Vísperas de la batalla

Vísperas de la batalla

El próximo domingo se develará una incógnita crucial para Ecuador y América Latina y el Caribe. Será el “test ácido” cuyo resultado indicará si se revierte la tendencia regresiva puesta de manifiesto por el triunfo de Mauricio Macri en la Argentina y la ilegal deposición de Dilma Rousseff en Brasil o si, por el contrario, los procesos que desde fines del siglo pasado alteraron para bien el mapa sociopolítico de la región transitan hacia su ocaso definitivo. Un triunfo de la fórmula Lenin Moreno-Jorge Glas, derrotando a la poderosa derecha ecuatoriana apoyada a través de mil tentáculos por el imperio, sería la alentadora expresión de lo primero; su derrota bien podría ser el “canto del cisne” del ciclo progresista y de izquierda y la antesala de un salvaje retroceso económico, una marcada involución autoritaria y un proceso de restablecimiento del orden neocolonial en el Ecuador, con profundas repercusiones también en el plano internacional.

Consultadas las encuestas de las más diversas fuentes, tanto las encargadas por el oficialismo como por la oposición, lo que hasta ahora se sabe es que en todas ellas Lenin Moreno aparece superando el umbral crítico del 40 % de los votos válidos emitidos, es decir, excluyendo los nulos y en blanco. No obstante, para acceder a la presidencia necesita ganar por más de diez puntos de diferencia a su más inmediato perseguidor, hasta ahora el banquero Guillermo Lasso que en todas las mediciones se sitúa unos quince puntos por debajo del candidato oficial. Si  bien hay una proporción todavía muy elevada de “indecisos”  -un 25 %- no hay razones para pensar que el grueso de los mismos vaya a otorgar su voto al principal accionista del Banco de Guayaquil. Más bien lo que algunos expertos indican es que entre aquellos se oculta una parte significativa de votantes por la Alianza País, que ante la brutal campaña de terrorismo mediático lanzada en contra de Rafael Correa y la Alianza País  opta por ocultar su intención de voto por temor a la intimidación o el escarnio público. En conclusión: las incógnitas son muchas y lo único sólido es que en todas las encuestas Moreno muestra una ventaja considerable sobre sus adversarios. Predominio también confirmado cuando se comparan las multitudinarias concentraciones del candidato de Alianza País con las de sus rivales, inferiores en número y en entusiasmo.

La década presidida por Correa marca una virtuosa discontinuidad en relación a la historia reciente del Ecuador. Antes de su llegada al Palacio de Carondelet ninguno de los tres presidentes que le precedieron finalizó su mandato. Si la inestabilidad era el signo de la política ecuatoriana, con su presidencia aquellas turbulencias quedaron atrás. Con todo hay dos datos que inquietan al comando de campaña de Lenin Moreno. Primero, desde la recuperación de la democracia en 1979 sólo un candidato ganó la elección presidencial en primera vuelta: Rafael Correa en 2013, cuando obtuvo el 57% de los votos, cifra que en este momento es sencillamente inimaginable. Segundo, ningún partido que ejerció el gobierno triunfó cuando se presentó para la reelección, con la solitaria excepción del actual mandatario. El desgaste de la gestión gubernamental en un sistema político tan volátil y de fuertes tendencias centrífugas como el ecuatoriano se cobra su precio: castiga al candidato del oficialismo y abre las puertas a la oposición.

¿Podrá Lenin Moreno romper estas dos constantes de la política ecuatoriana contemporánea? Es muy posible, porque aún cuando no llegase a triunfar en la primera vuelta sus chances de alzarse con la victoria en la segunda son bastante grandes. El heteróclito conjunto de partidos de la oposición amontona a la ultraizquierda y otras fuerzas menores junto a una alicaída social democracia, banqueros neoliberales con maquillajes posmodernos y la vieja oligarquía de terratenientes y banqueros tradicionales que junto a sus aliados y competidores en el sector financiero despeñaron al país por el abismo en 1999 forzando la súbita emigración de más de dos millones y medio de ecuatorianos y la pérdida de su signo monetario, reemplazado por el dólar. Un agrupamiento de fuerzas y personalismos al cual, diríamos con Borges, “no los une el amor sino el espanto” y por eso mismo no parece tarea sencilla que puedan unificarse para enfrentar con éxito la batalla final.

Un día en silencio

Un día en silencio
Al-Jumhuriya English

 

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Nosotros, los sirios, aunque no podamos hablar, no podemos dejar de hablar. Lo grotesco ha desafiado nuestras palabras, una y otra vez, destruyéndolas. Y, en cada ocasión, sentimos que sólo un silencio eterno podría proteger nuestra dignidad y honrar a los violados de entre nosotros. Una y otra vez terminamos usando las palabras rotas que tantas veces han sido dañadas. No podemos parar. Queremos que nuestras voces se oigan, pero nunca se escuchan. Se han convertido en un ruido monótono, que nadie percibe, como si fuéramos una máquina funcionando entre bastidores, que sólo oyen quienes están en la escena pero que nadie más escucha.

Aun así, hablamos, porque queremos ser escuchados y vistos. Que sean conscientes de nuestra presencia. Que digan que somos la escena activa. Lo grotesco son nuestros cuerpos destrozados. Los cuerpos de nuestros hermanos, amigos y seres amados. Es la escena hacia la que deben volverse las miradas y a la que los oídos deben prestar atención. Y hablamos. ¿Cómo no vamos a hablar?

Sin embargo, la experiencia de las palabras rotas es real y no puede ignorarse. Si es que vamos a seguir hablando, tendríamos que componer nuestras palabras o arriesgarnos a dañarlas aún más. Por ello, debemos convertir nuestros discursos y textos en un refugio donde sanar nuestras palabras; donde inventar otras nuevas y crear un silencio que sea capaz de hablar. Un silencio creativo que preceda a las palabras y a los significados, en el que las palabras sanen y nazcan de nuevo.

Nuestras palabras se ignoran, dejemos que nuestro silencio se escuche.

Nosotros, los sirios, necesitamos un acontecimiento verboso en el que contemplar nuestras palabras; en el que sentirlas y expresarlas; en el que manifestar nuestro respeto y cuidar de su seguridad y dignidad.

