernas. Sus arrugas cambiaban de sitio vertiginosamente. A veces no podía yo localizar fijamente a una. Y sus pequeños ojos controlaban todo este movimiento con rápidos parpadeos que me desconcertaban.
… -¿De dónde es usted, Laguna?
… (¿Por qué se llamaría Laguna? ¿Sería un mote o un nombre? Nunca lo supe.)
… Contestóme:
… -Soy chileno; de Santiago. Pura araucanía.
… Parecía tener el orgullo de su raza y seguramente decía aquella última frase para significar que era un chileno de pura sangre araucana.
… En el tren intimamos mucho. Los demás no me llamaban la atención. Laguna era una fuente inagotable de anécdotas y frases graciosas. Mi juventud se sentía atraída por este hombre de treinta y cinco años, charlador inagotable, cuya vida era para mi adolescencia como una canción fuerte y heroica que me deslumbraba. Su tema favorito era su mala suerte
… -Yo soy roto muy fatal, hermano. Usted se morirá de viejito, le saldrá patilla hasta para hacerse una trenza y nunca encontrará un hombre tan desgraciado como yo.
… El dolor de su vida, en lugar de entristecerme, me alegraba. Contaba sus desgracias con tal profusión de muecas e interjecciones, que yo me reía a gritos. Se paraba un instante, se ponía serio y me decía:
… -No se ría de la desgracia ajena; eso es malo.
… Y seguía contando. En las partes que él consideraba trágicas o patéticas, sus ojos se cerraban y sus orejas, largas y transparentes, parecían trasladarse hacia la nuca.
… -Y entonces, cuando gritaron: ¡cuidado, que vamos a largar!, yo me hice a un lado, el poste cayó, una piedra saltó y me rompió la cabeza.
… Sus arrugas tornaban a su posición normal, sus ojos se abrían, las orejas volvían al sitio predilecto y me miraba para ver qué impresión hacía en mí su relato.
… -¡Ja, ja, ja! ¡Qué Laguna!
… Y toda la peonada hacía coro a mis risas.
*** *** ***
… Al anochecer del mismo día llegamos a Las Cuevas. Yo conocía la cordillera por haberla atravesado dos veces en mi niñez, pero de ella no guardaba más recuerdo que el de una mulita muy suave, un arriero que me cuidaba, de un coche que rodaba entre dos murallas de nieve y de mi madre, este último más patente que los otros. Por lo tanto, el espectáculo era nuevo para mí. Una sensación inmensa de pequeñez sobrecogió mi espíritu, cuando, al descender del tren, mi vista recorrió ese inmenso anfiteatro de montañas. El cielo me parecía más lejano que nunca. Ni un árbol. Aridez absoluta en todo lo que veía. Rocas que se erguían, crestas rojas o azules, manchones de nieve, soledad, silencio. El tren se perdía como un gusano, entre las moles, ridículo de pequeño. Y los hombres parecíamos más pegados al suelo que en ninguna parte.
… Como no nos esperaban con alojamiento preparado en el hotel, tuvimos que proceder inmediatamente al levantamiento de las carpas que nos servirían de habitación. A cinco chilenos, entre los cuales estaba Laguna, nos dieron una. La paramos en medio de maldiciones y juramentos. Corría un viento fuerte que azotaba la tela y la hacía hincharse como una vela. Cuando ya la teníamos casi armada, el viento la tumbaba. Laguna cogía su gorra, la tiraba al suelo, zapateaba un poco sobre ella, luego se tomaba la cabeza con ambas manos y levantando al cielo su cara, exclamaba:
… -¡Por Diosito, Señor!
… Esta parecía ser su exclamación favorita.
… Por fin la carpa quedó en estado de habitarla y nos repartimos el pedazo de terreno, sembrado de piedras del tamaño de un puño, que utilizaríamos a modo de blanda cama. Extendimos nuestras ropas en el suelo. Laguna nos miraba hacer. Alguien preguntó:
… -¿En qué irá a dormir Laguna?
… Este lo miró y bajó la cabeza avergonzado. Nada que denunciara la presencia de una prenda de vestir o de cama había en su equipaje, que llevaba envuelto en un pañuelo.
… Cuando nos acostamos, Laguna estuvo un momento parado, con expresión de hombre indeciso; conversaba y fumaba. Luego se decidió y sin hacer ningún preparativo se tendió en el desnudo suelo, al lado mío. Yo quise ofrecerle mi cama, pero el temor de avergonzarlo me hizo desistir. Se apagó la luz. Con los ojos abiertos en la sombra, tendido de espaldas en mi lecho, conversé un momento con él. A la luz de su cigarro veía a intervalos su nariz aguileña y su bigote lacio. Después, insensiblemente me quedé dormido. Desperté al cabo de unas horas y mientras orientaba mi pensamiento escuché los ruidos de la noche. Afuera el viento, muy frío, parecía aullar como un animal aguijoneado. El rumor del río aumentaba con su rodar de piedras aquel grito prolongado del viento. La carpa crujía violentamente. En medio de toda aquella sinfonía salvaje percibí un sonido humano. Pensé que alguien rondaba, tal vez perdido, alrededor de la carpa e incorporándome en la cama escuché con atención. Pero no era afuera. Era al lado mío. Laguna, dormido seguramente helado de frío, castañeteaba los dientes y se quejaba.
… -Laguna…
… No me contestó.
… -Laguna.
… Silencio.
… -Laguna.
… -¡Ah!
… -¿Qué le pasa?
… -Tengo frío, hermanito.
… -Acuéstese aquí.
… -No, gracias.
… -Venga, hombre.
… Se levantó y empezó a desnudarse. De repente oí un sollozo y Laguna lo comentó diciendo:
… -Yo soy un roto muy fatal.
… Después, como un perro, buscó la cama y se acurrucó entre las ropas, tiritando.
… -Hermanito…
… -¿Qué quiere?
… -Muchas gracias.
… No contesté. Laguna suspiró, se movió un poco, se encogió, seguramente hizo una de sus muecas acostumbradas y por fin se durmió. Yo escuché un momento su respiración, cortada a trechos por suspiros, y luego me dormí.
… Al otro día empezó el trabajo. Se trataba de hacer túneles para resguardar la línea de las nevazones y los pequeños rodados. El trabajo era fuerte, pero como el frío también lo era, ambos se neutralizaban con gran alegría nuestra y satisfacción del inglés.
… A los diez días de estar allí, nuestros rostros habían cambiado completamente. El frío quemaba la piel, la rajaba; la cara se despellejaba, las pestañas caían quemadas también y a todo este trabajo de destrucción y transformación contribuía el hecho de que nadie se lavara la cara sino los domingos. El agua era tan helada que nadie se animaba a hacerlo. Solamente los días de descanso se calentaba agua y se procedía a una limpieza, minuciosa por parte de unos, somera por la de otros. Además, nuestras ropas viejas y sucias, los ponchos oscuros y las barbas crecidas, aumentaban el cambio, haciéndonos aparecer, a los ojos de cualquier viajero erudito, como descendientes directos de una familia de trogloditas.
*** *** ***
… A los quince días de estar ahí le sucedió la primera desgracia a Laguna, si es que desgracia puede llamarse lo que voy a narrar. El ya lo extrañaba; me decía:
… -¿No le parece raro que no me haya pasado nada?
… Y arrugaba la nariz.
… Fue un día jueves. El día anterior había nevado y el frío era intenso. Trabajábamos en una zorra y Laguna era el “bandera”. Su trabajo consistía en ir delante de nosotros, a distancia de una cuadra, llevando una bandera roja con la cual anunciaba la proximidad del tren.
… Veníamos con una carga de madera. Cuando llegamos al sitio en que debíamos descargar, vimos que Laguna estaba sentado detrás de un peñasco y bien arrebujado en su poncho. Silbaba monótonamente:
… – Fi…, fi…, fiiii…
… Le dijimos algunas bromas y empezamos a descargar. En los ratos que descansábamos, Laguna nos advertía su presencia con el fi fi de su silbido. Corría un vientecillo que cortaba las carnes. De repente Laguna dejó de silbar. No paramos en ello la atención y cuando terminamos uno gritó:
… – ¡Ya, Laguna, vamos!
… Pero Laguna no contestó.
… – ¿Se habrá quedado dormido? Vamos a darle una broma.
… Uno de los compañeros fue sigilosamente hacia él. Cuando estuvo delante, levantó el poncho como para pegarle. De pronto se inclinó, miró fijamente a laguna y alzando los brazos gritó:
… – ¡Muchachos, vengan!
… Corrimos. Cuando llegamos, Laguna, con la cabeza inclinada sobre un hombro, sonreía dulcemente como si soñara. Se estaba helando. Lo levantamos violentamente y mientras uno lo sujetaba, descargamos sobre él una verdadera lluvia de ponchazos, pellizcones bofetadas y creo que hasta puntapiés. Al cabo de un rato abrió los ojos y nos miró atontado. Le refregamos la cara con nieve y le seguimos pegando. De pronto gritó:
… – ¡Ya está bueno! ¡Ya está bueno!
… Y salió corriendo. Como un caballo que ha estado largo tiempo atado, Laguna daba saltos, tiraba puntapiés, se revolcaba en el suelo, lanzaba fuertes puñetazos, hacía mil contorsiones y, por último, variando el ejercicio, cantó, mientras se acompañaba de un furioso zapateo:

