Publicistas del imperio

Publicistas del imperio

Evidentemente, las crisis enseñan. Hacen caer las máscaras de quienes aparecían ante los ojos del público como “periodistas” –serios, independientes, bien informados– y los revela como lo que son: agentes de propaganda, publicistas de los grupos dominantes para quienes este es el mejor de los mundos posibles. Un mundo en donde ocho individuos tienen más riquezas que la mitad de la población mundial y el 1% más rico tiene más que el 99% restante del planeta. Para quienes están en la cima de esa pirámide pretender cambiar este mundo es una locura y una amenaza a sus intereses y privilegios. Por eso organizan una legión de publicistas disfrazados como “periodistas” o “académicos” que se encargan de engañar a la gente sea mintiendo u ocultando lo que el común de los mortales no debe jamás saber. ¿El mensaje? El mismo que propalara Margaret Thatcher: este el el mundo que hay, no hay otro, “no hay alternativas”.

La desesperación por abortar cualquier pretensión de cambio, cualquier aspiración a construir una sociedad más justa, humana, amigable con la naturaleza es tan grande que en su edición del 8 de Agosto el periódico conservador La Nación publica las opiniones de dos de sus habituales colaboradores perpetrando sendos exabruptos que los descalifican para seguir posando como analistas políticos. Andrés Oppenheimer en la edición impresa comienza con un título que anticipa la sutileza de su escrito: “Maduro es un dictador”. Y pocas horas después, en la edición online de ese mismo diario, Loris Zanatta, un historiador italiano especializado en el estudio del nacionalismo católico y el peronismo, ganado por su ofuscación levanta la apuesta de su colega y de un plumazo Maduro ya no es un dictador sino un déspota que preside un estado totalitario.

En épocas normales jamás me habría ocupado de personas que dicen lo que estos dos publicistas. Pero vivimos en un mundo que se acerca temerariamente a su autodestrucción, “tiempos interesantes” según la conocida maldición china que inspiró a Eric Hobsbawm, y en épocas como esta quien calla otorga. Lo que transmiten los editorialistas de La Nación no son ideas sino como dijera Octavio Paz (ese sí que era un intelectual fuera de serie, lástima que involucionó hacia la derecha) simples “ocurrencias”, casi el grado cero de la capacidad de simbolización de los humanos. A ambos los reprobaría en un examen y les exigiría que antes de presentarse nuevamente leyeran con mucho cuidado algunos de los textos clásicos en la teoría y la filosofía políticas antes de volver a hablar de dictaduras y totalitarismos. Leer a Carl Schmitt, Sheldon Wolin, Franz Neumann, Hanna Arendt, Max Weber, Barrington Moore, Giorgio Agamben, Domenico Losurdo, Perry Anderson, Juan Linz y, entre nosotros, a Gino Germani para no incurrir en papelones como los que me veo obligado a comentar.

Creo que es una falta de respeto para con los lectores hablar de dictadura apelando al Diccionario de la Real Academia Española o al Merriam-Webster. A falta de teóricos reconocidos y respetables en el campo de la ciencia política Oppenheimer cita una autoridad extravagante: el Asesor de Seguridad de Donald Trump, H. R. McMaster, quien según nuestro autor estuvo en lo cierto cuanto declaró que Maduro “no sólo es un mal líder: ahora es un dictador”. McMaster no parece demasiado calificado para dictar cursos de teoría política o hablar de estos temas. En medio siglo de profesión su obra jamás la he visto citada en los textos que estudian el tema. Es un general del ejército con un doctorado en historia de Estados Unidos y un rudo crítico de las “políticas blandas” aplicadas por la Casa Blanca en Vietnam, cosa que lo pinta de cuerpo entero. Haber destruido un país y matado a más de tres millones de vietnamitas reflejan la escandalosa “blandura” de Washington para este troglodita.