Ese acontecimiento podría adoptar la forma de un día de completo silencio; un día sin palabras, expresión o comunicación.

Un día de escogida soledad, aunque salgamos a las calles y estemos rodeados de gente.

Un día para una plegaria ansiosa por las palabras torturadas y rotas. Por las palabras que han muerto, por las que han vuelto a nacer.

Un silencio que celebre el espíritu de las palabras, de los significados. De su vida y persistencia frente a lo grotesco; de su capacidad para avanzar a través de los tiempos y de las culturas; de su fuerza para resistir la atrocidad.

Una protesta contra un mundo de ruido, un elemento de nuestra nueva identidad.

Nosotros, los sirios…

[Traducido del árabe original al inglés por Zuhur Mahmud]

Yassin Al-Haj Saleh, autor del libro de inminente publicación “Impossible Revolution”, es un escritor y disidente sirio exiliado en Turquía.

Fuente: http://aljumhuriya.net/en/war-crimes/a-day-of-silence

Cambio climático: el reloj del Juicio Final no se detiene

Cambio climático: el reloj del Juicio Final no se detiene
Nodal

Ni el cambio climático es un ‘cuento chino’, ni tenemos el tiempo a nuestro favor para seguir postergando decisiones que serán determinantes para el futuro del planeta, para el equilibrio de sus ecosistemas y, más aún, para garantizar las posibilidades de supervivencia de nuestra especie.

El Boletín de Científicos Atómicos (BAS, por sus siglas en inglés), una publicación especializada que se edita en la ciudad de Chicago, anunció recientemente que su simbólico reloj del Juicio Final, con el que desde 1947 alerta sobre la vulnerabilidad y las amenazas globales, avanzó 30 segundos y se encuentra a dos minutos y medio de la medianoche: la hora oscura en la que –sostiene- acabará la civilización humana. Este punto crítico solo se había alcanzado en una ocasión: en el año 1953, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética realizaron sendas pruebas de sus primeras bombas termonucleares.

La agencia de noticias británica BBC consigna que, para llegar a esta decisión, los científicos del BAS tomaron en cuenta, entre otros factores, “los comentarios perturbadores sobre el uso y la proliferación de armas nucleares hechos por Donald Trump”, “su escepticismo y el de su gabinete hacia el inmenso consenso de los científicos sobre el cambio climático”, y “el surgimiento del nacionalismo estridente mundial”.

A esta ponderación uno podría agregar otros hechos que nos advierten que estamos llegando a un punto de no retorno: por ejemplo, el aumento sostenido de la temperatura global, que hizo del 2016 el año más caliente desde 1880, con registros de 1,5° grados más de temperatura que al inicio de la Revolución Industrial; las olas de calor y sequías que asuelan amplias regiones en todos los continentes, y que por estos días provocan incendios forestales en Chile, en la que ha sido considerada la peor catástrofe de este tipo en la historia del país; o la inmensa fractura de una de las plataformas de hielo más importantes de la Antártida, que ya alcanza los 112 kilómetros de largo, 90 metros de ancho y 530 metros de profundidad. Y la lista podría ser mucho más numerosa…

El reloj del Juicio Final es una sugestiva metáfora de la modernidad y de la poderosa influencia de sus principios en la ciencia, en el pensamiento filosófico, en la conformación del sentido común y, en definitiva, en la cultura occidental toda. Como mecanismo de alerta, permite identificar y dar cuenta de (algunos de) los riesgos y peligros de la acción humana sobre el mundo, y nos recuerda que no dejamos de internarnos en la crisis de la civilización del capital: es decir, la crisis de una época que exacerbó hasta lo impensable el apetito de dominación de la naturaleza y de producción de riquezas, bajo el imperio de las máquinas, de las fábricas y las mercancías.

Esa industrialización depredadora que ya en 1950 el intelectual martiniqueño Aimé Césaire denunció vigorosamente en su Discurso sobre el colonialismo: “¿acaso no ven, histérica, en pleno corazón de nuestros bosques o de nuestras sabanas, escupiendo sus pavesas, la formidable fábrica, pero de lacayos, la prodigiosa mecanización, pero del hombre, la gigantesca violación de lo que nuestra humanidad de expoliados ha podido aún preservar de íntimo, de intacto, de no mancillado, la máquina, sí, nunca antes vista, la máquina, pero de atropellar, de triturar, de embrutecer a los pueblos?”

Jorge Reichman, el filósofo y poeta español, sostiene que la humanidad del siglo XXI enfrenta un desafío enorme, que se sintetiza en tener que optar entre dos caminos: “o bien dar la biosfera terrestre (y la naturaleza humana) por perdida e intentar emprender la aventura del espacio exterior, o bien hacer frente a la crisis ecológica, reconstruir ecológicamente nuestras sociedades y volcarnos sobre todo –al menos durante unas cuantas generaciones- en una aventura interior”. Y esto no se puede lograr si no superamos la ideología del progreso y el desarrollo, sus mitos y discursos, para construir una nueva visión de las relaciones entre naturaleza y ser humano, y por lo tanto, una nueva sociedad y una nueva cultura que hermane lo que no debe estar separado, permitiendo su sostenibilidad y la reproducción de la vida en el más amplio sentido.

Ni el cambio climático es un cuento chino, ni tenemos el tiempo a nuestro favor para seguir postergando decisiones que serán determinantes para el futuro del planeta, para el equilibrio de sus ecosistemas y, más aún, para garantizar las posibilidades de supervivencia de nuestra especie. Aquí y ahora, no nos está permitido sentarnos a esperar héroes salvadores ni mágicos finales felices al estilo hollywoodense, y tampoco podemos rendirnos ante la alternativa de la fuga al espacio exterior.

Si queremos salvar el planeta, nuestra casa común, a nosotros mismos –y a los que vendrán después-, debemos actuar ya: con acciones individuales y colectivas, construyendo alternativas civilizatorias, y con la permanente movilización e incidencia sobre una clase política que sigue encandilada por el espejismo del mal desarrollo.

Andrés Mora Ramírez es académico e investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos y del Centro de Investigación y Docencia en Educación, de la Universidad Nacional de Costa Rica.

