Novela “Mejor que el vino” – Manuel Rojas

mejor que el vino

Mejor que el vino

(Texto Escogido)

USTED se acuerda: yo era muy joven, mi madre había muerto y mi padre estaba en alguna parte, tal vez en Ushuaia, condenado a muchos años de presidio; mis tres hermanos habían desaparecido.

Yo también era un desaparecido, lo soy aún. No sé, y quizá no sabré nunca, dónde están ellos , y ellos tampoco saben, ni sabrán dónde estoy yo. Puede que alguna vez nos encontremos y nos reconozcamos (no es fácil, por cierto, pero tampoco es imposible. Al maestro Menares, el carpintero, le pasó algo curioso: se le deshizo el hogar de repente -cosa que ocurre mucho a los pobres- y el salió al mundo como tras un empujón. Durante algunos años no supo de su madre ni de sus hermanos. Un día, mientras almorzaba en un figón, a muchas leguas de pueblo nativo, advirtió que una de las muchachas que servían las mesas se pareciá a su madre. Le habló: era su hermana). Pero usted sí sabe dónde estoy: estoy aquí, a bordo del vapor “Chiloé”, en la bahía de Corral, y acabo de despertar. Me despertó la sirena del barco; soñaba con mi primera llegada a Chile, en 1912. Estramos en 1921, es decir, han transcurrido nueve años; tengo veinticinco. Es ya un hombre, dirá usted. Puede que lo sea, aunque no lo siento así y creo que nunca llegaré a ser un hombre, un hombre hecho y derecho, terminado, como un perno. Me parece, siempre, que me falta algo. No sé si usted se habrá dado cuenta de que existen individuos que no necesitan nada y que lo rechazan todo; están ya hechos, definitivamente hechos, se hallen donde se hallen, en los talleres de una fábrica o en la oficina de la gerencia, en un cuartel o en un salón de ministerio. No quiero decir que los que nacen hechos o se hacen de una vez, los que están acabados de hacer, los que no admiten ya nada, no tengan categoría. Muchos la tienen, y alta y buena o alta y mala. En ocasiones se combinan bien los factores y algo perfecto, dentro de una detreminada condición, sale de una vez al mundo. Yo no: necesito de todo, acepto todo y no soy así porque lo quiera, sino porque lo soy, aunque a fuerza de serlo terminaré, posiblemente, por querer serlo. Y esto no significa que tenga alguna categoría; no la tengo, ni buena ni mala, y no sé si alguna vez llegaré a tenerla, mala o buena. ¿Quién podría decirlo?

…… “En estos nueve años han sucedido algunas cosas, así como sucedieron en los nueve años anteriores. ¿Qué irá a pasar en los nueve años que vienen? En los míos hubo una guerra mundial y se desarrolló un arte, el cinematógrafo; desapareció un imperio, el ruso, y en su reemplazo nació una república llamada de trabajadores; la gente habló a través del aire, y el automovil y el aeroplano empezaron a andar por las ciudades y por el espacio como Pedro por su casa. Siempre hay gente pobre, tuberculosis, niños que mueren de hambre, conventillos, tifus exantemático y tifus abdominal, o sea, piojos y mugre; pero quien sabe si esas cosas y esos seres no tienen nada que ver con las otras, el cinematógrafo, el automóvil, los aeroplanos, la radiotelefonía, la guerra, los imperios y las repúblicas llamada de trabajadores. Hay gente, claro está, que pelea por los pobres y contra la tuberculosis, la mortalidad infantil, los conventillos, los piojos y la mugre. La gente no descansa, ello a pesar de que mucha está ya hecha, y si no descansa la gente tampoco descansa el mundo; siempre hay algunos que pelean, en apariencia inútilmente, aunque de pronto se salen con lo suyo, malo o bueno, pero salen. Otros mueren sin conseguir nada y muchos son asesinados. “¡Para qué te metes en eso!”, se oye gritar. Sí, ¿para qué te metes?

Pero, también, ¿cómo no meterse? Todo está por hacerse, incluso el hombre, y alguien tiene que hacerlo, aunque sea de a poco y a tropezones. Unos empiezan, otros siguen. Siempre hay alguien que sigue a los que empiezan, hagan éstos lo que hagan, comercio, arte, ciencias, guerras, programas sociales revolucionarios o doctrinas religiosas. “¡Por qué no se quedan tranquilos!”, gritan, desde Poncio Pilatos, los ya hechos, que creen, como es natural que crean, que todo está ya hecho, acabado, como ellos, y que no hay más que sentarse a disfrutar de todo. Pero los otros no lo creen y siguen. Sienten que ni ellos mismos están hechos y quieren hacerse y hacer. ¿Qué importa el tiempo? Nada ¿Ha calculado usted los siglos que se necesitan para producir una hoja fósil?


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