Pero las opiniones del imperio no se discuten sino que se acatan y entonces si McMaster lo dijo Maduro “debe ser” un dictador y Oppenheimer se apoya en la autoridad del general para fundamentar su conclusión. Extraño dictador, como señalaba Eduardo Galeano a propósito de Chávez, en un país donde su “dictadura” convocó a 21 elecciones y las dos que perdió fueron inmediatamente aceptadas por el “dictador”, mientras que la oposición “democrática” nunca reconoció sus 19 derrotas. Dictador que acaba de convocar nuevas elecciones para alcaldes y gobernadores, y que si la oposición -que dice contar con la mayoría del apoyo popular- se presenta puede ganarlas sin ningún problema. Que según el ex presidente James Carter el dictador de marras cuenta con un sistema electoral que es de los mejores del mundo, más transparente y confiable que el de Estados Unidos. Que acepta que funcione una Asamblea Nacional que tiene tres “diputruchos” y que desobedeció la orden del Tribunal Superior de Justicia de convocar a nuevas elecciones para reemplazarlos con diputados legalmente electos. Que admite que el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, visite al Jefe del Comando Sur de Estados Unidos rogándole que envíe tropas a Venezuela para restaurar el orden, regrese al país sin ser molestado, convoque a conferencias de prensa para denunciar al “dictador”, continúe con su investidura parlamentaria y su actividad política hasta el día de hoy y nadie lo haya denunciado por lo que en la Argentina sería un gravísimo delito de infame traición a la patria. Que tiene que vérselas con un enjambre de medios de comunicación opositores que hicieron de la mentira y la difamación su modo de ejercer el periodismo.

Si Maduro es un dictador entonces don Andrés tendrá que acuñar alguna nueva categoría teórica para asignar en su tipología a demócratas tan eminentes como el golpista e hipercorrupto Michel Temer; Juan Manuel Santos, que cierra sus ojos antes los siete millones y medios de desplazados por el paramilitarismo y el narcotráfico y los asesinatos diarios de líderes sociales; Enrique Peña Nieto, que preside sobre una inmensa pila de cadáveres, además de los 43 chicos de Ayotzinapa y los 8 periodistas asesinados en lo que va del año; Horacio Cartes y su abierta complicidad con los negocios del narco y nuestro Mauricio Macri, con Milagro Sala como presa política, el activista y defensor de los pueblos originarios Santiago Maldonado como “desaparecido” y la tentativa de nombrar dos jueces de la Corte Suprema por decreto. Si Maduro es un dictador, que por favor me diga como caracterizaría a estos personajes y el sistema que han montado para ejercer su poder. La ciencia política le estará muy agradecida.

Si lo de Oppenheimer es un exabrupto, lo de Zanatta ya se inscribe en otra dimensión: un disparate en donde Chávez termina siendo peor que Videla o Pinochet. Decir que por obra del “líder totalitario” Maduro (émulo “sudaca” de Hitler o Stalin, según este distinguido profesor) se ha “eliminado la política” en Venezuela, o que en ese país las elecciones “son rituales plebiscitarios llamados a ratificar la unidad del pueblo” habla de una ceguera que sólo un fanatismo desatado puede ocasionar. Porque, ¿cómo explica don Loris que la oposición haya obtenido la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional? ¿También Hitler y Stalin tuvieron parlamentos con una mayoría absoluta en contra? No recuerdo haber leído algo así. ¿La política eliminada de Venezuela? ¡Pero si ese país es probablemente el más politizado del mundo! Seguramente de América Latina, Estados Unidos, Canadá y de toda Europa. Tal vez en algún país de Asia o África haya alguno más politizado que Venezuela, pero tengo la sana costumbre de no hablar de lo que no sé. Me pregunto: ¿habrá alguna vez visitado Venezuela el profesor Zanatta, parándose a conversar con la gente común y corriente en una esquina de Caracas, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto? Y, el colmo del disparate, afirmar “que el chavismo, el castrismo y el peronismo clásico, al igual que sus antepasados, no son dictaduras simples, sino fenómenos totalitarios” constituye una aberración teórica e histórica que delatan los efectos tóxicos de algunas sustancias sobre el cerebro de las personas y que las desconecta por completo de la realidad, proyectándolas hacia las capas superiores de la estratósfera.