Fuente: http://www.nodal.am/2017/02/cambio-climatico-el-reloj-del-juicio-final-no-se-detiene-por-andres-mora-ramirez/

“Somos los bárbaros de una nueva época”

Entrevista al escritor mexicano Juan Villoro
“Somos los bárbaros de una nueva época”
Página/12
En diálogo con Página/12 habla de la relación de México con Estados Unidos antes y después de Trump, de la frontera, de Latinoamérica, del fascismo y del valor de la literatura como oasis o refugio en un mundo cada vez más hostil.
Desde Ciudad de México – El empedrado de una de las calles de uno de los barrios más románticos de México, Coyoacán, guía los pasos hasta la casa de uno de los intelectuales más brillantes de la lengua española: el mexicano Juan Villoro. Allí donde se posa su pluma surge un descubrimiento. Novela, cuento, literatura infantil, teatro, ensayos y una profusa e imperdible obra periodística componen el cuerpo de una obra llena de poesía y lúcida ironía. Ganador de una buena decena de premios en varios rubros, desde la novela hasta el periodismo, Villoro publicó su primeros cuentos en 1980 (La noche navegable),su primer libro infantil en 1985 (Las golosinas secretas) y su novela inaugural en 1991 (El disparo de argón). El éxito narrativo le llegó en 2004 con la novela El testigo (Premio Herralde). Su escritura no deja templo sin visitar, menos aún el de esa pasión planetaria y organizada que es el fútbol, deporte que Villoro ha elevado a la categoría metafísica y sobre el que ha escrito una joya de la literatura, Dios es redondo (Premio Vázquez Montalbán 2006). Ha sido, hasta ahora, el único escritor al que se la ocurrido contar no ya la imposibilidad de un autor para escribir sino el empeño de un libro para no dejase leer (El Libro Salvaje)

Juan Villoro es a las palabras lo que un saxofonista como John Coltrane es al jazz y a la música: un explorador inagotable de resonancias y sentidos. El México de Juan Villoro es ajeno a todo folklore: es la ciudad, la mirada de exploraciones infinitas que va desnudando un lugar donde “el carnaval se confunde con el apocalipsis”. Cuento infantil, crónica periodística, narrativa novelesca o relato breve, la obra de Villoro es un corpus reflexivo, cargado de humor, de gravedad y de ligereza. La elección de Donald Trump ha colocado a México en el blanco de la ira xenófoba del presidente norteamericano. En esta entrevista con PáginaI12, Villoro reflexiona sobre el lugar de la literatura en tiempos de crisis, profundiza la compleja relación entre México y los Estados Unidos, señala la casi soledad de un país que se cortó de su fuente natural, América Latina, y profetiza un mundo que se ha descompuesto y en el cual somos “como bárbaros de una nueva era”.

–Después de los atentados contra el semanario Charlie Hebdo y el supermercado judío, en 2015, el libro más vendido en Francia fue un clásico de Voltaire: Tratado sobre la tolerancia. Luego, en noviembre del mismo año, hubo la matanza del Bataclán y los bares de la capital francesa. A partir de ahí, el libro más vendido fue París era una Fiesta, de Ernest Hemingway. Ahora, en Estados Unidos, tras la victoria de Donald Trump, el libro más vendido es 1984, de George Orwell. La literatura parece conservar un valor refugio, una suerte de oasis para la comprensión de lo que nos ocurre.

–La literatura se parece un poco al paracaídas. En condiciones normales no todo el mundo ejerce la literatura, no todo el mundo lee ni se arroja en paracaídas por deporte. Pero en una circunstancia de apremio, la literatura y los paracaídas te salvan la vida. Esa es un poco la situación que tenemos. Un náufrago que sobrevive y encuentra un libro tiene algo en que entretener la mente. Lo mismo pasa hoy en día con la gente desesperada que trata de encontrar en la literatura un refugio o referentes para saber qué fue lo que pasó y cómo pudo pasar algo como lo de Donald Trump o los atentados de París. Pero desde luego, hay muchas claves en la obra de Orwell para comprender lo que está pasando en los Estados Unidos. El caso de una sociedad que se pretende democrática y que da cabida a un candidato racista, que niega la información, que dice mentiras, que falsea los datos es muy complejo. En suma, un gran charlatán, un gran bufón que pasó de ser una figura de segundo orden en la televisión y un magnate bastante cuestionado a convertirse en el hombre más poderoso del planeta.

–Lo que pasará con Trump ya está plasmado en la literatura en una suerte de anticipación que toma forma cada semana.

–Hace un tiempo escribí un artículo sobre una novela de Sinclair Lewis, Esto no podría pasar acá. La novela trata de un político norteamericano conservador, mesiánico, que imitando los liderazgos de Hitler y Mussolini en la Segunda Guerra Mundial presenta una agenda muy atractiva para el norteamericano descontento. Mucha gente liberal dice en la novela que ese candidato no puede triunfar en los Estados Unidos, que la democracia es muy fuerte. Luego, en la novela, las personas que votaron por el acaban decepcionadas porque, una vez que se instaura un gobierno autoritario, se pasa a una dictadura. Hasta las personas que lo respaldaron terminan arrestadas. Es entonces un esquema de lo que podría pasar en los Estados Unidos. Pero los presidentes no leen novelas y, por lo visto, la realidad tampoco las lee lo suficiente para estar advertida de lo que puede pasar.

–La desconfiguración del mundo no es una exclusividad norteamericana. En Europa está ocurriendo lo mismo con las pujantes extremas derechas. Hay como una propagación de esas utopías del mal.

–El populismo es un fermento que está latente en todos los pueblos. Hay una pulsión nacionalista que muchas veces parece la última respuesta ante una circunstancia desagradable. Lo vimos en Estados Unidos con Donald Trump, en Inglaterra con el Brexit, en Cataluña el separatismo ha aumentado con la crisis. El doctor Johnson decía: “el nacionalismo es el último refugio de los canallas”. O sea, la última oportunidad de encontrar una raíz válida para una realidad adversa. Esto seguirá teniendo brotes en todo el mundo. El fascismo italiano fue nacionalista, el nacional socialismo alemán también. No es un invento norteamericano. Creo que el gran problema de la clase política y de los medios fue la incapacidad de analizar el auténtico descontento de mucha gente en los Estados Unidos y, también, el agotamiento de un modelo político. Esto fue lo que hizo igualmente posible que una candidata tan deficiente como Hillary Clinton, miembro de un sistema totalmente obsoleto y cuestionable, se presentara como una alternativa a Donald Trump. Claramente no lo era.

