La miseria de las izquierdas democráticas

La miseria de las izquierdas democráticas

 

 

Boaventura de Sousa Santos, sociólogo y profesor universitario[i], en su artículo “Tercera carta a las izquierdas”[ii] nos dice lo siguiente:

“Cuando están en el poder, las izquierdas no tienen tiempo para reflexionar […] y, cuando lo hacen, siempre es como reacción a cualquier acontecimiento que perturbe el ejercicio del poder. La respuesta siempre es defensiva. Cuando no están en el poder, se dividen internamente para definir quién será el líder en las próximas elecciones […].”

El profesor De Sousa concluye: “Esta indisponibilidad para la reflexión, que siempre ha sido perniciosa, hoy es suicida.”
Lo que está pasando con las izquierdas a nivel mundial no puede ser más evidente en el caso peruano. No existe una inclinación a la reflexión. O es conservar lo ganado en términos de poder, o es la lucha interna por ser el candidato a las elecciones. El actual quehacer de las izquierdas está muy alejado de la real problemática de las mayorías nacionales. Está muy lejos de querer construir el futuro. En breve, estamos frente a la miseria de las izquierdas democráticas.

Recientemente, el historiador y profesor universitario Antonio Zapata Velasco, ante un auditorio joven de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque, y con motivo de un homenaje a Javier Diez Canseco, se expresó en estos términos: nuestra generación (refiriéndose a la de él y Javier) juega el rol de “tapón” al avance de las nuevas generaciones de izquierdistas.

El historiador Zapata no está lejos de la verdad. Porque las izquierdas de su generación se han dedicado solamente a las luchas defensivas, dejando para mañana las luchas por la transformación de esta economía y sociedad totalmente injusta. Se oponen, y lo que es más grave, combaten todo intento de reflexión que escape a su comportamiento de cúpula anquilosada y reformista.

Las izquierdas democráticas, con el poder en sus manos o sin él, se han dedicado a “mejorar el capitalismo”. En corto, han claudicado ante los dueños del capital y sus cancerberos. Han dejado para mañana las luchas de transformación. Es un comportamiento de traición. Buscan un líder para las elecciones, incluso fuera de sus rangos, para usufructuar del poder, en lugar de reflexionar sobre las causas profundas de los fracasos continuos de los movimientos de izquierda, tanto a nivel nacional como mundial.

Las ansias de retener la pequeña parcela de poder conquistado, o de conquistar un nuevo espacio, conduce a estas izquierdas democráticas a decir y practicar la idea de que “todo es político”. Para sus fines electoreros, evidentemente, “todo es político”. Pero, el destino del pueblo no está en conquistar el poder para, a partir de él, seguir desarrollando el capitalismo. El destino del pueblo es realizar la transformación.

Y la transformación, en términos precisos es, primero, la eliminación de las desigualdades socio-económicas que se expresan en pobreza de un lado y riqueza del otro; segundo, la eliminación del desempleo que condena a millones de personas a vivir al margen de la sociedad y; tercero, superar el atraso de cientos y miles de años en antiguas formas de trabajar que condicionan un cuadro de vida miserable de nuestros hermanos de la selva y de los Andes.

Tres grandes males de los pueblos del Sur que tienen como origen a la Repartición Individualista del resultado neto de la actividad económica, y a su mecanismo de extorsión, la Configuración Mundial, que facilita la concentración en los países del Norte, y muy especialmente en las grandes multinacionales, la casi totalidad del valor agregado por los pueblos del mundo.

Es urgente entonces, construir, desde ahora, las bases económicas de la nueva sociedad. Es urgente comenzar a construir el mañana. Convirtamos nuestras luchas reivindicativas en luchas de transformación. Levantemos la cerviz y luchemos por el mañana y no por la dádiva de ahora.

De esta forma, llegado el momento, contaremos con una base económica que pueda sostener sólidamente la decisión política de cambiar definitivamente las reglas de juego.

Continuar en esta posición y práctica insana de “puro político” es, simplemente, no querer comprender por qué, ahora, las mayorías desconfían de todo lo que es “izquierda”. Tantos años de luchas defensivas han terminado por cansar, desconfiar y desilusionar. Eso pasa con las luchas sindicales, eso pasó con las luchas del Sutep, eso pasará con las movilizaciones contra el proyecto minero Conga.

Notas
[i] Boaventura de Sousa Santos es sociólogo y profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra, Portugal.
[ii] http://www.cartamaior.com.br/templates/colunaMostrar.cfm?coluna_id=5356