Mi maestro y director de tesis doctoral, Gino Germani, se estará revolviendo en su tumba al escuchar tan solemne disparate contra el cual luchó toda su vida. Nunca fue peronista pero combatió sin piedad a quienes veían en ese movimiento una re-encarnación de los totalitarismos europeos. Volver con esa cantinela a estas alturas de la historia es un error tan grosero que la Universidad de Bologna debería someter a su profesor a un jurado académico y apartarlo de su cargo por mala praxis, por el imperdonable pecado de confundir ciencia con propaganda. Pecado en el que también incurre con fruición su colega en La Nación, Andrés Oppenheimer.

Una versión abreviada de este artículo fue publicada en Página/12: http://www.pagina12.com.ar/55804-publicistas-del-imperio

La América latina invisible

La América latina invisible

Temer sigue siendo presidente de Brasil sin un voto en las urnas. Macri, el de los Panamá Papers, tiene a Milagro Salas en una cárcel argentina como presa política. Santos está involucrado en el escándalo de Odebrecht porque habría recibido un millón de dólares para su campaña presidencial en Colombia en 2014. En lo que va de gestión de Peña Nieto, han sido asesinados 36 periodistas en México, por realizar su labor informativa. El año pasado Kuczynski gobernó Perú con 112 decretos evitando así tener que transitar por el poder legislativo.

Sin embargo, nada de esto importa. El único país que llama la atención es Venezuela. Los trapos sucios que empañan las democracias de Brasil, Argentina, Colombia, México y Perú quedan absueltos por eso que llaman comunidad internacional. El eje conservador está exento de tener que dar explicaciones ante la falta de elecciones, la persecución política, los escándalos de corrupción, la falta de libertad de prensa o la violación de la separación de poderes. Pueden hacer lo que quieran porque nada será retransmitido a la luz pública. Todo queda absolutamente sepultado por los grandes medios y por muchos organismos internacionales autoproclamados como guardianes de lo ajeno. Y además sin necesidad de estar sometido a ninguna presión financiera internacional; más bien, todo lo contrario.

En estos países la democracia tiene demasiadas grietas para estar dando lecciones afuera. Una concepción de baja intensidad democrática les permite normalizar todas sus fallas sin necesidad de dar muchas explicaciones. Y en la mayoría de las ocasiones esto viene acompañado por el aval y propaganda de determinados indicadores enigmáticos que no sabemos ni cómo se obtienen. Uno de los mejores ejemplos es el calculado por la “prestigiosa” Unidad de Inteligencia de The Economist que obtiene su “índice de democracia” en base a respuestas correspondientes a las “evaluaciones de expertos” sin que el propio informe brinde detalles ni precisiones acerca de ellos. Así la democracia se circunscribe a una caja negra en la que gana quién tenga más poder mediático.

Pero aún hay más: este bloque conservador tampoco está para presumir de democracia en el ámbito económico. No puede haber democracia real en países que excluyen a tanta gente de la satisfacción de los derechos sociales básicos para gozar de una vida digna. Más de 8 millones de pobres en Colombia; más de 6,5 millones en Perú; más de 55 millones en México; más de 1,5 millones de nuevos pobres en la era Macri; y unos 3,5 millones de nuevos pobres en esta gestión Temer. Lo curioso del caso es que estos ajustes en contra de la ciudadanía tampoco les sirven para presentar modelos económicos eficaces. Todas estas economías están estancadas y sin atisbos de recuperación.

Esta América Latina invisibilizada no nos debe servir como excusa para no ocuparnos de los desafíos al interior de los procesos de cambio. No obstante, en esta época de gran pulso geopolítico, debemos hacer que lo invisible no sea sinónimo de lo inexistente. Esa otra América Latina fallida debe ser descubierta y problematizada.

No dejemos que nos impongan la agenda.

 

Alfredo Serrano Mancilla, director CELAG.

“El principal condicionante del nivel de salud de una población es su nivel socioeconómico”

“El principal condicionante del nivel de salud de una población es su nivel socioeconómico”

 

Página/12

 

El doctor Jaime Breilh cuestiona el modelo tradicional de salud pública. Teórico de la epidemiología crítica, impulsa una universidad que adopte los valores culturales de la sociedad a la que pertenece. Y rescata la resistencia cultural de los pueblos de América.