–En esta situación, México está en primera línea. Su frontera con los Estados Unidos es una amenaza.

–Sí, en México está habiendo una reacción para potenciar a un candidato que sea el anti Trump. Se trata de Andrés Manuel López Obrador, el candidato de la izquierda. Obrador se mantuvo vigente por muchas razones. En dos ocasiones compitió por la presidencia. En la primera fue objeto de todo tipo de triquiñuelas y quedó como un candidato que había perdido a la mala. Desde entonces no ha dejado de luchar. Parte de su proyecto político tiene que ver con el nacionalismo que el gobierno del actual presidente Peña Nieto ha minado mucho. Las reformas que ha habido en México apuntaron todas hacia la famosa globalización. El Primero de enero de 1994, el Ejercito zapatista se levantó en armas para protestar por la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá. Ellos decían: “esto está vendiendo a México en un momento en que los pueblos originarios no hemos recibido ningún beneficio del llamado desarrollo”. Esa fue, en el 94, una llamada de atención muy importante. Desde entonces, los distintos gobiernos no han hecho sino articular una política dependiente de los Estados Unidos. Recientemente hubo una reforma energética que permite que se hagan inversiones de hasta el 100% por 100% con capital extranjero en aguas profundas para explotar petróleo. Se trata de la venta del patrimonio nacional. Un gobierno que no ha tenido una actitud de defensa a la soberanía es ahora desafiado por López Obrador, un candidato fuerte, carismático, que ahora recibe el impulso de los Estados Unidos. Parece ser la persona que podría enfrentar con más congruencia el proyecto imperialista norteamericano. El nacionalismo de López Obrador adquiere combustible. A los mexicanos nos preocupa que Donald Trump sea el presidente de los Estados Unidos, pero nos preocupa mucho más que Peña Nieto sea el de México.

–Al gobierno le ha faltazo solidez en su respuesta a las agresiones de Trump y se expuso a las provocaciones del presidente norteamericano sin opción de respuesta contundente.

–-Es claramente Trump quien fija la agenda y México no ha podido tener una agenda paralela. La respuesta mexicana ha sido muy blanda hacia los Estados Unidos y ha sido totalmente indiferente hacia América Latina. Ese es uno de los grandes problemas que tenemos.

–México se ha cortado de forma inexplicable de América Latina cuando, en realidad, supo ser un actor decisivo en otros tiempos.

–Si vemos los últimos foros que se llevaron a cabo en América Latina la participación mexicana ha sido muy escasa, o no asistió. No tenemos una verdadera política hemisférica con América Latina. Claro, ahora que estamos en un gran problema no hay un respaldo de la comunidad latinoamericana ni una unidad respecto a Trump, ni puede haberla. El problema es que México tiene con respecto a los Estados Unidos una psicología de hermano menor. Visualizamos al presidente de los Estados Unidos como al hermano mayor, impositivo, cruel, poderoso, arbitrario, pero que nos puede hacer algunos favores porque, al fin de cuentas, se puede considerar que nosotros somos su consentido, su favorito, su protegido. Esa ha sido desde siempre la estrategia de México ante los Estados Unidos: jugar la carta del favorito por tener una frontera muy grande y por ser el país con el que tenemos más comercio. La frontera entre México y los Estados Unidos es la más cruzada del mundo, ya sea con cruces legales o ilegales. En esta situación consideramos que Estados Unidos nos va a favorecer con algún tipo de privilegio. Por eso la política ha sido muy blandengue, ha sido una política que no puso las cartas sobre el asunto. Esto es muy grave porque desde hace décadas tenemos los mismos problemas. Barack Obama fue la cara sonriente de una política muy similar a la de Donald Trump. Obama rompió records de deportaciones, más de tres millones de mexicanos regresaron acá. En Medio Oriente Obama rompió records de ataques con drones, hubo muerte de población civil. En suma, no ha sido un presidente al que hayamos podido considerar como un socio de México. La situación es esquizofrénica. Los trabajos para los mexicanos están disponibles. En cualquier restaurante de los Estados Unidos las cocinas están llenas de mexicanos. Son ellos quienes lavan todos los platos del imperio. En esta situación en la que se necesitan tantos trabajos de mexicanos no se ha podido regularizar la inmigración. Eso algo gravísimo. Los mexicanos tienen que atravesar un auténtico safari en la frontera y sobrevivir de milagro para luego llegar a los trabajos que de cualquier forma están disponibles. Esta situación lleva ya 30 años. México no ha tenido una verdadera política hacia los Estados Unidos.

–Si usted ve la configuración de hoy desde el humor, la ironía o la literatura ¿estamos en un gran problema o con una gran oportunidad entre las manos?

–Las crisis son oportunidades. A mi me parece maravillosa la marcha de un millón de mujeres en Washington después del triunfo de Trump, pero esa marcha también hubiese podido llevarse a cabo si ganaba Hillary Clinton porque los problemas que se denunciaban allí nadie los resolvió hasta ahora. Trump tiene este efecto revulsivo que hace que mucha gente se implique por primera vez. Si Hillary hubiese ganado, para muchos habría sido como “podemos dormir en paz, la democracia ha triunfado, la democracia se impuso”. Pero es una democracia muy fallida y una razón cuestionable. Entonces, este efecto revulsivo es importante dentro de los Estados Unidos. Y a los mexicanos nos debe servir también para recapacitar, para reformular nuestra política y buscar alternativas a la dependencia que tenemos: el 85% de nuestro comercio lo hacemos con los Estados Unidos. En los años 80 México llegó a ser el cuarto productor mundial de petróleo. Hoy importamos de los Estados Unidos el 60% de nuestras gasolina. Y tenemos reservas comprobadas para cinco días. Si Estados Unidos cerrara el suministro de gasolina en diez días el país quedaría paralizado. Ese es el nivel de nuestra dependencia. Esto debe llevarnos a pensar en otro tipo de alternativas. Lo que no me parece bien es que esto nos conduzca a exonerar las responsabilidades internas y que, de allí, Donald Trump se convirtiera en el aliado más paradójico de Peña Nieto al hacer de nuestro presidente la víctima del continente, el hombre que quiso y no pudo del todo defender la soberanía mexicana.