Suspirando te llamé
y a mí llamado no vienes;
como me ves sin trabajo
te haces sorda y no me entiendes.

… Hasta que cayó al suelo, jadeando como una bestia.

… Mientras tanto, el trabajo adelantaba rápidamente. Ya en algunos sitios la vía estaba cubierta por los túneles. Se hacían hoyos en el suelo, se metían en ellos enormes postes, éstos se juntaban por medio de una trabazón de madera y luego todo se revestía de planchas de zinc. Como el terreno era pedregoso, muchas veces en los hoyos se encontraban gruesos peñascos que era necesario partir con dinamita. Todos los días, a la hora del almuerzo o de la comida, fuertes detonaciones rajaban el silencio de la cordillera. Los estampidos resonaban contra los cerros más cercanos y éstos devolvían un eco que chocaba en otros, sucesivamente, hasta convertirlos en un trueno prolongado y profundo.
… A consecuencia del accidente anterior, la movilidad de Laguna se acrecentó extraordinariamente. El miedo a helarse nuevamente lo hacia andar en un perpetuo entrenamiento físico. Saltaba, corría, bailaba y zapateaba.

… ¡Pobre Laguna! Verdaderamente, era fatal. Un día cayó un poste; todos corrieron, Laguna más que nadie; pero, al ir corriendo y mirar hacia atrás, tropezó en un durmiente de la vía y el filo de otro casi le quebró una pierna. Otro día lo llevaron preso sin causa alguna y lo tuvieron todo el día haciendo un camino en la nieve, entre el cuartel y la estación, en medio de un fuerte frío. Parece que esto era un recurso de que se valían los guardias cada vez que la nieve tapaba el camino.
… Después los acontecimientos se precipitaron y la fatalidad se apretujó más sobre su cabeza de roedor.
… Andábamos trabajando en la zorra y volvíamos de Las Cuevas con una carga de ochenta planchas de zinc que pesaban once kilos cada una. Como de la estación al campamento la vía tenía un profundo declive, largamos los frenos y la zorra se precipitó velozmente hacia abajo. Con el impulso que traía, ayudado por la pesada carga y por la pendiente de la línea, el vehículo se cargó. Agarró tal velocidad, que un poco más allá del puente del río los postes y las rocas pasaban ante nuestra vista con tal continuidad, que parecía que entre ellos no había ninguna distancia. Cuando quisimos frenar, la zorra no obedeció y de esa manera pasamos por el campamento en una carrera trágica. Yo iba en el freno delantero y Laguna en el de atrás. Ya la peonada corría detrás nuestro, gritando:
… – ¡Tírense! ¡Tírense!
… Uno gritó:
… – ¡Hay que tirarse!
… Se envolvió la cabeza con el poncho y saltó. Dio una vuelta en el aire y luego pareció hundirse en el suelo. Otro de los peones cayó de lado y quedó inmóvil. El tercero quedó parado después de describir un círculo que habría causado admiración a cualquier geómetra. Yo tiré mi poncho y luego me arrojé de espaldas al vacío. Caí de bruces. Cuando levanté la cabeza, la zorra iba a una cuadra de distancia. Laguna iba parado en el freno; su poncho oscuro se agitaba a impulsos del viento como una bandera de muerte. La boca de un túnel pareció tragarse al hombre y al vehículo, que después de un instante reaparecieron por el otro lado. Todos corríamos detrás. De repente, el freno resbaló, Laguna vaciló y por un segundo sus manos arañaron el vacío. Luego cayó de boca. A los treinta metros, en una violenta curva de la vía, la zorra saltó y las planchas de zinc se clavaron en los postes. Cuando llegamos, Laguna yacía a un costado de la línea. Había caído sobre la cremallera y del golpe se le saltaron casi todos los dientes. Después rebotó y cayó en una acequia, en cuyo filo se hizo dos heridas en la cabeza. Tenía la cara llena de sangre y respiraba quejumbrosamente. Al otro día se lo llevaron al hospital.