“No hay enfermedades de la pobreza. Hay enfermedades de la riqueza con desigualdad. Es necesario cambiar el punto de vista, porque si no aparecen los pobres como responsables de las enfermedades. Lo que el modelo de salud pública dominante llama ‘enfermedades de la pobreza’ debería llamarse ‘enfermedades generadas por un sistema social que necesita de la desigualdad’.”

El doctor Jaime Breilh es un teórico reconocido como uno de los mayores impulsores, desde la década de los 70, de una nueva visión de la epidemiología crítica –rama fundamental de la nueva salud pública– y promotor de la aplicación sistemática de la categoría “determinación social de la salud”. Sus obras circulan en tres idiomas y varias de ellas están reconocidas como clásicos de la literatura científica en salud de América Latina. Establece cuestionamientos esenciales al modelo de investigación convencional (positivista) ligado al funcionalismo y abre caminos innovadores para la metodología científica. Estudiosos de la salud pública y epistemólogos lo han catalogado como uno de los cuatro teóricos sobresalientes de América Latina en el campo de la Epidemiología junto a Asa Cristina Laurell, Naomar Almeida y Cecilia Donnangelo. La Organización Panamericana de la Salud ha incorporado su obra Epidemiología Crítica a su programa de textos.

–Usted habla de epidemiología crítica, de medicina social y de salud colectiva. ¿Podemos desarrollar un poco estos conceptos?

–Son nombres distintos para un proyecto que fue cambiando con el tiempo, pero que básicamente se opone al concepto de salud pública imperante. La medicina social está en el camino de Ramón Carrillo, de Salvador Allende… Como ministro de Salud, Allende publicó La realidad médico-social chilena, obra sobre la salud pública con énfasis en la medicina social, en la que se señalaba claramente que el principal condicionante del nivel de salud de una población es su nivel socioeconómico. La medicina social busca entender cómo las condiciones sociales y económicas impactan en la salud, así como su importancia en la medicina. Y también fomentar las condiciones en las cuales la comprensión pueda conducir a una sociedad más sana. Ahora hablamos de salud colectiva, entendiendo salud como el articulador de las características personales con los condicionamientos sociales.

–Ajá, por eso es importante hablar de enfermedades de la riqueza con desigualdad si hablamos de diarrea infantil, mal de Chagas…

–Es que la salud pública tradicional no mira el contexto social. Por ejemplo, las poblaciones infantiles en América latina están sometidas a productos químicos desde la vida intrauterina. Hay innumerables obras, estudios, trabajos científicos sobre este tema. Basta recordar a Andrés Carrasco…

–Con su lucha contra el glifosato y los problemas que eso le acarreó…

–Bien. Ahora veamos las diferencias entre los enfoques de la salud de los que hablábamos al comienzo. La salud pública tradicional descubre que hay muchísimos chicos anémicos en América latina, y los trata con suplementos de hierro. La salud colectiva, además de tratar la anemia, llama a suspender las fumigaciones, busca cortar la causa.

–De ahí su referencia a Carrasco…

–Pero el modelo imperante, el farmacobiológico, es muy poderoso. No estudia los problemas de salud como una totalidad sino que lo divide todo, y para cada porción tiene un medicamento.

–Es un negocio que cierra bien redondito… Las fumigaciones favorecen su renta y aumentan las ventas de medicamentos.

–Y así es como las matrices de poder determinan las potencialidades de defensa y los problemas. La agricultura se torna entonces una economía de la muerte por destrucción ecológica. Los recursos naturales se toman sólo como recursos para hacer negocios. Muchas de las actividades económicas actuales, como la minería extractivista, la agroindustria con transgénicos, están ligadas a grandes intereses. Y todo se reduce a una cuestión de ganancias, no hay un enfoque ecológico.

–Y volvemos a las verdaderas causas de las enfermedades…

–Sí. Hay que cambiar el objeto de la salud. Se debe trabajar sobre el proceso de enfermedad, cómo y por qué se enferman las personas. Voy a darle un ejemplo claro. Una cosa es estudiar el dengue y cómo combatirlo. Y otra muy distinta es entenderlo en relación con los sistemas de producción que hacen que prolifere el vector. Los determinantes sociales de la salud son las condiciones sociales y económicas que influyen en las diferencias individuales y colectivas en el estado de salud. Son los riesgos asociados a las condiciones de vida y de trabajo –por ejemplo, la distribución de ingresos, bienestar, poder–, más que factores individuales –como sería el estilo de vida individual o la herencia genética–, que aumentan la vulnerabilidad hacia las enfermedades.