–Muchos mexicanos, por su posición geográfica, se consideran norteamericanos. ¿No es una trampa en la percepción de la identidad? ¿Acaso México no necesita darse cuenta que es la inmensa cultura de la frontera sur y que pertenece a ese orbe de la identidad?

–Ese ha sido uno de nuestros grandes rezagos. México siempre ha tenido esta visión hacia el norte. Por ejemplo, en el lenguaje coloquial, cuando alguien dice voy a la frontera, se refiere al norte. No existe la frontera sur, aunque la tengamos. La obsesión mexicana es mirar al norte. Nuestra cultura ha sido lo suficientemente fuerte para viajar a los Estados Unidos sin perder tradiciones, para transformar las costumbres, la comida, los valores de muchas comunidades al interior de Estados Unidos. Fuimos fuertes como para no perder nosotros una identidad. Pero, al mismo tiempo, no hemos tenido una política latinoamericana fuerte. Hubo momentos en que la mayoría de los países latinoamericanos –todos– rompieron relaciones diplomáticas con Cuba, nosotros en México no, mantuvimos con Cuba una relación estratégica muy importante. Creo que cuando el levantamiento zapatista dijo “estamos entregándonos a los Estados Unidos”, de hecho tocaban una fibra mucho más fuerte de la que se pudo ver en ese momento.

–De todas formas, las relaciones entre México y los Estados Unidos son complejas. La frontera es, para los norteamericanos, mucho más que una división física: es al mismo tiempo la puerta del paraíso y del infierno.

–La percepción de ciertos norteamericanos respecto a México es muy curiosa. Recuerdo que en los años 60 había botones hippies en San Francisco que decían: “God is alive and well and living in Mexico City”. Dios está sano y salvo y viviendo en la ciudad de México. Esto era paradójico porque nuestra comunidad de entonces era bastante convencional, por no decir represiva, pero los hippies encontraban aquí la posibilidad de vivir tranquilamente. Aquí vino la generación beat, Kerouac escribió aquí su famosa novela En el Camino, William Burroughs vivió en México, mató a su esposa y salió sin ningún problema. A Burroughs le pareció que la justicia mexicana era maravillosamente sobornable. México era como la reserva de los excesos norteamericanos. El norteamericano que viene a México es un fugitivo o un exiliado o alguien que está a disgusto con un estado de cosas que hay en su país y que piensa comportarse en México de distinto modo. Este país le da la oportunidad. Nosotros hemos tenido la suerte de contar con ese tipo de norteamericanos. Pero es una relación compleja porque los mexicanos estamos perfectamente conscientes del papel que Estados Unidos ha jugado para nosotros. El presidente Porfirio Díaz solía decir “pobre de México. Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Siempre hemos pensado que es el enemigo a vencer y a la vez el socio con el que debemos congraciarnos.

–Me queda la tentación de una última pregunta que formulo: muchos pensadores, periodistas o escritores están seguros de que el mundo se rompió, de que los moldes de antes no sirven más ni para comprenderlo, ni para narrarlo.

–Tengo la impresión de que somos los bárbaros de una nueva época. Algo está comenzando, hay un fin de ciclo, nuevas tecnologías, nuevas dependencias, nuevas adicciones, nuevos miedos, nuevas ilusiones. Todo esto configura un paradigma que todavía no acabamos de descifrar. Tenemos recursos e instrumentos que todavía no sabemos cómo usar. No es casual que la palabra de 2016 haya sido post verdad. Estamos apenas aprendiendo nuevos protocolos. En este mundo de espejismos tendremos que encontrar nuevos recursos, nuevas estrategias para recuperar la verdad. Sin ella no podremos vivir.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/19724-somos-los-barbaros-de-una-nueva-epoca

¿La izquierda contra la “izquierda”?

Ecuador 2017
¿La izquierda contra la “izquierda”?

A menos de 15 días de las elecciones presidenciales en el Ecuador, no es posible augurar que el candidato del “correísmo”, Lenín Moreno, logre superar el 40% y sacarle 10% de ventaja al segundo o que obtenga el 50% de los votos en primera vuelta. Sin embargo, si es posible valorar que la concurrencia de dos coaliciones con partidos y movimientos de izquierdas, no solo divide y confunde a las masas de desposeídos ecuatorianos, sino que pone en riesgo la continuidad de la Revolución Ciudadana y el balance progresista en Nuestra América.

Como en lo últimos años, en la actual contienda electoral, no han sido estables los líderes de los partidos, precisos los posicionamientos políticos de los contrincantes, ni coherentes sus filiaciones a una u otra alianza o coalición. Indeterminaciones que “producen” tanto las agrupaciones de la derecha como las de la izquierda.

Los debates y desacuerdos de la izquierda ecuatoriana, discurren a primera vista alrededor del apoyo o no al “correísmo”, y al programa de gobierno que proyecta ejecutar para el próximo mandato. Solo que si son muchas -cuantitativa y cualitativamente- las izquierdas que se disputan los votos que intentan acaparar los partidos de derecha, es más bipolar y evidente la puja de intereses en juego: con los pobres o con las oligarquías.

El Frente Unidos, que defiende la continuidad de la Revolución Ciudadana, está conformada por varios partidos y organizaciones sociales, entre ellas Alianza PAIS, el Partido Socialista, Amazonía Vive, diversos desprendimientos del Partido Comunista y movimientos provinciales progresistas.

Alianza PAIS (Patria Altiva I Soberana) es la plataforma electoral ciudadana liderada desde su fundación en el 2006 por el presidente saliente Rafael Correa, quien, al ganar las elecciones en noviembre de 2006, rompió con la vieja partidocracia ecuatoriana. Como se conoce, tras el anuncio de Correa de no presentarse como candidato a la presidencia, la alianza en el poder, decidió postular como aspirante al ex vicepresidente Lenin Moreno quien se ha mantenido como el candidato más popular según las encuestas [1]. Lenin ha estado promoviendo un discurso de reconciliación y ha manifestado que aspira a sumar las visiones de los que han tomado distancia con la gestión de Alianza País.