*** *** ***
… A los pocos días, antes de terminarse los trabajos del túnel, yo bajé a Mendoza. Había sido hablado para invernar, como peón, en una estación situada entre Las Cuevas y Puente del Inca, y necesitaba comprar ropas de invierno. Cuando quise volver, la Compañía me negó el pasaje por no presentar una autorización del jefe o del capataz. Como mi ropa había quedado allá, resolví regresar a pie. Me uní con dos anarquistas chilenos que regresaban a su tierra y emprendimos el viaje, saliendo de Mendoza una noche de abril. Después de tres días de viaje, llegamos al campamento y allí me encontré con Laguna, que ya había vuelto del hospital. Estaba visiblemente cambiado. La cara se le había hecho más pequeña, tenía la boca hundida a causa de la falta de los dientes, y toda su persona parecía estar inclinada bajo un peso invisible. Me llamó a su lado y me dijo casi llorando:
… – Hermano, vámonos a Chile. Siento que si me quedo aquí me voy a morir.
… Lo pensé y me decidí. Le dije que sí. Se alegró tanto que me dio un abrazo. Esperamos la noche para salir. De día era peligroso pasar porque había nevado y el camino del cuartel a la estación estaba tapado. Los peones nos dieron carne, queso, charqui y café. A unos cuantos arrieros que venían de Chile les preguntamos si el tiempo era bueno en la cordillera y nos contestaron que el viento que corría no era fuerte y que la nieve caída era muy poca.
… A las nueve, después de efusivas despedidas, partimos los cuatro: Laguna, los dos anarquistas y yo.
… Había nevado bastante y el camino estaba tapado. Nos orientamos por las luces de la estación. Atravesamos un pequeño puente y empezamos a buscar el camino ancho. A las dos cuadras nos perdimos. Por fin, después de varias vueltas, encontramos la buena ruta y empezamos a subir. A los mil metros de altura empezó a nevar fuertemente. La noche era oscurísima. Caminábamos un trecho y descansábamos. El peso de nuestra ropa, que llevábamos a la espalda, nos fatigaba un poco. No hablábamos. Laguna iba adelante con la cabeza gacha y silbando despacito. De vez en cuando, con un dulce dejo de pena, cantaba:

Dos corazones tengo
para quererte;
uno tengo de vida
y otro de muerte.

… De repente se detuvo y nos dijo:
… – Oigan.
… Escuchamos. Un ruido profundo y sostenido llegó hasta nosotros. De pronto el ruido se trocó en un clamor casi humano. Parecía que una garganta enorme, de voz ronca, gritaba en la cumbre.
… Laguna dijo:

… – Es el viento.
… El era. Llegaba loco, furioso, estruendosamente. Después de un momento, el clamor subió a rugido y éste se multiplicó en todos los tonos. Golpeaba en las rocas, saltaba de quebrada en quebrada, se azotaba contra un cerro y rebotaba en otro. Parecía que un ejército de leones bajaba rugiendo hacia el llano. Era horrible y hermoso.
… Como íbamos a favor de un cerro, no lo sentíamos en nuestros cuerpos, pero, al dar vuelta el camino, el viento nos detuvo como una mano poderosa. Daban ganas de gritar y de llorar. La sangre zumbaba bajo la impresión de este emocionante e invisible espectáculo. El viento subía rabiosamente desde el lado chileno, llegaba a la cumbre y se derrumbaba poderosamente hacia el llano argentino.
… Nos detuvimos a conferenciar. Hablábamos en voz baja, como temiendo que el viento nos oyera. Volver era peligroso. Nos exponíamos a que el viento nos cogiera de espaldas y nos lanzara cerro abajo, como a las mulas cargadas. Decidimos seguir. Y nos lanzamos al camino. A los pocos pasos nos detuvimos, ahogados. La fuerza del viento era tal, que nos impedía arrojar el aire absorbido en la respiración. Laguna gritó:
… – ¡ Tápense la boca con un pañuelo!
… Seguimos su consejo y pudimos respirar. Caminábamos de lado para ofrecer menos blanco al viento. A los tres mil ochocientos metros nos detuvimos indecisos. Un pequeño rodado había tapado el camino, y en lugar de la línea recta de éste, sólo se veía una blanca raya oblicua que bajaba vertiginosamente hacia la quebrada. La nieve, endurecida, era resbaladiza como jabón.
… – Hasta aquí llegamos.
… ¿Cómo pasar? No traíamos ni un miserable palo con que ayudarnos. Uno de los anarquistas, llamado Luis, dijo:
… – Es preciso pasar.
… Sacó un largo cuchillo y se lanzó sobre aquella raya, en cuyo fin la muerte abría la boca enorme de la quebrada.
… Inclinados bajo el viento, lo miramos pasar. Clavaba el cuchillo, agarrado a éste daba un paso, se tendía en la nieve, sacaba el cuchillo, lo clavaba, daba otro paso y poco a poco se alejaba de nosotros. De repente resbaló y rodó un metro. Lanzamos un grito. El hombre quedó un momento inmóvil y luego empezó a subir, arrastrándose, hasta que logró asirse del cuchillo que había quedado clavado. Demoró veinte minutos en atravesar los ochenta metros del rodado.
… Después pasé yo. Nunca, como aquel momento, me he sentido más cerca de la muerte. Apretados los dientes, hincando con todas mis fuerzas los zapatos en la nieve, buscando en la sombra los hoyos abiertos por el cuchillo del anarquista, atravesé aquel camino angustioso. Caer era rodar mil o dos mil metros hasta quedar convertido en una cosa sin nombre. Cuando llegué al camino, permanecí un momento desorientado y luego me lancé a correr hacia la casilla del Cristo Redentor. Allí estaba Luis. Con fósforos hicimos arder papeles y nos calentamos las entumecidas manos.
… – ¿Y los otros?
… – Ya vienen.
… Esperamos un largo rato y no aparecieron.
… – ¿Se habrán perdido? Vamos a buscarlos.
… Salimos y gritamos.
… – Si han seguido hacia delante es inútil gritar. El viento nos devuelve los gritos.
… Recorrimos los alrededores y de pronto oímos una voz que llamaba a lo lejos. Buscamos al que gritaba y encontramos al otro anarquista, abrazado a un poste de los que marcan los límites de Chile y Argentina. Lo levantamos y lo sacudimos un poco hasta que se repuso.
… – ¿Y Laguna?
… – No sé; cuando yo llegué a este lado del rodado, él empezaba a atravesarlo.
… – Habrá seguido.
… – No; no ha seguido. Debe haberse perdido.
… Una enorme angustia me subió del corazón a la garganta y corrí como un loco, gritando:
… – ¡Laguna! ¡Hermanito!
… Pero el viento me devolvía sarcásticamente los gritos.