–Entonces esa imagen bucólica del campo como un lugar sano, con la naturaleza en su esplendor…

–Ya no. Ya hablamos de la agricultura de la muerte. Se produce lo que llamamos hoguera tóxica, que es desencadenar los efectos deletéreos del calentamiento global en zonas cada vez más chicas. Con el uso de agrotóxicos, se destruye la naturaleza.

–¿Y qué justifica esa destrucción? ¿Sólo el afán de riqueza?

–Sí. La biodiversidad es un pésimo negocio.

–Es cierto… Impide la explotación a gran escala, el trabajo en serie… Exige métodos casi artesanales…

–¡Por supuesto! El monocultivo eleva la renta. Y está también el tema de la aplicación de la tecnología. La mala aplicación va destruyendo la vida, al destruir la biodiversidad.

–Pero sigue siendo económicamente rentable.

–Ya empieza a quedar en evidencia que no es así, por los enormes gastos que exige la salud pública. Esto demuestra que el actual modelo no sirve.

–Usted es rector de la Universidad Andina de Ecuador. ¿Cómo juega la universidad en este contexto? No se forma igual a los profesionales en esquemas tan distintos.

–Claro que no. Pero el tema del modelo universitario es mucho más amplio. Queremos cambiar el concepto de riqueza académica. No todos los modelos de universidad son igualmente válidos en todas las circunstancias. Queremos una universidad abierta a la comunidad, que sea un proveedor de pensamiento crítico, no un proveedor de datos.

–Hay que repensar, entonces, nuestras universidades.

–Sí. No todos tenemos que parecernos o imitar a Harvard. Pero tampoco vale la actitud cerril de rechazar o negar todo lo que venga de Harvard, que es una institución maravillosa y muy valiosa. Nosotros propugnamos una metacrítica del poder capitalista, con la articulación de los “buenos saberes”.

–¡Qué lindo eso de adaptar las universidades a nuestras comunidades! Es un alivio que haya catedráticos para los cuales nuestra cultura sea valiosa.

–Es que yo rescato algo muy importante en nuestra América, que es el concepto de resiliencia en lo social y en la vida cultural.

–Tiene razón… Más de quinientos años después de ese genocidio que la cultura dominante llama Descubrimiento, las culturas indígenas en América.

–Y sus aportes tienen que ser integrados a nuestro corpus académico.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/53910-no-hay-enfermedades-de-la-pobreza

Silvia Federici: “La desvalorización está en el núcleo de la violencia”

Silvia Federici: “La desvalorización está en el núcleo de la violencia”
La Tinta

 

La pensadora Silvia Federici estuvo de recorrida por el Conosur y dictó un seminario abierto y gratuito los días 25 y 26 de julio en la ciudad de Montevideo. Relató la historia de su obra fundamental Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, y compartió miradas y reflexiones sobre la lucha feminista en la actualidad.
“La rebeldía de las mujeres se sancionó como de ‘malas mujeres’, mientras que los trabajadores rebeldes son ‘revolucionarios’”. S.F

Mientras está sentada, esperando para comenzar a conversar, sea en el Seminario de dos días “Ni caza de brujas, ni brujas en las casas. Tiempos de luchas feministas” o en intercambios más informales, Silvia Federici se ve como una mujer tranquila y silenciosa en su delgadez y sobriedad. Es difícil imaginar que esa misma mujer, que está en la séptima década de su vida, va a dejar esa templanza para convertirse en una leona, que no pierde la alegría en cada concepto o historia que explica.

Invitada por el Colectivo Minervas, la investigadora y militante feminista venía de realizar, en Brasil, la presentación de una de sus obras más importantes: Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (2004), en portugués. La estadía en Montevideo sería de pocos días, pero intensos, en los que Silvia, acompañada por su compañero de vida George Caffentzis recorrería locales de colectivos militantes, espacios universitarios, charlas entre mujeres de diferentes organizaciones de Latinoamérica, y brindaría un seminario de dos días en el Centro Obrero Alpargatas, lugar donde se realizan diversas actividades sociales y culturales en barrio Aguada, de la capital uruguaya. Desde Paysandú, Colonia, Maldonado, y diferentes ciudades del vecino país; así como desde Córdoba, integrantes del Encuentro de Organizaciones, acudieron al convite.