La otra parte de la izquierda ha mantenido un comportamiento pendular entre el llamado “correismo” y el “no- correísmo”. Un parte de ella, se separó de la Alianza Pais durante sus 10 años de gobierno, y ha devenido oposición crítica de sus agendas y decisiones. Unas más cercanas a la socialdemocracia, otras herederas del marxismo más ortodoxo y que se autodeclaran herederos históricos de la “verdadera” lucha popular y niegan al gobierno actual toda calidad izquierdista y socialista.

En su mayoría, está izquierda opositora a Correa se ha agrupado para las próximas elecciones en la coalición Acuerdo Nacional para el Cambio (ANC), de resultante tendencia centro izquierda o socialdemócrata. El ANC promueve como candidato a la presidencia al General (r) Paco Moncayo, impulsado por el partido Izquierda Democrática (ID), un partido de antigua significación nacional y de tendencia a la socialdemocracia.

Vale recordar que Moncayo fue designado por el ex presidente ecuatoriano Abdalá Bucaram como Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, y fue a su vez el protagonista del golpe de Estado que sacó a Bucaram del poder en febrero de 1997 y del otro que destronó a su sustituta la vicepresidenta Rosalía Arteaga, con la co-participación-junto a otros partidos derecha-, de su partido ID. [2]

El presidente de la República Rafael Correa opinó en su momento que la postulación de Paco Moncayo como candidato a la primera magistratura en las elecciones del próximo 19 de febrero, serviría para “enriquecer la democracia” y calificó a la postulación del también exalcalde de Quito y exasambleísta, como “lo más rescatable que ha presentado la oposición”. Sin embargo, reconoció que no comparte “muchísimas cosas con el general Moncayo”[3].

Junto a ID forman parte de esta convergencia electoral, el partido Unión Popular -antes Movimiento Popular Democrático (MPD)- y el Centro Democrático Nacional del perfecto de Guayas Jimmy Jairala que hasta hace muy poco apoyaba al “correísmo”,

El Partido Comunista Marxista Leninista (PCMLE) se ha integrado también a esta coalición. Este partido, surgió del seno del Partido Comunista del Ecuador en agosto de 1964, como uno de los efectos sobre la izquierda ecuatoriana de dos acontecimientos internacionales: el sisma chino-soviético y el triunfo de la Revolución Cubana y en todos sus congreso han reafirmado su apego a los postulados del marxismo leninismo, pero de matriz más bien stalinista. En relación a su integración al ANC -que ellos llaman “frente”- han afirmando que “es posible y necesario encontrar puntos coincidentes para la estructuración de un Programa de Gobierno que, por ejemplo, se plantee enfrentar la crisis económica desde la defensa de los intereses populares y soberanos del país, o desmontar todo ese andamiaje autoritario y antidemocrático levantado por el correísmo durante estos años”. [4]

Montecristi Vive es un movimiento liderado por Alberto Acosta, uno de los ideólogos de la Revolución Ciudadana y que promueve como objetivo de su plan de Gobierno “Desmontar el correísmo” con un plan titulado “De abajo, por la izquierda, con la Pacha Mama”. [5]. Acosta fue Ministro de Energía y Minas de Rafael Correa y luego presidente de la Asamblea Nacional Constituyente promovida por este, pero desde junio del 2008 se separó de PAIS y del gobierno, convirtiéndose en uno de los más fuertes críticos de Correa. En octubre del 2001 en un articulo suyo titulado “Unidad” Acosta consideró: “Ganar elecciones es importante, pero no suficiente. (…) Antes que asaltar el poder conviene construir un poder contra hegemónico” [6]. Sin embargo, se suma ahora a la coalición de Moncayo y al “Todos contra Correa”.

Entre los más ilustrativo ejemplos de este péndulo comportamental de las izquierdas en la patria de Eloy Alfaro, hallamos el caso del partido indigenista Pachakutik que manejó, a propuestas de dos de sus prefectos en las provincias amazónicas, unirse a la derecha dentro de un movimiento anti-correista más amplio y terminó aliándose a la coalición de centro izquierda ANC. De su trayectoria podemos destacar que jugó un papel fundamental en la caída de los ex-presidentes Abdalá Bucaram y Jamil Mahuad, formó parte de la coalición que llevó al poder a Lucio Gutiérrez en el 2002 -aunque se separó de éste seis meses después por su viraje pro estadounidense y antipopular-, presentó un candidato propio para las elecciones del 2006 y luego del triunfo de Rafael Correa, se unió a la coalición de gobierno, jugando un importante papel en la aprobación de la Constitución de Ecuador del 2008. En el 2009, poco tiempo después de apoyar a Correa para su reelección, se separó de éste por contradicciones con las políticas públicas implementadas por su gobierno. Desde entonces, se ha mantenido en la oposición, con una postura fuertemente crítica contra el Gobierno de Correa. En el 2013 el MUPP se co-alió a la Unidad Plurinacional de las Izquierdas, antecedente del ANC.

Otro ejemplo es el Partido Avanza del exfuncionario del Gobierno de Correa Ramiro González. Este partido en el 2013 apoyó la reelección de Correa y ahora, para el 2017, se sumó a la convergencia electoral de derecha “La Unidad”, – dirigida por el alcalde de Guayaquil Jaime Nebot, finalmente disuelta el 31 de octubre del 2016. Avanza es un partido político socialdemócrata creado en marzo de 2012 por el presidente del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social y ex-Prefecto de Pichincha, Ramiro González Jaramillo y se formó principalmente por ex miembros de Izquierda Democrática.

La mayoría de estas fuerzas políticas acusan al gobierno de Correa de reformistas, socialdemócrata y hasta neoliberal, de convivir y aplicar mecanismos capitalistas y traicionar los fundamentos de los que se ha conocido como Socialismo del siglo XXI.