*** *** ***
… Al otro día, mientras bajábamos, busqué por todas partes los rastros de Laguna. Pero seguramente la nieve había tapado sus huellas, porque ni en el camino, ni en las quebradas, ni en ninguna parte la marca de un pie o de un cuerpo quebraba la armoniosa tersura de aquella inmensa sábana, bajo la cual, seguramente, Laguna dormía su último sueño.
… – ¡Pobre roto fatal!

* Cuento perteneciente al libro “Hombres del sur” publicado en 1926.

No voy a hablar de lo mal que está el mundo porque es una obviedad. El mal lo llevamos dentro, está en un cambio profundo en la educación. A veces digo que me siento como una hormiga en una inundación. No paran las hormigas, no hacen caso de si la situación invita al optimismo o al pesimismo. Hay que actuar, hay que hacer lo que se puede y mientras se puede; así me he sentido durante años…

Exaltamos la competitividad y desatendemos el desarrollo humano

Los responsables políticos al hablar de educación mencionan la disciplina, los conocimientos académicos, la excelencia, la competencia o la autoridad del profesor, “pero nadie habla de desarrollo humano, de ayudar a las personas a que sean lo que pueden ser, de ayudarles a crecer.

No creo que la educación vaya bien encaminada. El fin de la educación es conseguir que las personas lleguemos a ser lo que somos, pero la concepción educativa y el hacer de la educación se empeñan en perpetuar una manera de ser. A esto se le llama socialización, y cuando la educación asumió que este era su objetivo se alejó de su sentido más noble y puro: ser lo que somos y hemos venido a ser.

El mal raíz de la sociedad es la estructura patriarcal, que no es el dominio de los hombres sobre las mujeres, lo cual puede ser un caso de injusticia específico, sino el tipo de mentalidad que esto conlleva, la tiranía de una tercera parte de nuestra mente (lo racional) sobre las otras dos (lo instintivo y lo emocional)”.

“La mente patriarcal es responsable de la inequidad, de guerras, de injusticias, de genocidios. El modelo educativo imperante la transmite automáticamente, sin ninguna reflexión. Tenemos una educación tiránica, portadora de una mente patriarcal que se comporta como si no le interesara el cambio. Una educación amenazante empeñada en las notas para pasar exámenes y en aprender a hacer las cosas por un interés. Una educación que no educa. ¡Cómo va a haber desarrollo humano si se educa en el nihilismo, el egoísmo malsano y en buscar sólo mis ventajas!”.

“Necesitamos educar en el encuentro con el otro”

“La educación apuesta por lo conocido. No apuesta por la evolución, no facilita que cada ser humano sea lo que nació para ser en su totalidad. Mientras que todos somos llamados a ser íntegros en un sentido pleno, la educación se ha convertido en un obstáculo para nuestro desarrollo”.

La educación se convierte en la herramienta perfecta para convertirnos en factores de producción idiotizados y perfectamente adaptables a lo que el sistema quiera, sin embargo, “no existe la idea de adaptarnos a nuestra propia naturaleza”. “Uno de los objetivos de la educación debería ser desarrollar la empatía y el amor al prójimo, lo cual pasa por el autoconocimiento, porque para llegar al otro antes he de llegar a mí mismo. La empatía significa resonar con los valores de otro, es un amor que nos lleva al aprendizaje. Necesitamos educar en el encuentro con el otro, donde hay un tú y un yo y donde reside el misterio del uno más uno igual a infinito. Porque implicarnos con el otro nos hace evolucionar. Pero esto no se hace, la educación se queda en el academicismo y en el dogma”.

“Una plaga transmitida y muy extendida es la criminalización de los deseos y de la espontaneidad”. La infelicidad de nuestra condición está estrechamente relacionada con la infravaloración y represión de la vida instintiva.

Somos una especie ‘autocastrante’ que desde la crianza y durante todo el proceso educativo exige ser bueno, ser así o ser asá. Nos guiamos desde el deber, desde el superego. Tal y como en el mundo civilizado hay un sistema represivo, hemos creado un sistema policial interior y no consideramos que la vida pueda funcionar de otra manera. No creemos en absoluto en la permisividad, en el espíritu dionisíaco”.

El estado de la educación marca el estado del mundo. Por ello, yo no estoy interesado en resolver la crisis de la educación sino en salir del entuerto en el que estamos, y eso sólo puede resolverlo un cambio de conciencia. Hay un ‘sálvese quien pueda’ flotando en el ambiente y por eso es necesario inyectar otra conciencia. De esto se puede y se debe ocupar la educación”. Quizás esta nueva educación deba seguir un modelo tan antiguo y tan alineado con el desarrollo del potencial humano, como el que propone Lao Tse en el poema LXV del Tao Te King:

Los antiguos Maestros 
no intentaban educar a la gente,
 sino que, suavemente, enseñaban a no saber. 
Las personas son difíciles de guiar 
cuando creen que saben las respuestas.
 Cuando saben que no saben,
 encuentran su propio camino.

Extractos de unas conferencias en España sobre la educación. El confidencial.com.

Descarga DVD “Introducción a los finales de Torre”

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Para descargar el DVD “Introducción a los finales de torre”, realizado por el C.C.P., Producciones Pusaki y la colaboración del club de ajedrez de Ñuñoa. Sólo debes descargar los archivos (comprimidos y divididos) y grabar posteriormente la imagen a un DVD. El trabajo audiovisual es totalmente libre y pirateable, con el fin de difundir y masificar el ajedrez en Chile y el mundo. Próximamente se grabará el segundo DVD “Introducción a los finales de peones”.

El juego del miedo

El juego del miedo

Matías Emiliano Casas
Rebelión

El 22 de mayo de 1949 el secretario de Defensa de los Estados Unidos, James Forrestal, decidió saltar por una ventana del hospital naval de Maryland poniendo fin a su vida. Algunos historiadores, como Eric Hobsbawm, afirman que su situación psíquica había colapsado de tal manera que creía ver desde su habitación a los rusos avanzando hacia el nosocomio. El temor al “peligro rojo que amenazaba” habría sido el detonante que significó el desenlace de su existencia. Más allá de la precisión sobre los últimos minutos del funcionario norteamericano –que nunca fueron confirmados oficialmente- la Guerra Fría presentaba uno de sus elementos más recurrentes: la intensificación de una retórica apocalíptica que consistía en infundir un sentimiento de inseguridad y vulnerabilidad a la población.