Estuvimos compartiendo dos jornadas, junto a otras 400 personas -en su mayoría mujeres- que se acercaron para escuchar a la escritora italiana, radicada en Estados Unidos desde hace décadas. La propuesta de Federici consistió en conversar durante el martes 25 de julio, sobre la historia de su obra de 2004, y abordar el miércoles 26 diferentes miradas sobre la vigencia de las ideas de Calibán y la bruja, en la actualidad. Ambos días destinó una hora para exponer lo que había guionado cuidadosamente, luego se dispuso atenta para responder las consultas que venían del público.

La historia que no nos contaron

“La historia es escrita por los vencedores, y hay muchas historias que han sido destruidas”. S.F.

El libro Calibán y la bruja nació con un objetivo político: debatir sobre las raíces y causas de un tipo específico de opresión hacia las mujeres en el capitalismo. Así, la obra es un riguroso recorrido histórico sobre el paso del feudalismo al capitalismo, centrando su análisis en Europa señalando las espiraladas consecuencias que ocurrieron en diferentes puntos del globo. Su autora fue una de las fundadoras de la Campaña Internacional por un salario para el trabajo sin sueldo (1972), uno de los fundamentos nodales de dicha campaña se deja ver en el libro.

Silvia Federici está sentada sobre una mesa. Apenas la acompaña un vaso de agua, y en su mano derecha empuña el micrófono. Se embravece al explicar esta historia, que debe haber relatado centenares de veces. Se apasiona, y es contundente: “el capitalismo robó la tierra a los hombres, pero les dio una sirvienta en compensación”. Es en este momento histórico en el que comienza el proceso de dependencia económica de las mujeres y el mandato sobre sus cuerpos: “las mujeres no pueden vivir solteras, deben vivir bajo la autoridad de un hombre”.

En esta investigación la autora inaugura un nuevo concepto, otro nuevo inicio: el patriarcado del salario. Mientras en el período feudal el salario era vivido como liberación, porque a la vez que trabajaban para el Señor Feudal, mujeres y hombres tenían su parcela de tierra para proveerse; con el despojo de las tierras en el capitalismo, el salario comenzó a ser el único acceso al sustento, un modo de esclavitud solo para varones. Federici contó que se agarraron la cabeza junto a sus compañeras cuando lo descubrieron. ¿Cómo no nos dimos cuenta antes?, dijeron. ¿Cómo aún hoy cuesta darnos cuenta? decimos.

El trabajo productivo (masculino) produce autos, herramientas, alimentos, y es retribuido con salario. El trabajo reproductivo (femenino) es el que produce a esos trabajadores que necesita el capitalismo, los viste, alimenta, educa, mantiene saludables; es invisibilizado y no pagado. Serían estos algunos de los olvidos o miopías de los grandes Engels y Marx. Es en el nuevo sistema político económico que el Estado comienza a apropiarse del cuerpo de las mujeres, imponiendo a través de la división sexual del trabajo, la idea de que las mujeres son “seres inferiores, débiles, sin razón y entonces más vulnerables y más seducidas por el diablo, por lo que deben estar subordinadas. Otros deben pensar y decidir por ellas”.

También entonces las mujeres se organizaron y resistieron, en un momento de transformación social que implicó no sólo una nueva organización política, económica y social, sino que también trajo como consecuencia “el rompimiento de solidaridad entre mujeres y varones, debilitó la lucha de las clases dominadas, y perjudicó más profundamente a las mujeres”.

Nótese aquí un detalle importante, no son las luchas de mujeres las que dividen la solidaridad entre sexos y géneros, sino consecuencia del implacable y silencioso avance del capital sobre las clases dominadas. Con la complicidad de la iglesia, las clases dominantes buscaron “ubicar” a las mujeres en el nuevo rol asignado para ellas: la caza de brujas fue la herramienta para aleccionar.