Recordemos que, en la primera vuelta del 2006, la izquierda presentó cinco candidatos, incluido Correa, fragmentado su fuerza. Luis Macas como líder de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) obtuvo un 2,2 % y el ex diputado del Movimiento Popular Democrático Luis Villacís alcanzó solo un 1,31%.

En el 2009, el dueto Rafael Correa / Lenin Moreno del Movimiento PAIS – en alianza con el Partido Socialista-Frente Amplio, el Movimiento Popular Democrático, el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik-Nuevo País y el Partido Roldosista Ecuatoriano-, triunfó en primera vuelta con el 51,99% de los votos. El extinto Red Ética y Democracia acompañado del  Movimiento Polo Democrático, sumaron sólo el 4,33%.

En las últimas presidenciales (2013) varios de los partidos que hoy conforman el ANC, se presentaron -junto a otros movimientos sociales- en la Unidad Plurinacional de las Izquierdas, con Alberto Acosta como candidato y obtuvieron apenas el 3.26% de la votación y solo 5 de los 137 escaños a la Asamblea Nacional.

Más recientemente, en las pasadas elecciones por las alcaldías y prefecturas de febrero del 2014, se evidenció cierto avance de la derecha, la supremacía de Alianza País y sus aliados (Avanza y Partido Socialista) sumaron un total de 107 alcaldes y 11 perfectos y que los demás partidos de la izquierda llegaron tan solo a 22 alcaldes y 5 prefectos [7].

Sin obviar los errores del “correísmo”, ciertos discursos y afiliaciones electoreras, ponen entre dudas si se actúa sobre una base programática genuinamente diseñada desde abajo, viable y que supere el “reformismo” o las “tendencias neoliberales” de Correa; si no perdieron las coordenadas con las que se fundaron y tan solo parten de una necesidad electoral de derrotar al “correísmo” y ganar alguna cuota de poder en el futuro gobierno.

Parece además que una parte de la derecha con ropaje y columna socialdemócrata logró infiltrarse en una buena parte de los partidos y movimientos de izquierda que tomaron las calles contra Correa. Incluso varios líderes indígenas y de los trabajadores que integran estos partidos de “izquierda”, no tuvieron pudor alguno en acercarse o coquetear con partidos y candidatos de la más extrema derecha.

En un país históricamente fragmentando regional y políticamente, la izquierda lejos de asumir el reto de la unidad frente al enemigo común, se desgasta políticamente y suma a la contradicción fundamental y de clases, sus diferencias en cuanto a modo de asumir posturas anticapitalistas y las estrategias de transformaciones sociales en pos del bien común. Ante lo que vale preguntarnos: ¿Qué tanto será de izquierda, un líder o un elector que se sume, a un “Todos contra Correa” y/o “¿Todos contra Lenin” y no al imprescindible “Todos contra la derecha, contra el neoliberalismo y contra el capitalismo”?

En mi modesta opinión, no se estima en su justa trascendencia el saldo negativo que la candidatura de Paco Moncayo produciría en el peor de los escenarios para la alianza de Lenin, una segunda vuelta electoral. Tampoco en qué medida su tendencia a crecer en intención de votos -junto a la bipolaridad de la derecha – conduce al proceso hacia ese escenario.

Por un lado, parece que Moncayo aún guarda gasolina política, y con su intenso recorrido ha acaparado cerca de un 15% de intención de voto. Por demás, según las encuestas la indecisión permanece por encima del 33%, algunos la estiman en el 45%. Por otro lado, la ferocidad con que se atacan Alianza, el PSC y CREO, podría inclinar contra Lenin y contra la derecha la intención de voto de muchos indecisos. Algunos administradores de opinión y las propias encuestadoras [8] han introducido ciertas valoraciones que favorecen a Moncayo, candidato que ha dicho: “De no llegar a la segunda vuelta -hipótesis no consentida- yo voy a apoyar a la oposición al Gobierno”, “Lenín Moreno no es el candidato que garantiza los cambios que Ecuador necesita” y que “en temas fundamentales estoy lejísimos del pensamiento oficial” [9].

En los próximos días, se ha de incrementar el impacto esta desunión- y su consecuente desorientación política- en la masa de indecisos; en su mayoría, enojados o desesperanzados como consecuencia de la compleja situación por la que atravesó el país en los dos últimos años 2015 y 2016, por la reducción de exportaciones, la caída de los precios del petróleo y los embates de la naturaleza y las denuncias de corrupción que han tenido como blanco al gobierno de Correa.

Notas:

1. http://www.eleccionesenecuador.com/encuestas-presidenciales-ecuador.php

2. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217973&titular=paco-moncayo-%BFdem%F3crata-o-golpista?-

3. http://www.eluniverso.com/noticias/2016/09/26/nota/5824033/rafael-correa-sobre-paco-moncayo-es-mas-rescatable-que-ha

4. http://www.pcmle.org/EM/spip.php?article7749

5. http://www.eluniverso.com/noticias/2016/02/27/nota/5429265/desmontar-correismo-busca-montecristi-vive

6. http://www.finanzas.com/noticias/ecuador/20120901/acosta-sera-candidato-fuerzas-1515757.html

7. http://www.rebelion.org/docs/181557.pdf

8. http://elecciones2017.gkillcity.com/2017/01/23/pelea-viteri-lasso-moncayo/

9. http://www.elcomercio.com/actualidad/pacomoncayo-apoyo-alianzapais-elecciones-candidatos.html .

“Los cubanos no están dispuestos a negociar la soberanía nacional”

Entrevista a Salim Lamrani
“Los cubanos no están dispuestos a negociar la soberanía nacional”
Sputnik Radio

El reciente fallecimiento de Fidel Castro ha colocado a Cuba en el centro de la actualidad. Pero, ¿cuál es la situación económica y política de la isla? Entrevista a Salim Lamrani, especialista de Cuba.

Jacques Saphir: ¿Acaso podemos pensar que habrá menos represión política en los años venideros?

Salim Lamrani: Creo que conviene colocar la realidad cubana en la problemática latinoamericana., particularmente en cuanto a la cuestión de los derechos humanos. Es verdad que en Occidente se habla mucho de represión política. Pero es importante recordar el contenido del informe de Amnistía Internacional. Según Amnistía Internacional, no hay ningún país en América, desde Canadá hasta Argentina, que presente una mejor situación de los derechos humanos que Cuba. No lo digo yo. No se trata de una afirmación del Gobierno cubano. Es el resultado de un análisis comparativo de los informes de Amnistía Internacional. Creo que hace falta recordar esta realidad cuando se trata de disertar sobre el tema de los derechos humanos.