La campaña electoral de John Fitzgerald Kennedy, por ejemplo, estuvo atravesada por discursos que enfatizaban la supuesta amenaza proveniente del bloque soviético. Según Hobsbawm, la utilización y recreación del temor por parte de los políticos del Norte representó una herramienta clave a la hora de debatir los votos y el consenso en el Congreso. En sus primeras palabras como presidente, a comienzos de 1961, Kennedy no vaciló en clasificar el período como el de mayor riesgo en la historia del país. En su alocución aseguró: “En la larga historia del mundo, sólo unas pocas generaciones han tenido que defender la libertad en su momento de máximo peligro. No me asusta esa responsabilidad, le doy la bienvenida.” La defensa de la libertad será un tópico presente, también, en futuros mandatarios como Ronald Reagan y Jorge W. Bush.

El lingüista Noam Chomsky ha fijado su análisis, en más de una ocasión, sobre la manipulación de la población a partir del sentimiento de temor. Como un exponente inquisidor de la “Cultura del miedo” el pensador reconoce dos responsables directos de la emergencia y difusión de esas operaciones: los dirigentes políticos y los medios hegemónicos de comunicación. En comunión con lo esbozado por Chomsky, el sociólogo Sygmunt Bauman identifica que desde la política contemporánea se fabrica una suerte de “inseguridad alternativa” consistente en inspirar un volumen suficiente de miedos. Esos temores se presentan de la forma más amenazante para que la no materialización de los peligros pueda aplaudirse como una gran victoria de los funcionarios.

En las últimas campañas electorales desarrolladas en Argentina convergen varios de los elementos mencionados. Los candidatos legislativos se asumen como productos de consumo y, tal como lo plantea el periodista Ignacio Ramonet, son ofrecidos desde los medios reproduciendo la lógica del mercado. Algunos asesores de campaña parecen haber encontrado un escenario propicio para atraer consumidores. Con expresiones como “la sociedad está muerta de miedo” o “la gente tiene miedo, nos pide que hagamos algo por la seguridad” un sector político, claramente identificable, se lanza en una carrera por explotar al máximo la retórica apocalíptica. Los productores de temores parecen conocer con minuciosidad que la búsqueda por conservar la seguridad personal es insaciable. La repetición del tópico, es decir su presencia sin interrupciones en los medios y en los discursos políticos, está lejos de apaciguar los ánimos. Por el contrario, cuanto más se habla de seguridad, cuantos más aparatos se consumen en pos de asegurarla, cuanto más entre rejas se vive por preservarse, mayor es la sensación de vulnerabilidad.

Esos candidatos a legislar la vida política, económica, social y cultural argentina de los próximos años no matizan su discurso al momento de extremar el estado de situación. Un ex comisario de la policía de la provincia de Buenos Aires, ahora devenido en político, al ser consultado por el armamento que tiene a su disposición la fuerza de seguridad, no se ruborizó en asegurar que: “los policías tienen armas, pero ninguna funciona. Todas las pistolas calibre nueve milímetros se traban al momento de disparar.” Se podrá, entonces, contentar en el futuro y –siguiendo la propuesta analítica de Bauman- reconocerlo como un logro de su gestión cuando los oficiales puedan disparar sin ningún problema y así colaborar con el lema/proyecto de su partido “Un crimen. Un castigo.” Al modelo de los presidentes norteamericanos, reproducen un estilo de hacer política vetusta para el siglo XXI latinoamericano. Sus continuos intentos por incrementar el temor en la población y confirmar una sociedad que viva, piense y se relacione desde el miedo componen una forma de gobierno que pertenece al pasado e imposibilita construir un futuro.

La increíble estafa de las AFP

Estudio de CENDA desnuda la verdadera madre del cordero
La increíble estafa de las AFP

· Dos de cada tres pesos que recauda el sistema de AFP, quedan enredados entre los administradores y los grupos económicos.

· Volver al sistema de reparto permitiría duplicar el monto de las pensiones, y un ahorro en el gasto fiscal equivalente al 3,6% del PIB.

Un equipo de CENDA, liderado por el economista Manuel Riesco, acaba de publicar el estudio Resultados para sus Afiliados de las AFP y Compañías de Seguros Relacionadas con la Previsión:1982-2012, en rigor el retrato más certero que se le haya hecho al sistema de privado pensiones, como lo demuestra el espeso silencio del sistema mediático, a pesar de la enorme relevancia de sus conclusiones.

Demuestra, para empezar, que de cada tres pesos que recauda el sistema, tanto por la vía de la cotización de los afil(i)ados como de subsidios del Estado, dos se quedan enredados entre los administradores y los grandes grupos financieros, que en la práctica son los mismos, precisamente el principal de los motivos por los cuales el sistema paga pensiones tan bajas.

Enseguida, el estudio comprueba que en 2012, las cotizaciones más que duplicaron el monto de las pensiones pagadas por las AFP y compañías de seguros, y el Estado aportó adicionalmente, subsidios equivalentes a dos tercios de éstas. A pesar de ello, o más bien por lo mismo, los montos de las pensiones son inciertos, pues dependen de las veleidades de los mercados financieros, que en los últimos seis años han generado más pérdidas que ganancias al fondo de pensiones. Además, éste se reduce en razón inversamente proporcional al aumento de la expectativa de vida de la población.

En tercer lugar, el estudio traza una síntesis magistral de la naturaleza y la lógica interna del sistema privado de pensiones: un sistema de ahorro forzoso concebido para extraer recursos del factor trabajo, y transferirlos directamente a los propietarios del capital.

Sin embargo, tal vez la conclusión más importante del estudio consiste en la demostración de que si se devuelve el sistema previsión a la administración del Estado, no sólo se podría duplicar el monto de las pensiones, hasta igualar las pensiones que actualmente paga el sistema público, sino que incluso en ese caso, habría un considerable ahorro en el gasto fiscal.

Del desarrollo de esas conclusiones del estudio versa la siguiente entrevista a su autor, el economista Manuel Riesco.

– ¿Qué metodología utilizó en el estudio?