Aisladas ya estamos derrotadas 

“El discurso de la igualdad es un discurso fraudulento, no estamos en igualdad de condiciones”. S.F

La criticidad y crudeza para pensar la realidad no convierten a Federici en una persona pesimista. Entre las charlas que tuvimos de manera informal compartió algunos de sus recorridos personales, individuales pero siempre junto a otras. Nos dijo que el feminismo le salvó la vida, que la potencia de crear, reflexionar y luchar con otras mujeres fue uno de los motores más importantes.

Silvia condensa la lucidez de los años vitales transitados de manera atenta y permeable, con la sensibilidad para conocer historias, para dejarse atravesar por las voces y recorridos ajenos, y la fortaleza teórico política para reflexionar y aprender en ese proceso. Cada pregunta, cada intercambio, o reflexión compartida fue recibida desde un lugar atento y respetuoso. La caza de brujas, de la que empezó a hablar en Calibán y la bruja, tuvo sus momentos de mayor calma, pero nunca desapareció, asegura. “Hoy estamos viviendo una nueva ola de acumulación originaria” en la que el capital necesita nuevamente nutrirse de fuerza y trabajo, requiere la expropiación de la tierra, la precarización del trabajo y el corte de servicios. 

Entonces, sostiene, hay una fuerte conexión entre el proceso extractivista de bienes comunes y la violencia en contra de las mujeres; ya que son ellas (nosotras) las que dan y conservan la vida, las que mantienen a la comunidad unida, las que son más fuertemente golpeadas por los avances del capital, y quienes sostienen las luchas por la vida y el territorio. “Estamos viviendo una nueva caza de brujas” asegura, y destaca que se han incrementado los feminicidios en número pero también en crueldadRecupera el concepto “pedagogía de la crueldad” de la antropóloga Rita Segato, que sostiene que hay un mensaje en torturar los cuerpos de las mujeres, y mostrarlos.

Hay una lección sobre lo que las mujeres debemos ser y hacer. Comparte el caso de Ciudad Juárez, donde los feminicidios y el trabajo en la maquila están fuertemente conectados, y aclara que el ingreso de las mujeres al trabajo asalariado puede habernos independizado de los varones, pero no nos dio autonomía frente al capital. También relata la nueva caza de brujas que está ocurriendo en África e India, de la cual poco sabemos en este rincón del mundo occidental.

Somos las nietas 

“Globalización es el proceso en el que todo cambia, pero se mantiene la estructura de dominación”. S.F.

Llamarnos brujas es, nuevamente, desmantelar los lazos de solidaridad e intentar mantener las distancias entre generaciones. Necesitamos conocer la historia de otras mujeres, qué han hecho, cómo se han organizado y cómo han resistido; así cree, esta pensadora, que es posible construir y sostener el tejido económico y cultural. Es necesario “no enfrentar la cotidianeidad aislada” sino pensar la reproducción de la vida en solidaridad y apoyo mutuo, para conocernos, compartirnos, escucharnos y para “emprender prácticas que revaloricen las prácticas de las mujeres, porque la desvalorización está en el núcleo de la violencia”.

Pasaron cuatro días, en los que la cabeza y el corazón se agotaron haciendo recorridos de mundos posibles. Doliendo a todas las que no están, pero sabiendo que en el encuentro podemos crear y volver a crearnos, desde las mujeres completas, valientes y poderosas que somos. Podemos gestar un Paro Internacional de Mujeres y ocupar todas las calles como el 8 de marzo pasados. Ruedan las lágrimas por nuestras mejillas, se alzan los puños de todas y todos los que asistieron al seminario de dos días, y vibramos en un canto común: “somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar”.

Sonreímos y sabemos que ninguna, ninguno, será el mismo después de estos días. Nos queda la inquietante sensación de injusticia y el necesario deseo de construir algo nuevo, pero sentimos que hay algo que ya tenemos, como dijo Silvia Federici en sus palabras de cierre: “aisladas, aislados no podemos tener nada. Aislados, ya estamos derrotados”. ¡Todas juntas! ¡Todas libres!.

https://latinta.com.ar/2017/08/silvia-federici-la-desvalorizacion-esta-nucleo-la-violencia/