Además, cuando se habla de represión política o del tema de la disidencia en Cuba, es necesario recordar que uno de los pilares de la política exterior de Estados Unidos desde 1960 ha sido financiar y organizar una oposición interna en Cuba con el objetivo de derrocar el orden establecido. Si esta política fue clandestina hasta 1991, es una política reconocida por Washington desde 1992 y la adopción de la ley Torricelli. Conviene recordar que todo disidente que reciba emolumentos de una potencia extranjera –y fue el caso de los opositores políticos encarcelados en el pasado en Cuba– viola la ley penal en Cuba, pero pasaría lo mismo en Francia o en cualquier otro país occidental que tipifica como delito el hecho de recibir financiamiento de una potencia extranjera con el objetivo de cuestionar el orden establecido.

Cuando recordamos esto la perspectiva es diferente y cambia la imagen de Cuba.

Jacques Saphir: Uno se pregunta si Cuba no va a enfrentar un reto nuevo. Miremos la situación. Hay una nueva generación en Cuba que no conoció la Cuba de antes de Castro y la situación de la isla antes de 1959. Hoy tiene expectativos tanto más importantes en cuanto que se trata de una población joven particularmente bien educada. De cierto modo, ¿acaso el Gobierno cubano no estaría confrontado al reto de satisfacer las expectativas de esta nueva generación?

Salim Lamrani: Tiene usted razón al subrayar que Cuba se enfrenta a un nuevo reto. Yo diría que se trata de un triple reto. Primero Cuba se enfrenta a una renovación generacional. En efecto, por las leyes de la naturaleza, la generación que hizo la Revolución cederá el poder en los próximos años. Le queda un año de presidencia a Raúl Castro. Luego está el reto de la actualización del modelo económico. Y finalmente el tercer reto es la nueva relación con Estados Unidos.

No obstante conviene recordar que desde el triunfo de la Revolución cubana en 1959 el país ha estado confrontado a retos titánicos. El primero ha sido desde luego la hostilidad de Estados Unidos, que dura hasta hoy a pesar de la política de acercamiento que emprendió el Presidente Obama en diciembre de 2014. Los cubanos, en el curso de su Historia, siempre han respondido con mucha inteligencia a las nuevas realidades.

Apuntemos que las principales aspiraciones de la juventud cubana de hoy no son de orden político sino material. Los cubanos, incluso las categorías más insatisfechas –que desde luego existen, como en toda sociedad– no están dispuestos a negociar la soberanía nacional, la independencia que es la principal conquista de la Revolución cubana. Esta juventud no aspira tampoco a un cambio de sistema político. Cuando uno conversa con las nuevas generaciones, uno se da cuenta de que no hay reivindicaciones de orden político. La juventud cubana aspira a un mejor nivel material. Es una aspiración legítima del pueblo cubano que ha sufrido mucho, sobre todo desde el Periodo Especial, tras el desmoronamiento de la Unión Soviética y el recrudecimiento de las sanciones económicas por parte de Estados Unidos que, en 1992, en vez de normalizar las relaciones con Cuba –ya que había desaparecido el enemigo histórico, la URSS– recrudeció la hostilidad y la agresión contra Cuba. Conviene recordar que las sanciones económicas constituyen el principal obstáculo al desarrollo del país. Los cubanos han alcanzado un nivel de desarrollo humano similar al de los países más ricos y han resuelto las necesidades básicas. La gran diferencia entre la realidad cubana y la realidad latinoamericana y del Tercer Mundo es que en Cuba se han satisfecho las necesidades básicas. Todos los cubanos comen tres veces al día, tienen acceso a una vivienda, a la educación, a la salud, a la cultura, al deporte –que es fundamental para el desarrollo físico e intelectual del ciudadano- Estas conquistas de Cuba todavía son aspiraciones en los países de América Latina y del Tercer Mundo.

Dicho eso, los cubanos aspiran a un mejor nivel de vida material. Para eso hace falta que la economía cubana aumente su producción y por lo tanto resulta indispensable que se levante el principal obstáculo al desarrollo del país y que Estados Unidos ponga término a las sanciones económicas. Hay un nuevo presidente en Estados Unidos cuyo discurso hacia Cuba ha sido algo contradictorio. En un primer tiempo reconoció la lucidez del Presidente Obama, que admitió que la política de hostilidad era un fracaso y decidió dialogar con La Habana. Después el discurso de Trump evolucionó.

Conviene recordar que desde 1959 las autoridades cubanas siempre han declarado su disposición a dialogar con Estados Unidos siempre que se respeten tres principios: la no injerencia en los asuntos internos, la igualdad soberana y la reciprocidad. Los cubanos siempre han expresado la voluntad de resolver de modo pacífico y cordial los diferendos que oponen Washington a La Habana.

Yo creo entonces que el nuevo reto al cual se confronta Cuba es el tema económico. Hay que mejorar la producción. Insisto, no creo que haya reivindicaciones de cambio de sistema económico. Los cubanos son lúcidos y cultos. Conocen las realidades del mundo. Cuando se les propone un cambio de modelo su primera pregunta es la siguiente: “¿Qué modelo nos proponen?”. ¿Acaso se trata del modelo vigente en los países occidentales donde vemos, por ejemplo, que en un país tan rico como Francia, quinta potencia del mundo, hay nueve millones de pobres? ¿Acaso se les propone la realidad mexicana o latinoamericana a los cubanos? Los cubanos no desean un cambio de modelo. Sólo aspiran a mejorar el suyo.

*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, ¡palabra a la defensa!, Hondarribia, Editorial Hiru, 2016. http://www.tiendaeditorialhiru.com/informe/336-cuba-palabra-a-la-defensa.html Contacto: lamranisalim @yahoo.fr ; Salim.Lamrani @univ-reunion.fr Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

Fuente: https://fr.sputniknews.com/radio_sapir/201702031029932667-cuba-castro/