“Lo que hace el estudio es visualizar el sistema en su conjunto, incluyendo AFP’s y compañías de seguros que lo conforman, y analizarlo como si fuera una gran alcancía, que por otra parte, es lo que el sistema dice ser, a la cual los afiliados entregan aportes todos los meses y el fisco entrega subsidios, ambos en dinero efectivo; y por otro lado, de esta alcancía se sacan todos los meses, pensiones y beneficios que el sistema paga a través de las AFP, o las compañías de seguros, en forma de rentas vitalicias. Lo que hace el estudio es analizar cuánto dinero entra, y cuánto sale, y por esa vía, llega a la asombrosa conclusión que los aportes triplican las pensiones que se pagan. En otras palabras, los aportes de los afiliados y los subsidios del fisco son tres veces mayores a las pensiones que paga el sistema”.

– ¿Determina el estudio donde se van los dos tercios restantes?

“Bueno, a alguna parte tendrá que ir, porque esta alcancía debería estar repleta de dinero, en el símil de la bóveda de Tío Rico. Sin embargo, tú abres la alcancía y encuentras que no hay un solo pesos de dinero en efectivo. Sin embargo, entran todos los meses, miles de millones de pesos, y sale una tercera parte en pensiones. Por tanto, la cantidad de dinero que debería haber adentro, es gigantesca. En consecuencia, alguien lo está sacando, porque adentro no hay plata”.

– Lo que hay son títulos de deuda, imagino…

“Lo que tu encuentras adentro, son papeles. Abres la caja que dice La Polar, y encuentras una serie de papeles firmados por los ejecutivos de La Polar, que dicen que ellos han recibido préstamos de las AFP, o sea pagarés, y que lo van a devolver con gigantescos intereses. O son acciones de La Polar, que la AFP compró a buen precio. Bueno, hoy los pagarés y las acciones de La Polar no valen nada, porque como sabemos, La Polar era un gigantesco fraude”.

– Y la pérdida la hacen los afiliados…}

“Por supuesto. El dinero contante y sonante fue a La Polar, y lo que queda son estos papeles que no valen nada. Soquimich, por ejemplo, es una de las cajas más grandes que hay adentro. Ha recibido cualquier cantidad de dinero de las AFP. Con eso, Ponce Lerou tomó control de la empresa estatal. Hoy sabemos que el valor de las acciones de Soquimich ha sido inflado. Enersis era la caja más grande, porque a través de este dinero contante y sonante, Yurasczek tomó el control de Endesa, de Chilectra y formó un imperio, que después vendió a Endesa España, con un gigantesco beneficio para él. Lo que quiero decir, es que son cajas con papeles. Hay alguna caja que dice Estado de Chile, que contiene bonos de Estado, que dicen que Estado va a devolver esta plata que les prestaron las AFP, con el correspondiente interés. Esa caja es alrededor de un quinto del fondo. Hay otra caja más chiquitita, equivalente más o menos a un 2%, que son bonos hipotecarios”.

– Con la desvalorización de los títulos de deuda o las acciones, ¿podría hipotéticamente el sistema entrar en default, o crisis de pagos?

“Difícilmente va a entrar en crisis de pagos, si todos los meses está entrando el triple de lo que sale. Lo que puede suceder, y de hecho sucede, es que lo que está acumulado teóricamente ahí, no vale lo que dicen que vale. Así pasó, por ejemplo, en 2008. La suma de todos estos papeles es el fondo de pensiones, que tiene un valor. Pero ese valor es una idea abstracta, porque no es dinero. Es lo que valen hoy esas acciones y esos bonos. Pero eso depende de muchas cosas. En 2008, esos papeles perdieron un tercio de su valor…

– Quedó pendiente la respuesta acerca de dónde se quedan los dos tercios de lo que recauda el sistema, que no van a pensiones…

“Voy a eso. pero primero quiero completar las cifras gruesas de lo que entra y lo que sale, porque son muy significativas. El total de lo que entra, triplica lo que sale. Pues bien, sólo lo que ha puesto el fisco, equivale a las tres cuartas partes de las pensiones que se han pagado. Es decir, el fisco ha financiado con subsidios, y con dinero contante y sonante, tres cuartas partes de las pensiones que ha pagado el sistema AFP. Si hacemos la comparación de las cotizaciones de los afiliados con las pensiones que se pagan, veremos que las cotizaciones de los afiliados -sólo las obligatorias- duplican las pensiones que se pagan. Ese es el cuadro. Tú preguntas dónde se va el dinero. Hay un chorro grande que se va a los grupos financieros que emiten estos pagarés y estas acciones. La alcancía está llena de estos papeles que emiten los grupos financieros, que han recibido a cambio, dinero contante y sonante. Hay otra manguera que sale de este chanchito, y va a los administradores del sistema, es decir, las AFP y las compañías de seguros.

– Recuerdo que en un estudio anterior, ustedes precisaban que uno de cada tres pesos recaudados por el sistema, iban a las AFP y compañías de seguros…

“Exactamente…y ahora lo confirmamos. Incluso más de uno de cada tres pesos que ponen los afiliados se va para allá. Otra comparación interesante es que lo que han sacado en primas y comisiones las AFP y compañías de seguros, equivale, o se acerca mucho, a lo que han pagado en pensiones. En otras palabras, el chanchito tiene, por una parte, lo que le ponen los afiliados y el fisco todos los meses, y por otra, una tetita no muy grande que va a los pensionados, en pensiones muy magras y miserables, como reconoció incluso uno de los panegiristas del sistema. Resulta que las AFP y compañías de seguro, que son en el fondo cinco empresas, se llevan tanto dinero como el millón de afiliados que hoy cobran pensiones”.

– A la luz de esas cifras, el sistema es un verdadero escándalo…

“Es un sistema de ahorro forzoso, en que se saca dinero del bolsillo de los afiliados, equivalente al 13% del sueldo, y se saca, por otro lado, una parte significativa de los ingresos fiscales, es decir, del IVA y los excedentes de Codelco, y se traspasa directamente a los bolsillos de las AFP y compañías de seguros y a los grandes grupos financieros”.

– ¿Ese era el sentido último de la reforma de 1981 que privatizó el sistema de pensiones; es decir, crear un mecanismo para trasferir renta del trabajo al capital?

“Evidentemente. Ese era el sentido: echarle el guante a las cotizaciones previsionales. Eso es el sistema”.

– Después de treinta años de experiencia ¿lo calificaría como un fracaso total?

“Hay que calificarlo como lo que es: un sistema de ahorro forzoso, porque esto va a continuar así para siempre, salvo, naturalmente, que lo cambiemos. Está diseñado para esto. No es que en algún momento el chanchito empiece a desinflarse, y estos papeles se vayan a transformar en dinero en efectivo, que se pague en pensiones, que por otro lado, sería lo lógico, ¿cierto? No. El chanchito va a seguir engordando de papeles, porque siempre los aportes de los afiliados y el fisco van a ser mucho mayores que las pensiones que paga el sistema. Por tanto, siempre el dinero cotizado por los afiliados y contribuido por el fisco se va a ir a los grandes grupos financieros, y una parte equivalente a las pensiones se va a ir a los administradores del sistema, o sea, AFP y compañías de seguros”.

-Por la vía de la reforma, pero sin alterar su lógica y su esencia de acumulación individual ¿se pueden mejorar las pensiones?

“No, porque lo que está ocurriendo es que constantemente se está yendo el dinero para otro lado. El dinero de las pensiones, el dinero que se contribuye para pagar pensiones, en realidad no se usa para pagar pensiones, sino en una pequeña parte. Dos tercios de la recaudación se usan para otros fines: traspasar recursos de los trabajadores a los grupos financieros, y remunerar a los administradores, vale decir, AFP y compañías de seguros”.

– Siempre dentro del sistema, y por la vía de la regulación ¿se podrían cambiar las proporciones?

“Dentro de la lógica de ahorro forzoso del actual sistema, no. Lo que hay que hacer es taponar el sistema, de forma que el dinero que se contribuye para financiar pensiones, se ocupe para pagar pensiones. Así de simple. En otras palabras, hay que ponerle un tapón a lo que se está yendo hacia los grupos financieros, y otro tapón para lo que se están llevando los administradores, porque todo esto lo puede administrar el INP o el IPS, sin mayor costo. Y eso lo transforma en un sistema de reparto”.

– Una de las partes que me llamó la atención del estudio, remite a los cálculos acerca del cambio de sistema, a la modalidad de reparto. Según el estudio, al Estado le sale mucho más barato hacerse cargo de la administración del sistema, y de pagar las pensiones, en esencia, un sistema de reparto, lo cual permitiría, además de mejorar las pensiones, un enorme ahorro fiscal. Quisiera que desarrollara este punto…

“Es fácil. Si se termina el sistema, se ponen estos dos tapones, y se transforma en un sistema de reparto, en que el dinero que entre se use para pagar pensiones, cuál sería el balance. Anualmente están entrando 5,8 billones de pesos (millones de millones, n. de la r.), entre aportes de los afiliados y el fisco, que son como 4,4 billones, y subsidios fiscales, que suman 1,4 billones más. Total, 5,8 billones. Esos recursos ya no a irían a parar a los grupos financieros o a los administradores del sistema, sino quedarían en la alcancía, en el chanchito, y serían administrados por el fisco. El fisco recuperaría estos 5,8 billones de pesos, y por supuesto tendría que hacerse cargo de pagar las pensiones que pagan las AFP, y seguiría pagando los subsidios que reciben esas personas. Pero tendría que pagar sólo las pensiones que pagan las AFP, puesto que las rentas vitalicias que pagan las compañías de seguros, tienen que seguir pagándolas las compañías de seguros, porque se quedaron con todos los fondos de los afiliados. Si no, tendrían que devolverlos. El Estado tendría que hacerse cargo de las pensiones que pagan las AFP, y los subsidios que reciben unas y otras, o sea, los que pagan las AFP y las compañías de seguros. Eso sumó 1,1 billones de pesos, el año pasado. Por lo tanto, el balance neto sería un excedente de 4,7 billones de pesos anuales, que equivalen al 3,6% del Producto Interno Bruto de 2012. Eso permitiría duplicar todas las pensiones que paga el sistema de AFP, para igualarlas con las que paga el sistema público. El resultado es que el Estado recibiría un 3,6% del PIB, lo que equivale a aumentar en 10% los ingresos fiscales generales. Con esto, el Estado podría duplicar las pensiones, que es hoy una demanda masiva del millón de personas que hoy reciben pensiones del sistema de AFP. Tú no puedes tener un país sin pensiones. Esto es insostenible”.

– En 2016 jubila la primera cohorte de los trabajadores que se cambiaron al sistema de AFP, en 1981. Cuando sean no un millón, sino tres o cuatro millones de trabajadores que comprueben en carne propia lo que aquí estamos hablando ¿Cree que el peso de la crisis política que eso implica obligará a cambiar el sistema?

“Sin la menor duda. Hay que arreglar esto, y no se puede arreglar sin terminar con este escándalo. El sistema ya tiene un millón de jubilados, es decir, empezó a jubilar gente desde los años ochenta, con gravísimo perjuicio para todos ellos. Lo que sucederá a partir de algunos años más es que se sumarán a ellos los que no tienen bono de reconocimiento, porque sólo han cotizado en este sistema. Pero la crisis ya existe y desde hace tiempo. Lo que hará es agravarse”.

– Para decirlo sin ambages ¿cree que la única solución es volver al sistema de reparto?

“Pero, obvio. Sin la menor duda. Si no, cómo vamos a aumentar al doble las pensiones. Porque si realmente queremos resolver el problema, tenemos que duplicar el monto de las pensiones, como mínimo, para igualar las pensiones del sistema público. Y la única fuente de dinero para eso, es lo que los administradores y los grupos económicos se están embolsando todos los meses. Cómo va a ser presentable que la gente no tenga pensiones, mientras doce grupos económicos, entre ellos cinco que son dueños de las AFP, se embolsan anualmente, en dinero contante y sonante, puesto por los afiliados y el fisco, el 3,6% del PIB. Es un escándalo. Y más encima, quieren más aportes. Quieren que los afiliados y el fisco pongan más dinero, y que se aumente la edad de jubilación”.

-¿Usted los ve preocupados?

“Ellos piensan que tienen el sartén por el mango, pero evidentemente no las tienen todas consigo. Ellos saben que si cambia la situación política, y hay una nueva Constitución, esto, junto con el cobre, son las primeras cosas que se van a terminar, porque son tan escandalosas, que se tienen que terminar, como ya las terminaron en Polonia, Hungría, Argentina y Bolivia”.

– Sin embargo, para que ello ocurra en Chile, se requiere mayor presión social, y con esto quiere decir que el problema, en último término, es político…

“Bueno, la resistencia en esto es muy grande, porque la cantidad de dinero que se están llevando, es descomunal”.

– Tan descomunal como la falta de información. De hecho, no he visto ninguna referencia a este estudio en los medios…¿Qué se debe hacer, a su juicio, para instalar el problema en el ámbito político?

“Desde luego, hacerlo parte de todo programa político. En el programa de la CUT, por ejemplo, este es uno de los puntos. Esto no entró en el programa del próximo Gobierno, y esa es una de las razones por las cuales la CUT no adhirió formalmente a la candidatura de Bachelet, porque este problema, y los derechos laborales, no están incluidos en el programa. Pero la CUT va a seguir presionando. Y como el problema es mucho, y la paciencia es poca, lo que puede ocurrir aquí es que o se le da curso a esto mediante una discusión constitucional que abra la llave para que estas cosas se resuelvan, o el problema asumirá contornos impredecibles”.

– El sistema se implantó por medio del Decreto Ley 3.500. ¿La solución no es tan simple como cambiar un decreto ley?.

“No porque tiene rango de ley orgánica constitucional, y por tanto, exige quorum calificado, lo mismo que para cambiar la propia Constitución”.

– Esto me hace pensar que resolver esto, como la renacionalización del cobre y la reforma a la educación, implica cambiar el paradigma o modelo de desarrollo…

“Resolver esto es lo más fácil que hay, porque la cantidad de dinero es tan enorme, que bastaría que si siquiera se le ponga el tapón completo a lo que se están llevando ellos, sino que se cerrara un poco el espiche. Bastaría que se terminara con las AFP, y el Estado, a través de una AFP estatal, se hiciera cargo de la administración de todo esto, y ya se cerraría el espiche que equivale al monto del fondo de pensiones; o sea, con cerrar las AFP, ya se podría duplicar el monto de las pensiones, dejando todavía un chorro que yaya a los mercados financieros, cosa que también debería taponarse”.

– ¿Y qué sensación tiene respecto a la viabilidad del cambio de sistema?

“Creo que no sólo es inevitable, sino que tiene que resolverse luego. Un país no puede tener a sus profesores a sus jueces o a sus trabajadores calificados sin pensiones. No puede discriminar a las mujeres y darles menores pensiones que a los hombres. Las mujeres son el único grupo que se le discrimina por sus expectativas de vida distinta. Si fuera por eso, las pensiones de los sectores de altos ingresos deberían ser menores, porque su expectativa de vida es mucho mayor que la que tienen las mujeres en relación a los hombres, o respecto al promedio de la población”.

– ¿En qué fuentes se fundamentó el estudio?

“En las cifras oficiales. Lo único bueno que tiene este sistema son las estadísticas, que son maravillosas, porque es un sistema que permite hacer un censo mensual de la fuerza de trabajo real. El estudio tiene la siguiente metodología: son planillas de cálculo que están en la red, y están enlazadas directamente a la fuente, de manera que cualquier dato, por ejemplo que los subsidios público son tres cuartas partes las pensiones pagadas, es posible rastrearlo hasta llegar a las fuentes directas y públicas, principalmente la Superintendencia de Pensiones, que tiene muy buenas estadísticas, magníficas. Tanto es así que esas ´lanillas se actualizan en forma automática, porque tenemos el vínculo directo. Es decir, google va a mirar la página de la superintendencia, saca el dato, lo elabora con las fórmulas que le pusimos a esas planillas de cálculo y finalmente entrega el dato, como el que acabo de mencionar”.

– ¿Y no le llama la atención que nadie debata ni refute los datos del estudio?

“No, para nada. El silencio representa la línea de menor costo y el mejor expediente para no difundir más estos resultados. Ellos se mueven en esto de una manera completamente inmoral. Por ejemplo, contratan “expertos” que hacen estudios que demuestran teóricamente que las pensiones chilenas serías las que tiene las tasa de reemplazo más altas del mundo, respecto del sueldo último, mejores que las pensiones alemanas”. }

– Pero eso es ridículo…

“Ridículo. Las cifras reales muestran que una jueza que gana tres millones de pesos, a pesar de haber cotizado toda su vida por el tope, sin fallar un solo mes, saca una pensión de 330 mil pesos, menos de la décima parte de lo que ganaba como activa. Esa es la realidad. Ellos concluyen que la tasa de reemplazo es de un 80%. Y cómo lo hacen: sacan un promedio de lo que saca la gente y lo comparan con lo que ha aportado en los últimos diez años. Como es tan precario el empleo, y los dos tercios de los chilenos cotiza un mes de cada dos, el promedio es inevitablemente bajo, y eso lo comparan con la pensión que sacan. Y en la pensión que sacan, incluyen los subsidios públicos. Y resulta que los subsidios públicos para la mitad de las pensiones, representan el 73% de las pensiones que reciben los afiliados. Esa es la seriedad con que se maneja esta gente. Comparan subsidios públicos con contribuciones que on un mes sí y el otro no”.

– Me resulta difícil encontrar una lógica detrás de este sistema, y más difícil aún explicarme como se sostiene…

“La lógica es la de un sistema de ahorro forzoso, que le saca dinero a los afiliados y al Estado, y lo inyecta a los mercados financieros, los que se hinchan de plata, y algo de eso chorrean. Algo de eso le llega a las empresas, y las empresas con eso invierten”.

– O sea, un autorretrato del modelo…

“Pero, claro. Esta es una de las principales fuentes de la desigualdad del ingreso. En rigor, son tres las principales fuentes de desigualdad. La primera, es el cobre, por supuesto. Lo que se llevan las transnacionales en renta equivale, más o menos, al 9% del PIB. Esas son las utilidades antes de impuestos. Esas son rentas, es decir, dinero que nos pertenece a todos, porque proviene de un mineral que de acuerdo a la Constitución, nos pertenece a nosotros. Después, vienen los intereses de las tarjetas de crédito, los intereses de los créditos de consumo y los intereses de las tarjetas de las casas comerciales, que en conjunto, representa el 4,5% del PIB. Y la tercera fuente de desigualdad del ingreso es esta, porque se lleva el 3,6% del PIB. Si sumas esos tres conceptos, tienes el 18% del Producto Interno Bruto, que se está sacando a los trabajadores, y pasando a los empresarios. Si ese 18% lo recuperas, la porción de la torta que hoy reciben los trabajadores, que es 35%, según el Banco Central, subiría automáticamente a 53%, con lo cual la distribución del ingreso se normaliza, porque en los países desarrollados esa proporción es del 60%”.

– Eso me parece promisorio, desde el punto de vista de un nuevo modelo de desarrollo…

“Por supuesto. Basta resolver estas tres cosas, y estás listo.

– O sea, en qué topamos…

“Exactamente”.